CRÓNICA
Suceso por esclarecer

Un cirujano acusado de matar a Françoise en el Prepirineo aragonés: el caso se reabre 16 años después de su "desaparición inquietante"

La enfermera belga Françoise Dasnois desapareció en 2009 cuando supuestamente caminaba en compañía de sus dos hijos y su pareja, un antiguo cirujano francés llamado Hugues Legendre. Al no encontrar indicios de delito, Bélgica la dio por muerta sin cadáver. Ahora, la Fiscalía de Namur ha reactivado la investigación y ha imputado por homicidio al médico

La enfermera belga Françoise Dasnois, desaparecida en 2009.
La enfermera belga Françoise Dasnois, desaparecida en 2009.Crónica
Actualizado

Hay dos enigmas aquí y uno de ellos lo custodia la Fiscalía belga de Namur, que es la capital de la región francófona de Valonia y sede de su Parlamento y su Gobierno. ¿Qué empujó a ese Ministerio Público el pasado 21 de noviembre a imputar por homicidio al ex cirujano digestivo Hugues Legendre casi 17 años después de la desaparición de su pareja en el Prepirineo aragonés?

¿Qué nuevas pruebas han aparecido o qué contradicciones ha encontrado en su relato para cambiar el paso y sostener ahora que la enfermera Françoise Dasnois no desapareció de forma accidental cuando veraneaba con su pareja —un médico francés— y sus dos hijos adolescentes en la Sierra de Guara?

De acuerdo al relato original que se había mantenido hasta la fecha, Françoise y Hugues Legendre salieron la mañana del 12 de julio de 2009 de Colungo (Huesca) para realizar una excursión hacia el Portal de la Cunarda, un gigantesco arco de piedra natural formado en la confluencia de dos gargantas. Les acompañaban sus dos hijos, a la sazón de 12 y 14 años.

Colungo es uno de esos pequeños pueblos del Somontano de Barbastro colgados en las laderas de la Sierra de Guara, un macizo montañoso del Prepirineo aragonés convertido desde hace décadas en uno de los santuarios europeos del senderismo y los deportes de aventura. La familia pasaba unas vacaciones en un apartamento de alquiler.

Era un día caluroso de verano —el termómetro superaba los 30 grados—, el cielo estaba despejado y, a mitad de recorrido, Françoise se sintió cansada. Según el relato de su hermana Rachel, recogido en un reportaje de RTL Info publicado en febrero de 2021, la enfermera iba rezagada respecto al resto del grupo y «decidió esperarles sin saber cuánto tiempo tardarían».

Los propios medios belgas, sin embargo, han introducido versiones contradictorias: mientras las primeras crónicas hablaban de que, fatigada, decidió volver sola al apartamento de alquiler, los textos posteriores corrigen el tiro y describen a una madre que simplemente se detiene en una zona escarpada y opta por aguardar sola el retorno de su familia.

Lo único que permanece invariable en todas las versiones es el desenlace de aquella escena: cuando Hugues Legendre y los dos menores desandan la ruta, Françoise ya no está ni en el punto de reencuentro en el camino, ni en su alojamiento.

En el cartel de búsqueda difundido entonces por la Guardia Civil y la familia se precisa que, en el momento de desaparecer, Françoise —turista belga de 48 años, oriunda de Fosses-la-Ville, 1,65 metros de estatura y complexión media— vestía zapatillas azules, pantalón corto color caqui, camiseta sin mangas rosa, gorra y gafas de sol, y que se perdió entre las tres y media y las seis y media de la tarde.

Durante días, la Guardia Civil de Montaña desplegó uno de los operativos más exhaustivos que se recuerdan en la zona: varias patrullas especializadas rastrearon la pista de la Cunarda y los barrancos adyacentes, apoyadas por un perro pisteador y dos helicópteros que peinaron desde el aire los cortados y vaguadas donde podría haberse precipitado.

BÚSQUEDA SIN ÉXITO

A ese dispositivo se sumaron agentes del Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara, voluntarios de Colungo y del Somontano y el propio Hugues Legendre, que acompañó a los guardias para señalar el tramo del sendero en el que, de acuerdo a su versión, había visto por última vez a Françoise, en la subida hacia el Portal de la Cunarda por encima del barranco del Fornocal. Los equipos no encontraron ni el cuerpo de la enfermera ni una prenda o un rastro que permitiera reconstruir sus últimos pasos.

Tras el operativo, el expediente se abre en Namur como «desaparición inquietante»: la Policía Judicial Federal de Bélgica trabaja bajo la dirección de un juez de instrucción, se cursan comisiones rogatorias a las autoridades españolas y se indagan, según el propio Ministerio Público, todas las hipótesis posibles —accidente, suicidio, desaparición voluntaria, delito— sin que ninguna pueda acreditarse. Los investigadores belgas concluyen que no hay indicios objetivos de criminalidad: ni restos, ni señales de caída, ni huellas que permitan sostener ante un tribunal que la excursión terminó en homicidio y no en un extravío.

En el plano civil, Namur activa la maquinaria de las desapariciones de larga duración: en mayo de 2020, el Tribunal de Primera Instancia dicta una declaración de ausencia, figura que, a efectos administrativos, equivale a reconocer a Françoise Dasnois como fallecida para poder desbloquear sucesiones y otros trámites. Meses después, el 25 de enero de 2021, la cámara del consejo aparta al juez de instrucción y el caso regresa a la Fiscalía como un dossier abierto solo en teoría, sin ningún movimiento significativo.

En paralelo, las dos principales voces familiares que se han alzado en el suceso se mantienen en sus trece. Rachel Dasnois, hermana de la desaparecida y parte civil en el procedimiento belga, declara que ha consultado el sumario varias veces —tuvo acceso a él precisamente porque se personó como parte civil—, dice no entender cómo es posible que nadie la encontrara si hubiera sufrido un simple malestar y reclama que la Policía Judicial vuelva a España para reanudar las pesquisas.

Es interesante hacer notar que ninguna de esas dudas insidiosas se sostiene sobre algo distinto a la extrañeza: en los documentos y en las declaraciones públicas que han transcendido no hay menciones de malos tratos, denuncias previas ni referencias a una relación de pareja especialmente tormentosa entre la enfermera belga y el cirujano francés.

Hugues Legendre, por su parte, ha conservado durante años el estatus de viudo de una senderista perdida en Guara y, en la documentación previa a 2025, no figura como sospechoso formal: la justicia belga no le imputa ningún delito, y su versión inicial —una caminata familiar, la decisión de detenerse y el hallazgo del apartamento intacto— queda recogida en los atestados sin que la Fiscalía se atreva a modificar esa etiqueta de «desaparición inquietante».

Aviso distribuido por la Guardia Civil y por la familia de Françoise para informar sobre su desaparición.
Aviso distribuido por la Guardia Civil y por la familia de Françoise para informar sobre su desaparición.Crónica

Hasta 2022, el caso seguía técnicamente abierto pero anestesiado. El giro comienza ese año, cuando, por iniciativa de la Policía Judicial Federal de Namur, se relanza la investigación aprovechando una modificación legislativa sobre el uso del ADN que permite comparar los perfiles genéticos de los hijos y de la hermana de la desaparecida con la base de datos nacional.

Según el propio comunicado del Ministerio Público, ese movimiento científico-técnico abre una segunda fase: en 2024 y 2025, a petición de la Fiscalía de Namur, se practican «varios deberes de investigación», entre ellos dos investigaciones europeas —una en España y otra en Francia— y nuevas audiencias, cuya naturaleza concreta no se detalla pero que, en palabras oficiales, «han permitido obtener nuevas informaciones». Con ese material, el 7 de abril de 2025 el dossier entra de nuevo en fase de instrucción penal.

El 21 de noviembre de 2025 llega el salto procesal: el juez de Namur interroga al cirujano francés, lo inculpa de asesinato, y lo deja en libertad bajo condiciones —entre ellas, la prohibición de salir de Francia y la obligación de responder a todas las convocatorias judiciales— mientras la Fiscalía sigue trabajando para «determinar las circunstancias exactas de los hechos» y «tratar de localizar a la víctima».

En respuesta escrita a este periódico, la portavoz del parquet, Marie Roquiny, se limita a remitir al comunicado del 27 de enero de 2026 y a subrayar que, en interés de la investigación, no se divulgará ningún dato adicional más allá de que las diligencias europeas y las audiencias practicadas entre 2024 y 2025 son las que han permitido dar el paso de reabrir la instrucción y de imputar por homicidio al marido de Dasnois.

Para saber más

Sabemos, sin embargo, que ninguna de las pesquisas ulteriores realizadas en España ha conducido a hallazgos relevantes porque, según ha indicado a Crónica la Guardia Civil, «lo último que se hizo fue en 2024, cuando se cursó una orden europea de investigación para colaborar con Namur y se llevaron a cabo varias gestiones en las que participaron la Policía Judicial y especialistas del Greim, entre ellas un nuevo reconocimiento de la zona donde supuestamente desapareció Françoise Dasnois». En palabras de la Benemérita, «poco más» pueden aportar por ahora, porque en estos momentos no están llevando a cabo ninguna actuación ni han recibido instrucciones para reactivar las búsquedas sobre el terreno.

La hermana de la enfermera se niega a responder a nuestras preguntas: lo hace, según nos traslada su hija, por expreso consejo de su abogada, Caroline Poiré, la letrada que la representa como parte civil en Namur.

El que sí ha hablado es el propio imputado, directa e indirectamente: en declaraciones recogidas por La Dépêche du Midi el 2 de febrero de 2026 y citadas después por el semanario Le Nouveau Détective, su abogado belga Joël-Pierre Bayer sostiene que «desde 2009 sus declaraciones no han cambiado, no tiene nada de lo que reprocharse y es una víctima de esta desaparición, igual que sus dos hijos, que le apoyan y son solidarios con él». El ex cirujano niega estar detrás de la desaparición de su pareja.

La prensa belga y francesa ha ido dibujando en las últimas semanas el perfil del hombre al que ahora se señala. Se trata de un doctor de 61 años, domiciliado en Castres (Tarn), originario del suroeste francés, que trabajó durante años en la clínica del Sidobre antes de dejar el quirófano a finales de 2025 para convertirse en médico de referencia de la Seguridad Social en el mismo departamento. Los diarios regionales lo describen como un hombre «tranquilo y leal», aficionado al rugby y seguidor del Castres Olympique, cuya vida «ha vuelto a bascular».

Detrás de nuevos testimonios

La Fiscalía de Namur ha orientado la nueva fase de la investigación no solo a esclarecer las circunstancias de la desaparición y localizar el cuerpo, sino también a recabar testimonios «que puedan aportar un nuevo enfoque sobre la naturaleza de la relación entre Françoise y su compañero», lo que introduce por primera vez de forma explícita la vida de pareja en el centro del expediente penal.

Si la hipótesis con la que trabajan es que Françoise fue asesinada durante aquel paseo por la Sierra de Guara, el crimen tuvo que producirse con los dos hijos presentes en el escenario del crimen, o al menos en sus inmediaciones, porque no hay constancia de que el padre se ausentara solo durante un tramo prolongado de la excursión ni de que la enfermera se separara del grupo en otro momento distinto al que, según todos los relatos, se quedó atrás.

A ello se suma un detalle desconcertante: aquel 12 de julio, Françoise salió a caminar dejando en el apartamento su teléfono móvil, su cartera y el resto de pertenencias, de modo que la única tecnología capaz de fijar sus últimos pasos se quedó sobre la mesilla de una casa de alquiler en Colungo.

Las reservas de Rachel Dasnois se apoyan más en la falta de respuestas que en evidencias: en sus declaraciones públicas nunca ha descrito un vínculo violento entre su hermana y el cirujano (lo que no quiere decir que no existiera), pero sí ha repetido que no entiende cómo es posible que Françoise no fuera hallada.

¿Es realmente tan insólito que un cuerpo desaparezca en el Pirineo? La respuesta es no. En estas mismas páginas contamos hace unas semanas la historia de Roberto Lanau Broto, el vecino de Morillo de Monclús que se esfumó en noviembre de 2024 en el valle de La Fueva, también en Huesca: 14 meses después, pese a un dispositivo de búsqueda con helicóptero, buzos, perros, drones y centenares de voluntarios, la única pista tangible siguen siendo cuatro colillas en un camino.