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Por primera vez en los 27 años que lleva funcionando la Estación Espacial Internacional (ISS), un astronauta ha regresado de forma anticipada a la Tierra por un asunto médico. La NASA tomó esa decisión tras detectar el pasado 7 de enero un problema de salud en uno de los tripulantes de la misión Crew 11 que se encontraban en la ISS.
Por cuestiones de privacidad, la agencia espacial de EEUU no ha revelado ni planea revelar la identidad del astronauta afectado ni qué le ocurre, pero ya se encuentra en la Tierra para recibir tratamiento. Ha regresado con sus tres compañeros de misión el jueves por la mañana, y tras pasar un día en un hospital de San Diego, el viernes irán a Houston para reunirse con sus familiares. Si no hubiera surgido este problema, habrían regresado a la Tierra dentro de un mes aproximadamente.
Desde que el cosmonauta soviético Yuri Gagarin inauguró la era de la exploración espacial el 12 de abril de 1961, han surgido algunos problemas de salud entre los astronautas que se encontraban en el espacio, pero hasta ahora sólo en un par de casos se ha acortado una misión por esta razón. En las dos ocasiones la decisión fue de Roscosmos, la agencia rusa.
En 1985, el cosmonauta Vladimir Vasyutin y sus colegas tuvieron que volver de urgencia a la Tierra y terminar cuatro meses antes de lo previsto su misión en la estación espacial Salyut 7 por un asunto de salud que, según se cree, fue un problema urológico relacionado con una infección en la próstata que le provocó inflamación y fiebre. Su misión, prevista para seis meses, sólo duró dos y poco después de regresar a la Tierra dejó su carrera como cosmonauta, aunque siguió trabajando en el sector espacial. Dos años más tarde, en 1987 el cosmonauta Aleksandr Laveykin abandonó la estación espacial Mir cinco meses antes de lo programado por una arritmia cardiaca que llevó a las autoridades rusas a reemplazarle por Aleksandr Pavlovich Aleksandrov.
Hasta ahora, la NASA no había tenido que evacuar a ninguno de sus astronautas por un problema médico.
Dado la complejidad de los viajes espaciales y los riesgos inherentes a ellos, hay poco espacio para la improvisación. Por eso, los astronautas son entrenados para ser capaces de resolver de forma autónoma todo tipo de aspectos relacionados con la seguridad, incluyendo cómo afrontar algunos problemas médicos. Gran parte de la investigación que se realiza en la ISS, además, se centra en cuestiones relacionadas con la salud humana, tanto para proteger a los astronautas como para preparar misiones de larga duración como lo serán los futuros viajes a Marte.
Además de tener protocolos muy estrictos para minimizar los accidentes en las naves espaciales y en la ISS, uno de los requisitos para volar al espacio es que los astronautas gocen de un muy buen estado de salud y se encuentren en una excelente forma física, un requerimiento que ha contribuido a que haya habido pocos problemas médicos graves en el espacio.
Un fuerte resfriado
Otra medida que ha evitado quebraderos de cabeza es la cuarentena de dos semanas que deben guardar antes de subirse a una nave espacial para evitar que desarrollen un posible resfriado o gripe en el espacio, y que contagien a sus compañeros de tripulación, lo que podría amenazar la misión. Ya ocurrió en los inicios de la carrera espacial, durante la misión Apolo 7, que fue lanzada el 11 de octubre de 1968 con el objetivo de probar el sistema de propulsión de la nave para preparar la llegada a la Luna. La tripulación estaba formada por el comandante Walter M. Schirra y por Donn F. Eisele y Walter Cunningham.
El despegue del Apolo 7 fue bien pero al cabo de 15 horas, Schirra contrajo un fuerte resfriado que poco después contagió a Eisele y Cunningham, según la NASA. Como repasa la agencia espacial en el artículo en el que recuerda esta misión de 11 días de duración, "un resfriado ya es bastante incómodo en tierra, pero en condiciones de ingravidez presenta un problema diferente. La mucosidad se acumula, llena las fosas nasales y no drena por la cabeza. El único alivio es soplar con fuerza, lo cual resulta doloroso para los tímpanos".
La tripulación del Apolo 7 dispuso de aspirina y descongestionantes para tratar el resfriado pero este problema de salud avivó la tensión que surgió entre el comandante Schirra y el Centro de Control de Houston. Desavenencias que fueron seguidas por el pueblo estadounidense, pues fue la primera misión que se retransmitía.
Sin embargo, en una entrevista con este diario en 2019, Walter Cunningham aseguró que él no había enfermado: "Walter [Schirra] sí padeció un resfriado, Donn estuvo mal algún tiempo pero yo sé que no lo tuve. En el Centro de Control nos trataron siempre como si estuviéramos los tres enfermos, no sé por qué pero lo dijeron siempre", señalaba el astronauta, que falleció en 2023.
Emergencia en la estación Mir
Las crisis médicas que llevaron a traer a la Tierra de forma anticipada a cosmonautas en 1985 y 1987 no fueron las únicas emergencias a las que ha tenido que hacer frente la agencia espacial rusa. Cuatro meses después del grave incendio que se desató en la estación Mir el 23 de febrero de 1997 y que obligó a la tripulación a usar máscaras de gas hasta que pudieron extinguir el fuego, una nave de carga Progress se salió de curso durante una maniobra y chocó contra la estación orbital, provocando una fuga de aire que tardaron en localizar. Hubo que cerrar el módulo Spektr, lo que conllevó que se quedaran sin electricidad.
Durante esta crisis, iniciada el 25 de junio de 1997, se detectó que el comandante de la estación orbital, Vasili Tsibliev, de 43 años, padecía una arritmia cardiaca que los médicos rusos en tierra atribuyeron a "la acumulación de fatiga" y la "responsabilidad psicológica" asumida por este ex militar de la Fuerza Aérea rusa tras el choque entre la nave Progress y la estación Mir, cuya reparación debía dirigir él mismo. Los médicos le trataron con un fármaco antiarritmico (etmozin) y con benzodiazepinas (Tsenozimpam y Rudotel), tal y como detalló Igor Goncharov, el doctor responsable de la salud de esta misión.
Durante los primeros años en los que estuvo operativa la Estación Espacial Internacional (ISS) varios astronautas sufrieron diversas molestias y problemas de salud, como jaquecas, picores en ojos, rinitis y reacciones alérgicas que al principio fueron atribuidas al proceso de adaptación al espacio pero que posteriormente hicieron temer que la plataforma orbital pudiera estar afectada por "el síndrome de los edificios enfermos".
En 2003, técnicos de la NASA constataron que los sistemas para controlar la calidad del aire y el agua en la ISS no funcionaban adecuadamente, y también que los aparatos para medir el ritmo cardiamo o el desfibrilador no estaban en buen estado.
Un tratamiento con coagulantes
Debido a cuestiones de privacidad, tampoco se conoció la identidad del primer astronauta que fue tratado con éxito en el espacio de un trombo en el cuello, ni se informó de este problema médico. Su caso salió a la luz por la publicación de un estudio científico en 2020 que narraba cómo el doctor Stephan Moll, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Carolina del Norte, y otros doctores habían logrado tratar con éxito una trombosis venosa profunda en la vena yugular de un tripulante, administrándole un tratamiento durante 90 días.
El coágulo de sangre no presentaba síntomas y se descubrió casualmente cuando se le realizó una prueba de ultrasonidos en el cuello durante un experimento que investigaba cómo se redistribuyen los fluidos en el cuerpo en ausencia de gravedad. Este problema médico fue detectado cuando el astronauta había completado dos de los seis meses que iba a estar en la ISS.
Le trataron durante unos 40 días con el anticoagulante enoxaparina, que era el que tenían disponible en el botiquín de la ISS, hasta que llegó una nave espacial con otro fármaco más adecuado para tratarle, el apixaban, que dejó de tomar cuatro días antes de regresar a la Tierra para no correr riesgos, tal y como se detalló en el estudio publicado en The New England Journal of Medicine.
Una breve hospitalización en 2024
El caso más reciente que se ha reportado de un astronauta tuvo lugar en octubre de 2024, cuando un miembro de la misión Crew 8, que había permanecido ocho meses en la ISS, fue hospitalizado brevemente tras regresar a la Tierra por un asunto médico que no revestía gravedad pero que no se especificó. Tampoco en aquella ocasión la agencia espacial de EEUU informó de la identidad del astronauta afectado, pues en esa misión participaron tres miembros de la NASA -Matthew Dominick, Michael Barratty Jeanette Epps-, y el ruso Alexander Grebenkin. Sin embargo, en aquel episodio no se decidió evacuar al afectado por ese problema médico, y fue hospitalizado cuando terminó la misión.
Seguramente la situación más peligrosa que se ha vivido en los últimos años la protagonizó en 2013 el astronauta italiano Luca Parmitano, de la Agencia Espacial Europea (ESA), durante una caminata espacial que a punto estuvo de acabar en tragedia. No fue un problema médico en sí sino un accidente causado por un fallo técnico: Una fuga de agua en la escafandra de Parmitano obligó a cancelar la caminata espacial. En un informe de la NASA publicado meses después se detalló que justo cuando salió al exterior de la ISS, el agua se introdujo en sus ojos, oídos, nariz y boca, dificultando su respiración. Según los técnicos que investigaron este incidente, la actitud de Parmitano fue determinante para resolver esta crisis y evitar que muriera ahogado: "La conducta tranquila de Luca mientras su casco se llenaba de agua, posiblemente, le salvó la vida".




