TOROS
Corrida del Motín

Morante de la Puebla y el sueño de Pedro Romero en el triunfo de Ortega y Aguado en Aranjuez

En la salida a hombros, el empate; pero en el toreo fundamental ahora mismo fluye más Pablo que Juan; el maestro se fue andando con una oreja y una faena que marcaba la diferencia en una tarde plagada de buen toreo

Morante de la Puebla y el sueño de Pedro Romero en el triunfo de Ortega y Aguado en Aranjuez
Emilio MéndezCircuitos Taurinos
Actualizado

La Real Plaza de Aranjuez había sido escenario de una exaltación del toreo clásico allá por San Fernando, cuando Morante de la Puebla sembró una de sus múltiples lecciones de este año fértil de antología y Juan Ortega alcanzaba una de sus cotas cortando un rabo. La reedición no fue total pero sí exitosa, plagada de buen toreo, el más hondo a cargo del maestro. Pablo Aguado se sumó con su notable campaña regada de tardes gloriosas en plazas importantes. Y salía tres horas después, tres, a hombros con Ortega. Ahora mismo entre Juan y Pablo, Pablo. Y entre los dos, Morante. Que se marchó por su pie marcando la diferencia.

De Ronda subía Morante de ser homenajeado. Y parecía el maestro el mismísimo Pedro Romero con un atuendo exacto de la época de Goya, un retrato suyo, con su redecilla de madroños en el pelo, y sus mangas y hombreras hechas de rica pasamanería, y las chorreras almidonadas de su blanca camisa, y su chaleco dieciochesco cuajado de oro. La autoridad torera con la que trenzó el paseíllo al lado de los discretos Ortega -la taleguilla de marfil no tanto- y Aguado se hacía napoleónica. Cuando soltó la mano izquierda, ya era Dios.

Esto sucedió en los albores de la larga tarde, exactamente en el ecuador de la primera faena, con un toro de mucha clase y preciso empuje, encabezando la armonía de la justita, por momentos frágil y escasa, corrida de Juan Manuel Criado. Que dio tres toros de calidad. A la torería del prólogo le siguieron dos tandas de ritmo creciente sobre la derecha, la mano del toro; a partir de cada tercer muletazo era el toreo puesto en pie, ligado con un embroque inalcanzable. Y así, cuando se presentó su izquierda, ahí abajo se paró el mundo. Exactamente hubo tres naturales como epicentro de un terremoto, una sacudida emocional, incontenida. Qué barbaridad. Y teniendo por ese pitón la embestida algo de informal. Un desarme interrumpió la siguiente tanda, pisada la muleta. La inteligencia de MdlP asumió el papel de concederle la media distancia, para darle un paso más al buen tranco, y sobre la derecha armó redondos completos que se enroscaban en su cintura. Como Pedro Romero soñaba torear. La plaza fue un ole circular, esférico como él. Un pase de pecho rodilla en tierra puso fin a la obra medida. Un pinchazo hondo, un descabello, una oreja.

Emilio MéndezCT

Juan Ortega salió a continuación con un arrebato febril, arrebolado de verónicas, para cuajar un saludo trepidante, hermoso, más enfibrado que templado, pero mola ver a Ortega ambicioso. La media surgió apretada, girada. Contrastó con el saludo tremendamente templado de Pablo Aguado, dormido o durmiendo el lance, más acompasado, hasta desembocar en un mar de cadencia. El toro de JO, sardo y bonito, empezó a anunciar su escaso fondo ya en el quite por gaoneras. Y acabó parándose muy antes de hora con su buen estilo en el fino estilo del torero. Que a pulso dibujó pasajes inconclusos no sin insistencia, hasta cortocircuitarse todo en un par de desarmes.

El torillo de Aguado apenas se sostenía y vio el pañuelo verde. Fue mucho más aparente y apretado el sobrero de Cuvillo, estrecho de sienes y encalados los bastitos pitones de los corrales. Esa cal levantó protestas sospechosas. Resultó noble y relativamente humillador en su caminar al paso, y a ese son le cogió el sevillano el aire a su altura con la naturalidad que le adorna. Resultó la izquierda la mano, de tal modo que lo natural fue doble. PA ha ganado este año ese andar a los toros, en las salidas y entradas de la cara. Lo mató de una estocada baja y se cobró un trofeo.

Emilio MéndezCircuitos Taurinos

Pasadas las 20.15 devolvió la presidencia al abrochado y altón cuarto. Volvió esa otra España entre cómica y dantesca con una parada de bueyes insuficiente, un cabestrero negado y un toro resistente. Hubo que apuntillarlo finalmente entre los gestos simpáticos de felicitación al puntillero José María Amores. Morante, que había colaborado activamente tras los mansos, sonreía. Ya se encendieron las luces artificiales. Como segundo sobrero saltó un toro de Ribeiro Telles, no es broma. Alto como un caballo para más inri. Manso y desabrido, a pechugazos embestía (sic). ¿Alguna sorpresa? José Antonio Morante interpretó ahora lidia dieciochoesca ahora. Otro recuerdo a Pedro Romero: salió con la espada de verdad y le quitó las moscas, abreviando entre ovaciones.

Juan Ortega repitió el arranque de faena del otro día en Melilla, por molinetes y pases de las flores. Un derechazo y una trinchera dejaron la huella. Traía este quinto una frágil calidad, un fondo que según se administrase podía durar más o menos. Ortega apostó por torearlo hasta que durase. Y así en dos cuajadas y ligadas tandas, sin darle sitio, había gastado casi por completo el toro. Lo demás fue alargar más superficialmente la bonita faena, interrumpida de nuevo por un desarme. Un estoconazo a ley remontó todo y lo catapultó hasta las dos orejas.

Emilio MéndezCircuitos Taurinos

El principio de faena al último de Pablo Aguado fue clamoroso. Y la faena una lección de "alta escuela", como suele tildar Barquero sus grandes obras. Fluyó el toreo en su derecha como la armonía entre torerísimos detalles. La frescura, la coda a dos manos y, sobre todo, un volapié con el que tumbó al buen toro y empataba a Ortega para salir a hombros con él. En eso el empate, en el toreo fundamental ahora mismo fluye y llena más Pablo que Juan. Morante se fue andando para marcar la diferencia.

JUAN MANUEL CRIADO / Morante, Ortega y Aguado

Real plaza de Aranjuez. Sábado, 6 de septiembre de 2025. Corrida del Motín. Goyesca. Tres cuartos largos de entrada. Toros de Juan Manuel Criado, desiguales de presentación, escaso poder y contado fondo; de clase 1º, 5º y 6º, bueno también el 5º; un noble sobrero de Núñez del Cuvillo (3º bis) y otro de Ribeiro Telles (4º bis), manso infumable.

MORANTE: Pinchazo hondo tendido y descabello (oreja); media estocada y descabello (silencio).

JUAN ORTEGA: Pinchazo y estocada (saludos); estocada (dos orejas).

PABLO AGUADO: Estocada baja (oreja); gran estocada (dos orejas). Salió a hombros con Ortega.