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Con 19 años, María Hervás se encontró con su primer trabajo remunerado en la exitosísima Los Serrano. Con la misma edad, la cabeza de David Uclés empezó a idear La península de las casas vacías, el gran fenómeno editorial del pasado año que, casi dos décadas después de ese pensamiento, ya supera las 300.000 copias vendidas. Un año más, 20, tenía Diego Ibáñez cuando Carolina Durante empezó a cantar aquello de «todos mis amigos se llaman Cayetano». Y la conversión de este tema en himno generacional no hace falta ni explicarla. Ahora la vida es muy distinta para aquellos tres veinteañeros, convertidos en estrellas en sus respectivas disciplinas.
Los tres compartieron la mesa de debate cultural en el foro para jóvenes de EL MUNDO, Future Makers, en la que precisamente se discutió sobre el concepto de éxito, sobre la presión de las redes sociales y la relación más directa con los seguidores, sobre la creación artística en tiempos de IA y velocidad, sobre la exigencia que se les ha impuesto a los artistas para posicionarse políticamente y tener unos valores férreos que se ajusten a las pretensiones de sus fans. En definitiva, sobre el mundo.
«A mí me hac e siempre mucha gracia cuando la gente te dice que por qué no te produces tú tus pelis como Reese Witherspoon. Si conocieran la precariedad que hay en la industria española, entenderían que es imposible para una actriz. Pero en el teatro sí y ahí es donde tengo destinadas las cosas que me conmueven», explicó María Hervás, que aludió a la búsqueda de «la libertad propia» como motor creativo de todo su arte. «Mi gran tema, lo que me genera más movimiento y más problemas es la búsqueda de la libertad propia, tratar de entender que las cosas que hago las hago porque quiero y no porque me vienen impuestas. Creo que hay gente a la que le viene más intrínseco lo de las redes sociales y les funciona guay porque se palpa que van con ellos. Pero a mí no porque siento que me están controlando todo el rato, que tengo una necesidad de gustar. Y yo pienso: ¿quién está controlado aquí? ¿Yo o lo externo?».
Una línea similar, en el debate sobre las redes sociales, fue la que sostuvo Diego Ibáñez. «Creo que la gente cada vez agradece menos saber del artista en cuestión. Porque la mística tiene algo que es impagable. Y yo estoy a favor de la mística, del endiosamiento porque creo que cubren todo de algo mágico. Cuando eres adulto que no hay Reyes Magos, ayuda no saber lo que ha desayunado hoy tu artista favorito», defendió el cantante de Carolina Durante, que encontró el contrapunto en la mirada de David Uclés. «En la medida de lo posible yo quiero estar presente [en las redes]. A lo mejor yo para contestar los mensajes de 'me ha encantado tu libro' les pongo 'un abrazo' o algo mecánico. Pero para esa persona supone un aliento fuerte porque necesita tener ese feedback. Es parte de la democratización de los vínculos. Yo no conozco casi ningún escritor que no esté. Bueno sí, a Sara Barquinero y la verdad que está contenta».
En los últimos años, especialmente a partir de la proliferación de las guerras y los movimientos autoritarios en Occidente, los artistas han sido un foco de expectativas para los fans con sus posturas políticas. Se les ha empezado a exigir mayor identificación y pronunciamiento sobre estas cuestiones. Los tres invitados en la mesa de debate abordaron también esta cuestión. «Yo siempre me he sentido libre de decir lo que quisiese, pero lo que pasa es que somos un grupo y si yo respondo en una entrevista algo se asocia a todo el grupo. La clave de todo, para mí, es que hay que ser honesto. Si no quieres opinar sobre tal cosa, no opines. Y sobre todo si no tienes ni puta idea del asunto, no opines aunque te estén presionando o te hagan una pregunta en una entrevista. No estás obligado a responder, está bien decir que no sabes de algo», defendió el cantante de Carolina Durante.
David Uclés, que lleva unas semanas inmerso en una polémica por negarse a acudir a unas jornadas sobre la Guerra Civil de Arturo Pérez-Reverte, aseguró que «uno tiene que ser uno mismo» y que, en su etapa adolescente, cuando aún no se había «politizado» estuvo a punto de apuntarse a Falange española con sus compañeros de instituto. «Otra cosa que hay en este país es que si dices A, para una buena parte del país malo. Si dices B, para otra parte peor. Y si no dices nada, malo también. Lo que yo he aprendido es que haga lo que haga me van a criticar así que intenta hacer aquello que cuando llegue a mi casa, me quite el traje de escritor y sea yo mismo tenga la conciencia tranquila. Si por tener la conciencia se me van a cerrar puertas a mí o a los que me rodean, pues lo siento. No puedo dejar de ser yo y si eso me cuesta el trabajo pues volveré a recoger aceitunas como he hecho 18 años de mi vida, que a mí no se me caen los anillos», aseguró el reciente ganador del Premio Nadal.
Desde el público también se preguntó al escritor por la contradicción de no acudir a esas jornadas por la presencia de Jose María Aznar con quien ahora comparte grupo editorial, Planeta. «Yo no veo la contradición. Aznar compra en el Mercadona y yo también. ¿Tengo que dejar de respirar su mismo aire? No. Es que él va a unas jornadas de la Guerra Civil y de memoria histórica y no quiero estar con él en el cartel. Es muy sencillo de entender, creo que tengo la libertad de elegir dónde estar», respondió.
María Hervás ahondó también en esa idea de pronunciarse políticamente. «Siempre he opinado y sigo haciéndolo porque eso me favorece irme más tranquila a dormir, me caigo mejor cuando me implico en lo que me mueve. Es normal que a nosotros a veces nos genere un conflicto. Cuando no te posicionas te quedas en el lugar de lo tibio o lo templado que es el lugar más asqueroso que te puedas quedar nunca», remarcó la actriz, que fue preguntada también por la sexualización de las mujeres. «Hay una fina línea entre sexualizarnos y aceptar que somos animales sexuales y disfrutar de ello. Se critican mucho eso de las lolitas, pero si es que tienen las químicas disparadas, coño, están todos cachondos como monos. Es normal que ellas quieran ponerse las tetas parriba, el culo para acá y el tanga para allá. Y los otros marcar lo que sea porque son animales buscando vincularse. Y eso está bien siempre que lo decidas tú y no sea un requerimiento de fuera», concluyó.



