ESPAÑA
Educación

La Selectividad examina a 300.000 alumnos con exámenes desiguales: cada falta de ortografía resta 0,10 en Cataluña y 0,25 en Madrid

El análisis de los 17 modelos de examen de Lengua Castellana revela discrepancias: en Canarias se logran 3 puntos sólo por la expresión escrita

Modelo de examen de Lengua Castellana y Literatura del País Vasco.
Modelo de examen de Lengua Castellana y Literatura del País Vasco.
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El modelo de examen de Lengua Castellana y Literatura de la Selectividad de este año en el País Vasco es más fácil que el de otras autonomías. El alumno tiene que leer un fragmento de La Casa de Bernarda Alba y simplemente responder si es cierto que el blanqueo del patio tiene un significado simbólico en la trama -¿quién contestaría que no?- o si Poncia aprecia, en el fondo, a su señora a pesar de cómo ella la trata.

Se trata de un formato de verdadero o falso presente hasta en dos ocasiones y que da muy poco margen al futuro universitario para desarrollar el temario de 2º de Bachillerato. Como mucho, tendrá que escribir dos párrafos sobre la obra de Lorca, añadir otro para resumir el artículo periodístico propuesto para el comentario de texto, sumar dos más para expresar su «opinión personal» y dedicar un tercero para la reflexión lingüística. En cinco de las nueve preguntas, el estudiante puede elegir entre dos alternativas para responder a las que mejor se sabe, una optatividad mayor a la permitida en la mayoría de CCAA. La imprecisión ortográfica, además, sale más barata que en otros territorios: en los exámenes de Lengua Castellana del País Vasco, Cataluña o Asturias cada falta se penaliza con 0,10 puntos hasta un máximo de 1 punto, mientras que en las demás cada error resta 0,25.

Más de 300.000 alumnos de toda España comienzan a partir de mañana la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU), que recupera su nombre de antes, unas siglas únicas tras una década llamándose Evau, Ebau, Abau, Pbau... Pero la uniformidad acaba ahí. Pese a la «homogeneización» prometida por el Gobierno (la ministra Pilar Alegría llegó a publicar en 2023 unos modelos de exámenes, unas guías de corrección y una pauta ortográfica de las que nada ha vuelto a saberse) y pese al compromiso del PP de hacer una prueba primero «única» y luego «común» en sus 12 CCAA, en esta edición aún persiste la desigualdad. Tampoco ha sido posible convocar el examen los mismos días en toda España (la mayoría lo hace el 3, 4 y 5, pero Canarias lo ha puesto el 4, 5, 6 y 7 y Cataluña, el 11, 12 y 13). Ante el fracaso político, las universidades se han organizado por su cuenta y hace unos días llegaron a un acuerdo para «armonizar» la prueba a partir de 2026, pero aún mantienen discrepancias en aspectos básicos y ni siquiera logran consensuar lo que es un examen «competencial».

EL MUNDO ha comparado los 17 modelos de examen de Lengua Castellana y Literatura -la única asignatura compartida por todos alumnos- y ha revisado los 17 criterios de corrección ortográfica de las principales materias. La conclusión es que, aunque se han reducido algunas divergencias, no hay una estructura común para cada examen, ni los mismos criterios de evaluación, ni siquiera iguales normas ortográficas. Las diferencias, incluso las pequeñas, son clave en un contexto cada vez más competitivo donde una rebaja de un punto en un examen puede bastar para que un alumno no entre en la carrera que quiere. Hay más jóvenes que nunca haciendo la PAU, pero las plazas públicas no han aumentado. Por eso es tan importante alcanzar una homogeneidad, porque, como la nota que un estudiante saca en su región le sirve para entrar en cualquier universidad de España, cualquier ventaja que obtenga en su prueba sería un agravio comparativo hacia los demás. Así son las diferencias:

1. La optatividad

Esta Selectividad es la primera que se realiza sin las facilidades que ha habido desde el Covid, donde el elevado grado de optatividad permitía que los alumnos pudieran sacar la máxima nota sin haber estudiado todo el temario. Eso a partir de este año está prohibido, porque el real decreto 534/2024 obliga a poner un examen que no implique «en ningún caso» la reducción del currículo. Pero el modelo de ejercicio de Historia de España de Murcia está concebido de tal forma que un alumno avispado puede sacar la máxima nota del bloque (4 puntos) estudiando sólo la Romanización, Al Andalus y la Edad Media y dejándose sin repasar los Reyes Católicos, los Austrias y los Borbones.

La optatividad se permite, pero ahora con más limitaciones que en los últimos cinco años. El decreto concede que «en algunos apartados» se pueda «incluir la posibilidad de elegir entre varias preguntas o tareas», pero el modelo de ejercicio de Lengua Castellana de Asturias deja que la elección sea posible en todos los bloques, mientras que los de Madrid, Castilla y León, Andalucía, Castilla-La Mancha, Cantabria, Aragón, La Rioja, Baleares y Canarias la autorizan en dos de tres; el de Cataluña en dos de cuatro; el de Galicia, en tres de cuatro, y los de Murcia, Extremadura y la Comunidad Valenciana, en uno de tres.

2. La estructura de los exámenes

No hay homogeneidad en la estructura de los exámenes, pues cada región establece números dispares de bloques y preguntas. En Lengua Castellana, la fórmula más empleada es la 4+3+3: comentario de texto (4 puntos), reflexión sobre la lengua (3 puntos) y literatura (3 puntos). Es la que siguen Castilla y León, Extremadura, Baleares y la Comunidad Valenciana. Pero hay más modelos: el 2+3+2+3 de Cataluña; el 3,5+2,5+4 de Murcia y Cantabria; el 5+2,5+2,5 de Madrid y Andalucía; el 3,5+2,5+2+2 de Galicia, el 2,5+3,5+4 de Castilla-La Mancha, el 5+2+3 de La Rioja, el 2,5+1,5+3+3 de Navarra, el 2+2+2+2+2 de Asturias....

La estructura más singular es la de Canarias, que dedica sólo 7 de los 10 puntos para evaluar lo que sabe el alumno (cinco preguntas que valen 1, 1, 1, 2 y 2 puntos) y reserva otros tres para la ortografía. Eso significa que, si el alumno canario presenta un examen sin faltas y bien redactado, automáticamente ganará tres puntos (en otras comunidades las faltas restan, pero no suman, porque los conocimientos puntúan hasta 10). Además, en Canarias se pueden conseguir los dos puntos del bloque de literatura preparando los textos de la escueta «Antología Literaria» que publica en su web el Gobierno de Canarias y que sólo incluye Crónica de una muerte anunciada, La casa de Bernarda Alba, el poema A un olmo seco y dos poesías de autores canarios.

3. Las lecturas obligatorias

La literatura -lo que más le cuesta a los alumnos junto a la sintaxis- tampoco se valora igual. Cataluña ha quitado este año la lista de lecturas obligatorias, mientras que en Cantabria es prescriptivo leerse Campos de Castilla, La casa de Bernarda Alba, Nada y Crónica de una muerte anunciada. Estas tres últimas obras también entran en Murcia, que sustituye los poemas de Antonio Machado por una selección de Miguel Hernández. En Galicia también hay cuatro lecturas obligadas (La Fundación, Crónica de una muerte anunciada, Romancero gitano y El lector de Julio Verne de Almudena Grandes). En la Comunidad Valenciana sólo hay que leer a Lorca, a Carmen Martín Gaite y a Antonio Buero Vallejo. Castilla y León recomienda ocho obras y Castilla-La Mancha, nueve autores.

4. Las preguntas tipo test

El decreto especifica que al menos el 70% de las preguntas deben ser abiertas y semiconstruidas, es decir, que obliguen al alumno a redactar y desarrollar las ideas. Ningún modelo de examen de Lengua incumple esta premisa, pero el formato tipo test está más presente en la prueba de Cataluña que en el resto de regiones. El ejercicio catalán incluye cuatro cuestiones en las que el alumno tiene la posibilidad de elegir entre cuatro respuestas posibles. Aunque responder mal resta, hay una pregunta muy fácil que consiste en rellenar huecos con una de dos palabras dadas. Por ejemplo, deben escoger entre abrigado y amparado, entre celebérrima y acérrima o entre objección [sic] u objeción. En Baleares también usan el test en una pregunta y hay que encontrar entre un total de cuatro opciones la combinación de sinónimos más acertada para los términos desterrar, frondosa, proclives y divergentes.

¿Qué sucede con este formato test? Su efecto se ve de forma muy clara al comparar los modelos de examen de Historia de España de la Comunidad de Madrid y Canarias, que tienen una estructura parecida en tres bloques: con preguntas (3 puntos en ambas CCAA), el análisis de una fuente histórica (3,5 en Canarias, de los cuales medio punto es sólo para la ortografía, y 3 en Madrid) y el análisis de texto o tema (3,5 en Canarias, de los cuales medio punto es para ortografía, y 4 en Madrid). Para obtener los 3 puntos del primer bloque, los alumnos madrileños deben responder a tres cuestiones de entre 10 y 15 líneas cada una sobre la Prehistoria o los visigodos (pueden elegir uno u otro tema), Al Andalus o los reinos cristianos, y la conquista de América o la Guerra de Sucesión. En cambio, en Canarias, estos tres puntos se consiguen señalando la definición correcta de seis conceptos de un total de ocho que se proponen. Se les da una palabra -por ejemplo, NO-DO- y simplemente tienen que marcar si es una etapa del franquismo (opción a), una empresa pública española (opción b) o un noticiario que se emitía en los cines con finalidad propagandística durante el régimen de Franco (opción c).

Modelos de exámenes de Madrid (preguntas de desarrollo: 3 puntos) y Canarias (preguntas tipo test: 3 puntos).
Modelos de exámenes de Madrid (preguntas de desarrollo: 3 puntos) y Canarias (preguntas tipo test: 3 puntos).

5. La ortografía

Ya no hay tanta disparidad con los criterios de corrección ortográfica como en años anteriores, donde se suspendía con 5 faltas en Extremadura y se sacaba notable con 30 errores en Baleares. Además, el Gobierno ha establecido por primera vez una pequeña norma común -«No podrá ser inferior a un 10% de la calificación de la correspondiente pregunta o tarea»- y, en los llamados Acuerdos de Bilbao de 2024, las universidades han concretado los mínimos por asignaturas: 20% de la nota total del examen en Lengua Castellana y Literatura y en Lengua Cooficial; 15% en Lengua Extranjera, y 10% en el resto de materias. Con estas bases, parecía que iba a ser fácil ponerse de acuerdo, pero no ha sido posible, al menos este año. En Lengua Castellana y Literatura, por ejemplo, la tendencia es rebajar 0,25 por falta ortográfica a partir de la segunda (la primera se perdona). Pero en Cataluña, el País Vasco y Asturias se reducen sólo 0,10 puntos por error (en Asturias es a partir del tercero). En Galicia se resta 0,1 por cada falta leve y 0,20 por cada falta grave.

En Canarias hay 3 puntos de 10 en cada ejercicio dedicados sólo para la ortografía. Si hay faltas, se resta 0,2 por cada una a partir de la tercera, lo que en la práctica permite incurrir en hasta 17 incorrecciones ortográficas. En Navarra se funciona parecido: en cada pregunta, el 80% corresponde al contenido y el 20% a la expresión escrita. Dentro de ese 20%, se logra hasta un punto por coherencia, cohesión y adecuación del texto y para el otro punto se ha establecido una insólita rúbrica que permite sumar 0,25 puntos incluso teniendo «errores muy importantes».

En el examen de Lengua Cooficial, los criterios tampoco son exactamente iguales. La penalización por cada falta es de 0,1 puntos en Cataluña, Galicia y la Comunidad Valenciana, mientras que supone 0,125 en Baleares. En Lengua Extranjera, en unas regiones se sustrae un máximo de un punto (Cataluña) y otras (Galicia, Asturias o La Rioja) siguen al pie de la letra los Acuerdos de Bilbao y cuentan hasta un punto y medio.

En el resto de asignaturas, la mayoría de CCAA ha penalizado las faltas con 0,10 puntos a partir de la tercera (las dos primeras se perdonan). Pero Madrid establece un criterio algo diferente: de una a tres faltas, se descuenta 0,25; de cuatro a seis faltas, se quita medio punto; de siete a nueve, se resta 0,75, y con 10 o más faltas, se descarta un punto, el tope que como máximo se puede deducir en total y en el que -en esto sí- coinciden las 17. También Castilla-La Mancha se aleja de lo común al establecer criterios distintos en función de las asignaturas: en Historia de España cada tres faltas de ortografía se restan 0,25, mientras que en Historia de la Filosofía, más de dos errores disminuyen 0,2 puntos.

Hay un caso único que es Asturias, donde las faltas de ortografía no se penalizan en absoluto. En Galicia, tampoco se descontará la ortografía en «textos no prolijos», como los de las asignaturas de Ciencias, donde los alumnos no tienen que redactar mucho. En el resto de materias, como Historia de España, los criterios no se publicarán hasta el día del examen.