CRONICA
Armengol y el rey del catering

"Insinúan que soy amante de la presidenta"

La frase se la grabó la Guardia Civil a Joan Gual, detenido por orquestar presuntos amaños al mando de la Autoridad Portuaria. Meses antes de su arresto tuvo una reunión secreta con la socialista Francina Armengol.

La presidenta balear Francina Armengol y el presidente de la Autoridad Portuaria Joan Gual.
La presidenta balear Francina Armengol y el presidente de la Autoridad Portuaria Joan Gual.
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-Es alucinante, insinúan que soy amante de la presidenta.

- ¿Sí?

- Sí, sí, hay un Twitter de estos.

- Jajaja. ¿Dónde lo leíste?

-Un amigo me lo mandó y dije, ¿esto qué es? Que su nuevo amante es el investigado tal...

«Tal» es Joan Gual de Torrella, ex presidente de la Autoridad Portuaria de Baleares, y «la presidenta» es la socialista balear Francina Armengol. El amante insinuado se lo cuenta a José Llorca, ex presidente de Puertos del Estado durante el Gobierno de Mariano Rajoy, en conversación telefónica. Habían pasado sólo diez días desde su detención en el aeropuerto de Palma en julio de 2020, por el presunto amaño del concurso del Puerto de Mahón, y Gual le contaba a Llorca su buena relación con la presidenta. Incluso que tras sus dos noches en el calabozo habían hablado dos horas, en las que Armengol le habría dicho que le apoyabay que, de no ser por sus socios de Gobierno de Podemos y de los ecosoberanistas de Més, hasta le habría mantenido en el cargo.

Al otro lado la Guardia Civil escuchaba la conversación. Ahora, la jueza que investiga su causa anuncia en su último auto «indicios sólidos» de que el puerto de Mahón se amañó por interés político, dejando en una situación más que incómoda el Gobierno de la presidenta balear.

Gual le enumera a Llorca todas las mentiras que se habían publicado y dicho sobre él, desde su implicación en el presunto amaño, hasta su falsa relación sentimental con la presidenta, que saltó de los mentideros de Mallorca a Twitter.

Lo cierto es que era la explicación más creíble que había encontrado la isla para comprender por qué la líder socialista había convertido en presidente de la Autoridad Portuaria al que fuera rey delcatering de Mallorca. Un empresario que había sido obligado a dimitir de la cúpula de la Cámara de Comercio por las deudas millonarias que había contraído tras hundir el negocio heredado de su padre.

Es cierto que si a uno lo nombran presidente de la Autoridad Portuaria de Baleares tiene muchísimas posibilidades de acabar en el calabozo. Sus predecesores, Joan Verger (2003-2007), ex presidente del Partido Popular en las islas; y Francesc Triay (1999-2003 y 2007-2011), ex diputado del PSOE, fueron procesados por presuntos amaños de concursos. O como decía uno de los jueces instructores de sus causas, por presidir la «corrupción sistémica» de esta institución.

Aun así, Armengol no dudó en arriesgarse a poner a dar adjudicaciones a alguien con semejantes deudas y currículum empresarial. Y no sólo eso. También aceptó enfrentarse a sus socios de Podemos, quienes calificaban a Gual de Torella de «casta oligárquica». Y a sus compañeros de partido, quienes se peleaban por un hueso que incluye una nómina de 93.302 euros brutos, 8.457 euros más que el presidente del Gobierno, y a años luz de los 69.000 de la propia Armengol. De hecho, dos ex altos cargos socialistas abandonaron el partido presuntamente por no haber logrado el puesto.

Entre los papeles que encontró la Guardia Civil en el despacho de Gual había un documento manuscrito en el que ponía «Francina», mucho más comprometedor que si de verdad mantuvieran una relación sentimental. Eran notas para una reunión secreta con la presidenta siete meses antes de su detención, en la que según los agentes, hablaron de la investigación secreta sobre el amaño de Mahón que estaba en curso.

Esta semana Armengol trató de liquidar el asunto diciendo que ella se reúne «con todas las instituciones», mientras Gual, lejos de mostrar esa tranquilidad, se cayó al mar el pasado fin de semana en Sa Ràpita. Según cuentan los testigos, justo cuando trataba de subir a su barco, el Smile,un viejo velero de 15 metros de eslora, también herencia de su padre, Perico Gual de Torrella.

Joan es hijo de un químico frustrado que luego estudió Comercio y que acabó sacándose una oposición de recaudador en el Ayuntamiento de Palma. A él hay que imputarle el supuesto origen aristocrático de los Gual. Primero por reivindicar sus orígenes, desembarcados en la isla con la conquista cristiana o catalana, según quién cuente la historia, de Jaume I en el siglo XIII. Y luego por hacer mucho dinero, especialmente en el mundo de la hostelería.

El hecho de que fuera rotario, impulsara el Movimiento Cursillos de Cristiandad y apuntara a Joan a los jesuitas completó el cuadro que hizo convulsionar a Podemos en cuanto se supo que un representante de la alta burguesía mallorquina y de corte conservador asumiría el gran chollo de la macroestructura de contactos y contratos portuarios. Armengol, a quien apenas se le pueden imputar en su ya legislatura y media nombramientos personalistas de este calibre, parecía encandilada. «Da prestancia a este Gobierno», declaró para justificar el nombramiento.

Gual estudió empresariales, montó un restaurante y llegó a la cima con un negocio de catering llamado Menú. Se encargaba de bodas de prestigio en la isla, o «de quienes querían ser de prestigio», como apunta uno de sus antiguos competidores. No había presentación vanidosa, inauguración de postín o corte de cinta de la Administración local, sea del partido que fuere, que no contara con servicio de bebida y canapé de Gual.

También gestionó el restaurante del Club Náutico, en el que cada verano navegaban los Reyes. Y acabó presidiendo la Asociación Gastronómica de Mallorca, al igual que la Cámara de Comercio. La crisis de 2008 trajo consigo las presentaciones con agua mineral y el recorte de bodas, bautizos y comuniones. Gual se quedó con deudas millonarias y sin cargos de responsabilidad. «Aun así, parecía que trataba de mantener su nivel de vida, tanto social como económico», cuenta un compañero de amarre. En 2013 se declaró en concurso de acreedores. Dos años después, Armengol llega al Gobierno y le rescata.

La relación de Gual y la presidenta arranca precisamente en los consejos de administración de Autoridad Portuaria. Un chollo que permitía a los representantes políticos llevarse 900 euros por asistir a una reunión. Se supone que Gual, como representante de la Cámara, y ella, como presidenta del Consell de Mallorca, eran de los que iban, y así fueron fraguando cierta amistad.

Entre su nombramiento en 2015 y su detención en el verano de 2020, nada más bajarse de un avión en Palma, tampoco puede decirse que le diera a Armengol una presidencia tranquila. De hecho, parecía ir acumulando argumentos que justificaran una dimisión.

Al poco tiempo de llegar, una trabajadora le denunció por despedirla cuando estaba de baja de maternidad. Luego se incorporó al consejo de administración Enrique Braquehais, abogado del Estado, quien acabó siendo apartado precisamente por no estar de acuerdo con la adjudicación de amarres en el puerto de Mahón. Y en cuanto salió por la puerta se fue a la Fiscalía Anticorrupción.

Otro de sus escándalos fue con Rafael Vallespir, presidente del Club Marítimo Molinar de Levante, quien le denunció por coacciones. Ambos habían tenido una agria polémica por el proyecto de remodelación de este puerto. Un día se encontraron en el Molinar y Gual empezó a hacerle fotos a él, a la matrícula de su coche y a su hija, menor de edad. Vallespir se enteró porque Gual se las envió a su WhatsApp, lo que el presidente del club interpretó como una intimidación. Se fue directo a la comisaría de la Policía Nacional.

Pero igual que no fueron suficientes estos escándalos, tampoco lo fueron sus dos noches en el calabozo para que Armengol le despidiera. La presidenta soportó el chaparrón mediático, de la oposición y de sus propios socios, hasta que el propio implicado dimitió más de una semana después, en otra inexplicable jugada de la socialista hacia el que fuera el rey del catering.

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