Investigadores del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC), en colaboración con la Universidad de Cádiz, han documentado un nuevo registro confirmado de tiburón blanco (Carcharodon carcharias) en aguas del Mediterráneo español.
El hallazgo, publicado recientemente en la revista científica Acta Ichthyologica et Piscatoria, aporta nuevos datos sobre la presencia en nuestras aguas de los miembros más icónicos y carismáticos de la megafauna oceánica.
El ejemplar fue capturado de forma accidental por un pescador en abril de 2023 a unas 11 millas náuticas de la costa de Dénia y Jávea, y muy cerca del Cabo de San Antonio, una zona de cañones submarinos y aguas profundas relativamente próximas a la costa, y en plena temporada, y en plena temporada de pesca del atún rojo. Medía aproximadamente 210 cm de longitud total y pesaba entre 80 y 90 kg, lo que indica que se trataba de un individuo joven. El tiburón blanco se considera adulto cuando llega a los cuatro metros y medio, pero puede superar los seis y medio.
Se trata de uno de los pocos registros verificados de tiburón blanco en aguas españolas en las últimas décadas. El anterior avistamiento se remonta a junio de 2018, cuando la expedición científica Alnitak avisó un gran tiburón blanco de unos cinco metros cerca del Parque Nacional de Cabrera, en las islas Baleares.También se documentó la captura accidental de un gran tiburón blanco de más de cinco metros de longitud cerca de la playa de Bolonia (Tarifa, Estrecho de Gibraltar) durante faenas de pesca de atún en junio de 2015.
"El origen de este trabajo está en la documentación de una captura accidental que conocimos gracias a la estrecha colaboración que mantenemos desde hace años con el sector pesquero", explica José Carlos Báez, investigador del IEO-CSIC y primer autor del estudio. "Sin esa cooperación, este tipo de registros excepcionales sería imposible de conocer y contextualizar científicamente".
Este análisis confirma que el tiburón blanco mantiene una presencia persistente, pero extremadamente infrecuente en el Mediterráneo español, donde su detectabilidad es muy baja, apuntan desde el Instituto Español de Oceanografía.
Dada la escasez de registros recientes confirmados, cualquier nueva ocurrencia de tiburón blanco en esta región posee un gran valor científico y de conservación, apunta el estudio.
La falta de registros de neonatos y juveniles de Carcharodon carcharias en todo el Mediterráneo es notable. Aunque el Estrecho de Sicilia y el Golfo de Gabes (al este de Túnez) se han considerado históricamente las principales áreas de cría de la especie en el Mediterráneo, la aparición de once neonatos desde 2008 ha llevado a considerar la bahía de Edremit, en el noreste del mar Egeo, como una posible segunda zona de cría y un nuevo punto caliente para el tiburón blanco mediterráneo, apunta el artículo de Acta Ichthyologica et Piscatoria.
La presencia de un juvenil en el Mediterráneo español plantea la cuestión de si este individuo nació en las zonas de cría del Mediterráneo central y posteriormente migró hasta aquí, o si pudo haber nacido frente a la costa española.
Una revisión exhaustiva compiló 62 registros documentados en aguas españolas, de los cuales nueve, entre 1986 y 2001, se consideraron evidencias indirectas, basadas principalmente en marcas de mordeduras observadas en animales marinos varados, especialmente tortugas marinas. Además, se han identificado áreas específicas de presencia, como las aguas que rodean las Islas Baleares, una región ecológicamente sensible del Mediterráneo occidental.
Estudios recientes han mostrado un descenso significativo de la abundancia del tiburón blanco en los sectores periféricos del Mediterráneo. En particular, entre 1980 y 2016, la población en aguas baleares habría disminuido en más de un 73%. Por ello, la presencia de tiburones blancos en una región donde la especie ha sufrido un declive tan acusado tiene una relevancia notable desde el punto de vista de la conservación, apunta el estudio.
La coincidencia temporal de estos registros con la migración estacional del atún rojo del Atlántico hacia el Mediterráneo para reproducirse sugiere que la disponibilidad de presas influye en los movimientos del tiburón blanco. El declive histórico del atún rojo en ciertas regiones del Mediterráneo muestra una notable sincronía con la desaparición del tiburón blanco en esas mismas áreas.
Los investigadores recuerdan además que, a lo largo de más de 160 años de registros en aguas españolas, los incidentes documentados con personas han sido excepcionalmente escasos, lo que confirma que esta especie no representa un riesgo relevante para la población en nuestras costas.
Más allá de su carácter emblemático, el tiburón blanco desempeña un papel fundamental en el funcionamiento de los ecosistemas marinos. "Los grandes depredadores marinos cumplen una función clave en el equilibrio del océano. Como especies altamente migratorias, conectan diferentes regiones y contribuyen al buen estado del medio marino", concluye Báez.
Durante el Pleistoceno, el tiburón blanco era mucho más común en el Mediterráneo, donde convivía con presas gigantes hoy extinguidas. El mar que conocemos ahora es casi un "desierto" para un superdepredador así.




