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Friedrich Merz, el próximo canciller de Alemania con cuentas pendientes con Merkel

El candidato de la CDU ganador de las elecciones alemanas goza de retórica brillante, talento político y marcado perfil económico, aunque a veces le pierde la arrogancia e impulsividad

Friedrich Merz, este martes, en la última sesión del Bundestag antes de las elecciones.
Friedrich Merz, en el Bundestag.Ebrahim Noroozi.AP
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El mes de febrero tiene un significado especial para el conservador Friedrich Merz, próximo canciller de Alemania. Este domingo 23, cuando los sondeos a pie de urna han confirmado las proyecciones de todas las encuestas, se cumplen 25 años de una de las veladas más duras y dolorosas para la Unión Cristianodemócrata (CDU) y el momento en que el destino empezó a jugar con su suerte. En aquel momento, nada le hizo presagiar que acabaría convirtiéndose en el primer cadáver político de una tal Angela Merkel.

En esa fría noche de febrero de 2000, la ejecutiva del partido se reunió de urgencia. El antiguo canciller Helmut Kohl estaba tocado por un escándalo de financiación ilegal y el por entonces jefe de partido y del grupo parlamentario, Wolfgang Schäuble, había dimitido bajo la presión de muchas incongruencias en torno a una donación de 100.000 marcos del traficante de armas Karlheinz Schreiber. La CDU se quedó sin liderazgo.

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Entonces, en una sala de la representación del estado de Turingia en Berlín, Michael Glos tomó la palabra. El bávaro era en aquel momento el jefe del grupo regional del ala bávara de la CDU, la Unión Socialcristiana (CSU) y, aquella noche, el político de la Unión con mayor rango en la mesa. Según informan los participantes, durante un tiempo se sopesaron varias opciones y se discutió. Entonces llegó Glos y resumió la conversación en dos breves frases: "Tú, Angela, te haces cargo del partido"; y "tú, Friedrich, te haces cargo de la fracción". Lo quisieran o no, a partir de ese momento quedó claro que, por el momento, habría una doble dirección.

El tándem entre el abogado y ex juez y la doctora en Física duró dos años y siete meses. El 23 de septiembre de 2002, el día después de las elecciones al Bundestag, que volvió a ganar el socialdemócrata Gerhard Schroeder, Merkel, convertida ya en presidenta de la CDU, ejecutó el acuerdo secreto y traicionero que había alcanzado con el líder de la CSU, Edmund Stoiber. A cambio del apoyo que la CDU prestaría a su candidatura a la Cancillería, el bávaro le retiraría el suyo al brillante Merz en el grupo parlamentario conjunto. Merkel le quitó el puesto a Merz y se colocó ella, lo degradó y humilló tanto que éste abandonó la política. Merkel necesitaba visibilidad, entrenamiento y mucho espacio en su carrera a la Cancillería.

Motivo de preocupación en la CDU

Hasta dónde llegaron con el paso del tiempo los recelos y la antipatía que se profesan solo ellos saben. En la CDU sigue siendo un motivo de preocupación. Tanto, que el partido discutió antes de la publicación de las memorias de Merkel, el pasado otoño, qué efecto tendría en el candidato si la ex canciller no dejara ni una sola buena palabra sobre él. Por esa razón, el secretario general, Carsten Linnemann, propuso una reunión interna para distender la relación.

Linnemann ya tenía una idea. Propuso celebrar una recepción en la Casa de Adenauer con motivo del 70 cumpleaños de la antigua canciller, lo que podría ser el primer paso hacia un acercamiento, sin descartar futuras citas electorales. Merz estuvo de acuerdo. Linnemann presentó la idea a Merkel poco antes de Navidad y ésta la rechazó. Dijo que quizás se podría volver a hablar de ello en mayo. Cierto es que Merkel ha evitado las celebraciones en su honor y que rechazó la idea de ser nombrada miembro honorario de la CDU. También renunció a su puesto en la junta directiva de la Fundación Konrad Adenauer, cercana a la CDU, para el desconcierto de muchos compañeros de partido.

Recientemente, Merz despotricó en un círculo reducido sobre su predecesora, que no acudió al funeral de Schäuble en su ciudad natal. Un insulto, según Merz, para quien había sido durante tantos años ministro de Finanzas y para todos los compañeros del partido. Schäuble, que se retiró como presidente del Bundestag, era mentor de Merz, su padre político. No mejoró las cosas en la CDU el hecho de que Merkel rompiera hace unas semanas su silencio para criticar al partido y a Merz por presentar una moción para controlar la inmigración contando con los votos de la agrupación de ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD).

Merz no es un personaje popular y parte de culpa tiene su arrogancia intelectual y el éxito que ha tenido en el sector privado. De su pasado, han salido a relucir unas declaraciones en 2018 en las que, como presidente por entonces de varios consejos de vigilancia, incluido el de la sociedad de inversiones Black Rock en Alemania, afirmara que no se iba a casa con menos de un millón al mes. Que además pilote su propia avioneta es para el votante de anticapitalista y de izquierda, el colmo.

¿Venganza?

En otoño de 2018, una vez que Merkel anunció su salida, Merz anunció su retorno, causando un gran revuelo. El entorno de Merkel calificó su candidatura a la presidencia del partido de "insolencia" y de empresa "absurda" impulsada únicamente por la venganza. Merz consiguió su propósito al tercer intento, tras los breves mandatos Annegret Kramp-Karrembauer, conocida popularmente como AKK, y Armit Lachet, ambos de la cuerda de Merkel.

Por rabia, venganza o porque es lo que realmente piensa, Merz ha dejado claro que su visión de los años de Merkel es sombría. Opina que sus años de Gobierno fueron años perdidos, en política interior, digitalización, educación, infraestructura, defensa, control de la migración y sobre todo en economía.

Los críticos de Merkel en la CDU, que son muchos más de los que se piensa fuera de Alemania, celebran la figura de Merz, su marcado perfil económico, su talento político, su retórica brillante, su conservadurismo moderado y su liderazgo, aunque a veces reaccione demasiado impulsivo y se muestre demasiado seguro en todo. Merz, es cierto, no está del todo libre de aires de superioridad y no sólo por su estatura, que se acerca a los dos metros.

El futuro canciller alemán nació en 1955 en el seno de una familia hugonote de Westfalia y con una fuerte tradición en el campo de la judicatura. Es católico romano y el mayor de cuatro hermanos. En 1981 se casó con la también jurista Charlotte Gass, con quien tiene tres hijos que les han dado siete nietos.

Para cuando logre formar Gobierno, ha prometido más presencia e iniciativa en Bruselas, estrechar la relación con Francia y Polonia, restringir la inmigración, reducir los impuestos y recortar 50.000 millones de euros en gasto social para recuperar la cultura de trabajo y reactivar la tambaleante y aletargada economía. Su lema: "Una Alemania de la que podamos volver a estar orgullosos".