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El martes estuve en el peor concierto de mi vida. Bueno, quizás no el peor, porque aún tengo pesadillas con aquella vez que vi a Los fresones rebeldes (hay una edad en la que creemos que el sexo lo compensa todo, pero los polvos se olvidan y los traumas no), pero sí el más triste. En los 90 todos soñamos con ser Evan Dando, pero no existe una persona en el planeta que quisiera parecerse al señor con barriga, pegado a un vaso e incapaz de recordar sus propias canciones que perpetró la actuación de The Lemonheads. Fue infame.
En realidad, nos lo merecemos. Por ir, por pensar que puedes poner en pausa la vida cuando te da la gana. Rebobinar y fingir que seguimos teniendo 20 años. Evan Dando está puesto en este mundo para recordarnos que no, que somos cuarentones y cincuentones y la cosa no irá a mejor, que si no lo asumes sólo harás el ridículo. No es una vieja estrella quemada y arrastrada (bueno, no sólo), es un emisario de la naturaleza para que asumamos nuestra edad. No es sencillo, pero peor es ser patético
La leyenda de Dando es conocida. Era tan guapo, tan cool, tan perfecto que Courtney Love lo utilizó para dar celos a Kurt Cobain. Nunca ha quedado claro cuánta verdad carnal tenía la historia, pero da idea del nivel de carisma de quien podía hacer dudar a un semidios. Sin embargo, no todo era belleza, aura, supermodelos y dos discos perfectos (It's a Shame About Ray y Come On Feel), también era alcohol y heroína. La historia es más vieja que el rock, pero vivimos una época en la que la ciencia y la nostalgia nos permiten ver a impecables señores de casi 80 tacos sobre un escenario. No hablo de auténticos atletas como Mick Jagger o Bruce Springsteen, sino de célebres (ex) politoxicómanos como Keith Richards o Neil Young. Ellos no representan a nadie, la realidad es Dando.

Echemos a esa gente de nuestros conciertos
Desde críos se nos prepara para el paso a la edad adulta, la vejez e, incluso, la muerte, pero nadie nos alerta del trauma que supone convertirse en personas de mediana edad. La negación es la respuesta más humana a dejar de ser hermosos. Yo fui guapo, lo afirmo y lo defiendo, pero cada vez me cuesta más ver a ese señor que me devuelve la mirada en el espejo. ¿Por qué el tipo lleva un moño? ¿No sabe la edad que tiene?
Seguramente lo sepa, pero prefiere olvidarlo viendo a bandas que fueron mucho más de lo que son, rodeado de otros que también acuden allí buscando una vía de escape a una realidad de trabajo, niños y pádel en un ficticio viaje al pasado. Sabe que ya nada (bueno) va a ser la primera vez y que la sensación de que tu vida aún está por escribirse sólo puede fingirse. Fingirse en conciertos como el de The Lemonheads. Hasta que sale Evan Dando hecho una pena y te manda a casa. En taxi, por supuesto.


