¿Puede el agua con gas ayudar a perder peso? La pregunta, retomada por un estudio japonés publicado en BMJ Nutrition, Prevention & Health , ha reavivado un debate que surge cada cierto tiempo. Fruto de ello, el divulgador médico y científico Matteo Bassetti ha realizado un análisis en el que asegura que el agua con gas no es un milagro, pero puede ser esperanzadora para estos fines.
La investigación en cuestión lleva la firma del japonés Akira Takahashi, que planteó la hipótesis de un posible vínculo entre el dióxido de carbono contenido en el agua con gas y algunos mecanismos metabólicos ligados a la glucosa.
Partiendo de aquí, según Bassetti, hay siete excelentes razones por las que el agua con gas podría ser una elección inteligente: puede ayudar a controlar el peso, puede favorecer el metabolismo de la glucosa, aumenta la sensación de saciedad, ayuda a reducir el consumo de bebidas azucaradas, favorece la hidratación, puede ayudar a la digestión y es una opción de bebida económica y sostenible.
"Comencemos con algo claro", explica Bassetti: "No hablamos de una varita mágica. El agua con gas no adelgaza por sí sola. Pero puede ser un pequeño complemento a un estilo de vida saludable". Se refiere al estudio de Takahashi, que compara lo que ocurre en los procesos de diálisis —donde el CO está presente en los circuitos e influye en ciertos intercambios metabólicos— con lo que podría ocurrir, en mucha menor medida, al beber agua con gas. "Si el dióxido de carbono afecta la absorción de glucosa en ese contexto, es plausible que también se produzca un efecto mínimo. Sin embargo, hablamos de cambios modestos, no de resultados clínicamente revolucionarios", añade.
Más concreto, observa Bassetti, es el efecto sobre la saciedad: "Las burbujas relajan el estómago y aumentan la sensación de saciedad. Si bebo agua con gas antes de comer, podría sentirme más lleno antes y comer menos. No funciona para todos, pero puede ayudar".
Luego está el aspecto cultural y conductual: "Hacer que el agua sea más apetecible implica evitar las bebidas azucaradas. Y eso es una gran ventaja. No hay competencia entre un refresco azucarado y el agua con gas". Incluso las bebidas "cero" , enfatiza el experto, no son la solución ideal para la salud metabólica y dental. "Añadir burbujas al agua es una forma de realzar un producto simple sin añadir calorías", recalca.
En cuanto a la hidratación, el mensaje es claro: "Si las burbujas me hacen beber más, bienvenido. Lo importante es mantenerse bien hidratado". A esto se suma un posible beneficio digestivo porque "en algunas personas, el dióxido de carbono puede favorecer la motilidad intestinal".
Por último, la sostenibilidad. "Con un carbonatador doméstico, se puede usar agua del grifo, lo cual es excelente en muchas ciudades italianas. Se ahorra dinero, se reduce el plástico y se elige una opción más ecológica". Sin embargo, hay un punto clave: "Quienes sufren de reflujo, úlceras o síndrome del intestino irritable deben tener cuidado. En estos casos, el agua con gas puede empeorar los síntomas".
El mensaje final es de sentido común: "El agua es una herramienta muy sencilla que puede aportar beneficios. No hay necesidad de americanizarse llenando los carritos de la compra con refrescos . A veces, la mejor opción es también la más básica".
