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El municipio granadino de Trevélez protagonizó hace un mes un episodio que bien podría calificarse como un milagro: un pastor evitó que 150 personas murieran ahogadas en unas pozas después de que una fuerte tormenta provocara el desbordamiento del río Grande. Fue él quien se percató del peligro que podrían ocasionar la lluvias torrenciales si no desalojaban a tiempo al grupo de bañistas que disfrutaba de una tarde hasta ese momento soleada en las piscinas naturales. Avisó a las autoridades locales y fue esa llamada la que evitó que sucediera la tragedia en la localidad de La Alpujarra.
En España han perdido la vida 362 personas ahogadas en lo que va de año. Se trata de la segunda cifra más alta de la última década, sólo por detrás de las 377 que se registraron en 2017. Además, el 84% de estas muertes tuvieron lugar en espacios acuáticos en los que no había ningún tipo de vigilancia. Alberto García Sanz, director de la Escuela Española de Salvamento, opina que esto se podría haber evitado con más socorristas. «Por supuesto que hay imprudencias y que son difíciles de controlar pero, si hubiese más señalización alertando sobre el peligro de bañarse o de saltar al agua, muchos se evitarían», dice. Explica que uno de los problemas por los que no hay más vigilancia es por la falta de una legislación nacional en materia de seguridad acuática.
«Para empezar, tenemos una normativa y reglamento de socorristas por cada comunidad autónoma, es decir, tenemos 17 normativas diferentes. Hay zonas de España donde te dan el título de socorrismo con un curso de pocas horas y otras donde tienes que estar hasta 300, esto debe regularizarse a nivel estatal», denuncia. Y pide que todos los profesionales se instruyan con la misma formación.
Además, expone que España es un destino turístico de sol y playa cada vez más frecuentado: «Cada vez viene más gente, pero los recursos siguen siendo los mismos desde hace tiempo». Y pone un ejemplo: «Los ayuntamientos de costa, que muchas veces son municipios pequeños, en verano duplican su número de habitantes y de turistas, pero no todos tienen recursos suficientes para duplicar las torres de vigilancia que instalan, ni para poner a más socorristas en cada una de ellas».
Actualmente, cada comunidad autónoma tiene su propia normativa, lo que significa que los requisitos y la formación para ser socorrista varían en función de la región. Además, el tipo de instrucción que recibe un socorrista de piscina no es el mismo que el de playa y otros espacios acuáticos. La ley distingue entre socorrismo en instalaciones acuáticas y en espacios naturales.
De acuerdo a los últimos datos de la Federación Española, hay 11.701 socorristas en España y 638 playas con bandera azul, es decir, que cumplen con una serie de criterios, entre ellos el de seguridad. En 2024, la mayoría de los decesos por ahogamiento se dio en playas (179), aunque en los últimos años han crecido mucho los que han tenido lugar en ríos -en lo que llevamos de año se han registrado 72-, como podría haber ocurrido en las pozas de Trevélez. Un total de 44 personas murieron en piscinas, 15 en embalses, nueve en pantanos, ocho en puertos y siete en parques acuáticos. El tramo horario donde más personas se han ahogado este año -el 55%- ha sido entre las 10.00 y las 18.00 horas.
García matiza que muchos accidentes ocurren en zonas donde el baño está prohibido o en donde el peligro es inminente. Los datos que recoge la propia federación distinguen entre ahogamientos en zonas acuáticas con vigilancia y sin vigilancia cuando sucedió el fallecimiento. En lo que va de año, el 84% de los fallecimientos ocurrieron sin socorrista presente.
La imprudencia también mata y muchas veces la causa de la muerte no recae en que hubiera o no socorrista. «Hay zonas donde mueren personas ahogadas porque se tiran desde acantilados peligrosos o donde hay mucha vegetación. Son zonas donde no procede que haya un socorrista porque no es una zona habilitada y segura para el baño». Es por ello que a partir de 2022 la Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo empezó a contabilizar en sus informes las zonas en las que no procedía que hubiera un socorrista.
Por lo general, son las comunidades autónomas del litoral las que reportaron más decesos por esta causa este 2024, y fue especialmente difícil el mes de agosto. En lo que llevamos de año, el 44% de los ahogamientos registrados tuvieron lugar en Andalucía (57), Comunidad Valenciana (52) y Galicia (51).
DIFERENCIA SE SEXO
El informe elabora el perfil de quienes han perdido la vida ahogados en lo que va de año: hombre (en el 85% de los casos), español y mayor de 55 años. «Por mucho que digan, no somos iguales, no pensamos igual y es sorprendente la diferencia entre hombre y mujeres ahogados a lo largo de estos años», asegura Alberto García. «Yo creo que es porque los hombres solemos ser más impulsivos y aventureros, nos tiramos al agua sin pensarlo mucho. Yo he pasado muchos años como socorrista y un detalle muy curioso pero que para mí dice mucho es que los hombres se tiran al agua directamente, sin pensárselo, y las mujeres suelen ir antes a la ducha, mojarse y meterse despacio. Esto se podría ver reflejado en esa diferenciación por sexo tan grande», manifiesta este experto.
Para terminar, García insiste: «Hay datos negativos todos los años, no se mejora y las administraciones siguen sin poner medidas. Estamos hablando de fallecidos, de personas que pierden la vida, muchas de estas muertes podrían evitarse». Y remarca tres puntos claves como solución a esta problemática: una normativa nacional, más señalización y más precaución.
DATOS
318.-LA TENDENCIA NO MEJORA. En los años analizados, el promedio de ahogados sin socorrista presente (318) se mantiene sin apenas mejora.
84%.- FALLECIDOS SON HOMBRES. Es el porcentaje más elevado en la última década. 2023 fue el año que más varones ahogados hubo a cierre del ejercicio (339). En lo que llevamos de año, ya han muerto 305 hombres en zonas acuáticas.




