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El recrudecimiento de la guerra en Oriente Próximo complica la estrategia electoral de Kamala Harris

Los ataques cruzados de Israel y la milicia libanesa Hizbulá de este domingo es uno de los factores que pueden descarrilar la campaña demócrata para colocar a la vicepresidenta en la Casa Blanca

La vicepresidenta de EEUU y candidata demócrata, Kamala Harris, tras abandonar la Convención de la semana pasada.
La vicepresidenta de EEUU y candidata demócrata, Kamala Harris, tras abandonar la Convención de la semana pasada.KEVIN LAMARQUEAFP
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El bombardeo del Líbano por parte de más de 100 aviones de Israel y la reacción de Hizbulá de lanzar más de 300 misiles sobre el estado judío es solo uno de los factores que pueden descarrilar la campaña del Partido Demócrata para colocar a Kamala Harris en la Casa Blanca el 20 de enero de 2025.

El Gobierno de Biden quiere un alto el fuego. Eso quedó de manifiesto en la Convención Demócrata, donde incluso la propia candidata, Kamala Harris, dedicó una parte de su discurso de cierre del evento a defenderlo. Irán también quiere que gane Harris, porque entiende que los demócratas buscarán rebajar las tensiones regionales, mientras que Trump, que en su presidencia reconoció la anexión de los Altos de Golán sirios y trasladó la embajada de EEUU de Tel Aviv a Jerusalén, va a ser mucho más proisraelí y antiiraní.

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Así pues, no es casualidad que Irán haya hackeado los servidores de la campaña de Donald Trump este año, igual que Rusia lo hizo con los del Comité Nacional Demócrata en 2016. Moscú quiere que gane Trump por la deferencia que éste tiene hacia Vladimir Putin y la manifiesta antipatía hacia Ucrania de su candidato a vicepresidente, JD Vance.

La posición de Israel es más compleja. La semana pasada, durante la Convención Demócrata, tres medios de comunicación de la máxima credibilidad -la agencia de noticias Reuters, la web especializada en política Axios, y la cadena pública de televisión PBS- publicaron que Donald Trump había pedido al primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, que resistiera los esfuerzos del Gobierno de Joe Biden para lograr una tregua. Los tres acabaron reconociendo que la noticia era un error. Pero un recrudecimiento de los combates entre Israel, por un lado, y Hamas y Hizbulá por otro, favorece a los republicanos, porque causa divisiones entre los demócratas, que son el partido al que tradicionalmente votan los judíos, los jóvenes, los musulmanes y los árabes.

El recrudecimiento de lo que ya parece una guerra abierta entre Israel y Hizbulá llega justo cuando el Partido Demócrata está en estado de euforia tras el éxito de una Convención muy bien organizada en la que, no obstante, los responsables rechazaron todos los intentos de los grupos de izquierda de lograr que hubiera al menos un orador que defendiera los derechos de los palestinos, y en el que pequeños grupos de activistas que desplegaban carteles -en ocasiones del tamaño de un folio- con mensajes como Más de 40.000 palestinos, asesinados con bombas estadounidenses, eran discreta y rápidamente invitados a abandonar el United Center, en el que se celebraba el evento.

Un vehículo aéreo no tripulado de Hizbulá que cruza desde el Líbano es interceptado por un caza israelí sobre una zona cercana a la frontera entre el Líbano e Israel.
Un vehículo aéreo no tripulado de Hizbulá que cruza desde el Líbano es interceptado por un caza israelí sobre una zona cercana a la frontera entre el Líbano e Israel.ATEF SAFADIEFE

Mientras se aclara -si es que eso es posible- la situación en Oriente Próximo, están empezando a llegar indicios de que la Convención podría haber logrado lo que parecía imposible: aumentar aún más la popularidad de Harris. El primer sondeo posterior al evento, que llegó el sábado de la mano de la organización sin ánimo de lucro Instituto Angus Reid, ponía a Harris con un 52% de intención de voto, en contraste con el 47% de Trump. Ésa ya es una cifra respetable, que pone a la demócrata a más de los tres puntos de ventaja que necesita tener sobre Trump para ganar las elecciones debido a las peculiaridades del sistema electoral estadounidense.

La fórmula de Harris, copiada en buena medida de Trump, de dar el menor número posible de propuestas concretas parece haberle funcionado. Lo mismo que el uso de las palabras "libertad" y "patriotismo", que siempre son utilizadas por los conservadores. Finalmente, la campaña de Harris limita cuidadosamente las referencias al género de la candidata, para no caer en el error de Hillary Clinton en 2016, cuyo feminismo no solo espantó a los votantes masculinos sino, también, a muchos femeninos, hasta el punto de que entre las mujeres de raza blanca Trump ganó.

Entretanto, la campaña de Trump está intentando adaptarse a una situación que se ha complicado mucho en un mes. Pero eso no es fácil. Como explicaba a EL MUNDO el pasado martes Frank Luntz, uno de los expertos en campañas más influyentes del Partido Republicano, que ahora está semirretirado, "la campaña de Trump no es capaz de controlar a su candidato". Y eso que está intentándolo. Dado que al expresidente no le gusta leer y tiende a fiarse de lo que le dice quien le cae bien o de personalidades con 'gancho' popular, sus asesores "están intentando rodearle con materiales visuales [para que algo convenza a Trump, tiene que ser presentado de manera gráfica] y gente que logre que se ciña al mensaje".

Ahora bien, ¿cuál es ese mensaje? Para Luntz, "se reduce a que haga a la gente tres preguntas muy sencillas: ¿Está usted mejor ahora que hace cuatro años? ¿Está usted más seguro ahora que hace cuatro años? ¿Cree que los próximos cuatro años pueden ser mejor que los últimos cuatro? Con eso, mejoraría su situación muchísimo. Pero no lo hará".