Mallorquina de 1971, segunda de tres hermanas, Francina Armengol aterrizó en la tercera magistratura del Estado presumiendo de tolerante y buena gestora. Pero en su tránsito como gobernante lucen escándalos como el de las menores tuteladas prostituidas o el caso Puertos. Y sus oponentes la califican de sectaria y nacionalista, de haber marginado el castellano en la Administración para granjearse el apoyo de sus socios nacionalistas, de establecer perímetros sanitarios contra el centro derecha.
Armengol dio el salto a la política profesional como concejal en el Ayuntamiento de Inca, entre 1997 y 2000. Ha sido diputada regional entre 1999 y 2023, presidenta del Consejo Insular desde 2011 a 2014, presidenta del PSOE balear desde 2015 y la primera presidenta del gobierno de Baleares, entre 2015 y 2023.
Entre sus constantes políticas destaca una: jamás abandonó el pancatalanismo. Está convencida de que «España es un Estado plurinacional, multilingüe y diverso». Ha reclamado un referéndum sobre la monarquía.
Antes de anunciar que permitiría el uso del catalán, el gallego y el euskera en el Congreso, Armengol, en 2019, cuando negociaba su segunda investidura como presidenta de Baleares, ya entregó las políticas lingüísticas al sector duro de Més, militante en ERC. Uno de sus aliados, Lluís Segura, nombrado director general de Política Lingüística, tachaba en redes sociales a Ciudadanos de «nazis», «psicópatas»; a los jueces y al Estado de «autoritario, especulador, violento, intolerante y colonialista».
Con estos precedentes, quizá sorprende menos que, cuando Sánchez propuso su nombramiento para presidir la Cámara Baja, el independentismo la apoyara sin fisuras y alcanzara la mayoría absoluta.
La lengua, por supuesto, ha sido una de sus principales obsesiones. En su apuesta por el monolingüismo, por el arrinconamiento del castellano, nunca ponderó no ya la ética subyacente, sino cuestiones de pura eficiencia. «Esto no es Cataluña y es más útil un médico que hable inglés viendo el peso del turismo y de la población de otros países afincada en Mallorca», explica un alto funcionario mallorquín.
Aún así, a pesar de la carestía de médicos, y de las situaciones de doble insularidad, dada la dificultad de contratar profesionales para las islas con un acceso más difícil, su gobierno se ha empeñado en exigir el requisito del catalán. «En un rapto de lucidez, recuerda el periodista balear José Luis Miró Fortaleza, «cuando se planteó eliminar este requisito dada la falta de médicos, Armengol reculó, dijo que la salud es lo primero. Pero sus socios nacionalistas la bajaron a tierra y rápidamente rectificó. No hay duda de que su política lingüística es equiparable a la de Cataluña o peor».
Francina Armengol es hija del farmacéutico y escritor Jaume Armengol, alcalde de Inca entre 1991 y 1995, y colaborador en su día de la 'Gran Enciclopedia Catalana'. Un catalanista, como él mismo se define. Siguió sus pasos, la vocación política y, ya como estudiante de Farmacia en la Universidad de Barcelona donde se licenció, militó en el Bloc d'Estudiants Independentistes, un sindicato nacionalista donde también estuvieron, entre otros, Jaume Asens.
El escritor Xavier Pericay, uno de los fundadores de Ciudadanos y ex diputado del parlamento Balear, la compara sin dudar con Pedro Sánchez. «Es una política sectaria y hábil», dice. Lo sabe, entre otras cosas, por los debates que mantenía en las sesiones de control. «El odio a la derecha le sale por los poros, igual que el odio a quienes combaten el nacionalismo». Recuerda que Armengol sólo ha ganado unas elecciones. Pero casi siempre logró gobernar. Primero con los nacionalistas y luego con Podemos. ¿Como Sánchez? Como Sánchez. Sólo que ella fue más lejos y sentó a los nacionalistas en el gobierno.
El propio Sánchez habría adoptado una fórmula de hacer y mantenerse en política que podría bautizarse como 'modelo Armengol'. Implica la unión con la izquierda extrema y con el nacionalismo, la conservación del poder a cualquier precio, el guerracivilismo y el aborrecimiento del adversario, la disposición a pactar con cualquiera, lo que sea, excepto con los conservadores y liberales si no son, además, nacionalistas periféricos. «Gobernó con María Antònia Munar», concede Pericay, «es decir, con un partido no sólo corrupto sino, además, manifiestamente de derechas. Pero eso le daba igual, porque, claro, el nacionalismo, a ojos de Armengol, blanquea».
«¿Francina Armengol? Una jeta», dispara a 'Crónica' un conocido jurista balear, que habla a condición de mantener su anonimato. «Y una nacionalista furibunda. Lo suficientemente lista como para no hablar nunca de independencia o secesión en público, aunque sí del Estado español, nunca de España». Remacha que si alguien la invita a una fiesta, a una comida o a una cena, en la mesa en la que se siente Armengol, sólo hablaráen catalán. Sin importarle en absoluto si los otros invitados la entienden. «Pero ese no es su problema».
«A Francina», comenta Fernando Navarro, ex diputado de Ciudadanos por Baleares, «la distingue una intolerancia sonriente, el convencimiento de que habla desde un escalón superior. Es una invertebrada ideológica, si obviamos el nacionalismo».
«Francina siempre ha estado en el ala más nacionalista y de izquierdas», le dijo su padre a la Associació descriptors en llengua catalana. Sobre la deriva identitaria del socialismo balear, habla Andreu Jaume, editor y crítico literario: «Se ha dado una ruptura entre el espíritu de la refundación del partido, en 1974, liderada por gente muy preparada, que en muchos casos provenía de familias republicanas, represaliadas por el franquismo, pero que tenían una idea de España en su conjunto y querían contribuir a la construcción de una democracia para todos, como Félix Pons, o Ramón Aguiló, que fue alcalde Palma».
Una generación cuyo contraste es Armengol. «Mucho más mediocre. Con una visión mucho más reducida del mundo, más provinciana, que ha crecido en una concepción política educada en los mitos de Cataluña y ha renunciado por completo al alma, mucho más generosa y amplia de quienes los precedieron». «Armengol», remata, «siempre ha sido una persona con profundas convicciones nacionalistas. Antepuso los intereses nacionalistas a los intereses nacionales y al bien común».
«El presidente me propuso por mi experiencia y mis planteamientos políticos», ha presumido Armengol en el Diario de Mallorca. Es posible. Pero su currículum acumula escándalos monumentales.
Quizá ninguno más grave que el de las menores tuteladas por el Instituto Mallorquín de Asuntos Sociales (IMAS), que depende del Consejo Insular, que acabaron prostituidas y en manos de proxenetas. El caso estalló en 2019, cuando una menor fugada, de 13 años, denunció haber sido violada. La Unión Europea, en un informe minucioso, consignó los múltiples fallos de control. Armengol acusó a sus rivales de practicar la demagogia. El PSOE rechazó crear una comisión de investigación en el Parlamento.
Destaca igualmente el caso Puertos, una investigación que involucra al ex presidente de la Autoridad Portuaria de Baleares, Joan Gual de Torrella, investigado por presunta corrupción en la adjudicación de varios negocios náuticos. En una serie de WhatsApp personales enviados por Gual a Armengol, revelados por EL MUNDO, y donde la informaba de que la justicia balear había declarado nulo uno de los concursos investigados por presunta corrupción, la entonces presidenta respondió tajante: «Joder. Mala noticia».
Armengol también fue señalada en 2014, cuando su pareja, jardinero y promotor inmobiliario, compró junto a un socio un palacio de varios millones de euros gracias a Sa Nostra, la Caja de Ahorros de Baleares. Armengol siempre negó cualquier posible relación y/o ilícito.
En octubre de 2020, en mitad de los confinamientos por la segunda ola del coronavirus, mientras su gobierno pedía a los ciudadanos que limitaran las salidas, con la población estabulada por algo muy parecido al toque de queda, el periódico 'Última Hora' de Mallorca habló de un dirigente político local sorprendido en un bar de copas que no cumplía con los límites horarios impuestos por las autoridades. Se trataba de Armengol, claro. Aquello acabó en nada.
«En Mallorca siempre ha 'tingut cera del Corpus'», subraya Miró, «algo así como patente de corso. Cuando la pillan con lo del bar de copas durante la pandemia... A Boris Johnson algo parecido le costó el puesto, pero Armengol salió limpia de nuevo».
-¿Por qué?
-Porque los medios locales no han querido. Y, como ha salido indemne de varias historias, ellos piensan que son inmunes, pero ya veremos, porque ahora está bajo el foco nacional. Y está el asunto del crédito para la compra del palacio por su pareja, en plena crisis y creando una empresa de construcción, cuando a nadie se le ocurría hacer algo así. Por no hablar de las menores tuteladas. Con algo así un político del PP no habría durado vivo tres días.
El alto funcionario que refería el empecinamiento en buscar médicos catalanohablantes critica «lo mal que han utilizado y absorbido los fondos europeos. Baleares es la segunda región española con más ninis. Sin embargo, no han utilizado las ayudas europeas para formación». En Baleares, de hecho, la tasa de ninis, jóvenes de entre 16 y 29 años que ni estudian ni trabajan, rondaría un macizo 15,6%.
Como punto fuerte concede que Armengol ha intentado «evitar el contagio y la hemorragia catalana de los okupas. Sonaron las alertas en toda Europa con la cantidad de alemanes, británicos, suecos... que tienen propiedades y que asistían asombrados a esta epidemia. El Tribunal de Justicia de las Baleares actuó con diligencia».
Conviene no olvidar sus medidas y declaraciones contra el turismo masificado, celebradas por los ecologistas y calificadas de 'turistofóbicas' por sus rivales. Muchos critican que no haya logrado algo tan elemental como mejorar la cobertura de la telefonía móvil en un archipiélago volcado en el comercio y los visitantes extranjeros.
De vuelta a la deficiente gestión del dinero europeo, un informe de la Fundación Finnova estima que Baleares sólo ha ejecutado el 56% de los fondos estructurales europeos entre 2014 y 2020. La cantidad sin ejecutar alcanzaría los 362 millones de euros. «Esto significa que esa partida presupuestaria todavía no tiene proyecto, o bien está dentro de un proyecto que no se está llevando a cabo». La cifra balear supera la media nacional, que alcanza el 43%, lo que hace de España «el país con peor porcentaje de tasa de absorción de los fondos de toda la Unión Europea».
Son números tremendos, que no parecen horadar el capazo de radiante autoconfianza de una política capaz de postularse al Congreso no bien perdió la presidencia regional, y a la que los plumillas locales trataron siempre de estadista fabulosa.
Un aura que no impresiona a Andreu Jaume: «Armengol, más allá del nacionalismo, no tiene demasiados principios. A Sánchez le retiró su apoyo cuando cayó en desgracia y se lo dio inmediatamente en cuanto recuperó el poder. Le interesa el poder por el poder. Supo jugar sus cartas, y si cae Sánchez, se alineará con otra corriente».
Finalmente denuncia el aprovechamiento de Pons, ella, que ha ninguneado durante ocho años las peticiones para que se le dedique una calle: «Repugna especialmente que intente aprovecharse de su figura. Sabe que no está a altura ni del cargo ni de Pons. Por eso utiliza su nombre, cuando en realidad representa todo lo contrario. Recordemos que sin haber jurisprudencia, y en una sesión constitutiva muy tensa, pues el día anterior había sido asesinado un diputado de HB, el propio Pons pidió un minuto de silencio. Pero en cuanto Idígoras se inventó aquello de jurar por imperativo legal a Pons no le tembló el pulso y lo expulsó. Todo lo que ahora se permite en el Congreso le parecería esperpéntico».
«Han colocado al frente del Congreso de los Diputados a una persona incluso peor que Batet», zanja Xavier Pericay, «alguien con un discurso fuera de la razón y de los límites constitucionales».


