CIENCIA
Astronomía
Cita con el cielo

Descubierta una nueva cuasiluna de la Tierra (y con esta van ocho)

Esta roca, de unos 23 metros de tamaño, orbita alrededor del Sol. Estas minilunas han pasado desapercibidas hasta que se pusieron en marcha telescopios capaces de rastrear grandes regiones del cielo

Recreación artística de una cuasiluna
Recreación artística de una cuasilunaNASA
Actualizado

Se acaba de descubrir una roca de unos 23 metros de tamaño que orbita alrededor del Sol, muy próxima a la Tierra. Con esta ya se conocen ocho minilunas que acompañan a nuestro planeta. Son rocas pequeñas, sus tamaños oscilan entre unos pocos metros y un kilómetro, por lo que son mucho menores que nuestra gran y familiar Luna que, con sus casi 3.500 kilómetros de diámetro, es el satélite más grande, en proporción con su planeta, del sistema solar.

Estas minilunas han pasado desapercibidas hasta hace poco tiempo, cuando se pusieron en marcha telescopios que son capaces de rastrear rápidamente grandes regiones del cielo con mucha sensibilidad, permitiendo así ver estas rocas pequeñas y oscuras. Este es el caso de los dos Telescopios de Rastreo Panorámico y de Respuesta Rápida (Pan-STARRS 1 y 2) ubicados en la isla de Maui (Hawái, EE.UU.) con los que se acaba de descubrir, el pasado 29 de agosto, la miniluna que lleva por denominación provisional 2025 PN7.

Estrictamente hablando, estas minilunas no son satélites de la Tierra, pues orbitan alrededor del Sol (y no de la Tierra), pero sus órbitas son muy próximas a las de nuestro planeta, se dice que están en resonancia co-orbital 1:1 con la Tierra. Tras ejecutar muchas órbitas alrededor del Sol, permaneciendo siempre cerca de la Tierra, una de estas minilunas ha descrito una serie de bucles muy cerca de nuestro planeta. Se comporta como un satélite de la Tierra, aunque estrictamente no lo sea, por eso el término correcto para referirse a estos cuerpos es el de cuasisatélite o cuasiluna.

Naturalmente la Tierra no es el único planeta con cuasilunas. Por ejemplo, Venus tiene una, denominada Zoozve, que fue descubierta en el año 2002 y que tiene un tamaño de unos 230 metros, equivalente a dos campos de futbol.

A diferencia de los satélites verdaderos, las cuasilunas tienen órbitas que no solo están determinadas por el campo gravitatorio terrestre y, por tanto, son inestables. Con el tiempo, escapan de la vecindad del planeta, aunque es posible que vuelvan a regresar. Por ejemplo, se estima que Zoozve abandonará las proximidades de Venus al cabo de unos 500 años.

2025 PN7

En el caso de la que se acaba de descubrir cerca de la Tierra, 2025 PN7, se ha calculado que lleva al menos 60 años acompañando a la Tierra en su traslación alrededor del Sol, y se estima que seguirá así al menos durante otros 60 años más. Aunque se aleje, es posible que vuelva a acercarse a nuestro planeta de manera periódica.

Muy probablemente 2025 PN7 es un asteroide que se ha escapado desde el cinturón que existe entre Marte y Júpiter para quedar atrapado en esta órbita tan cercana a la Tierra. Su distancia a nuestro planeta oscila entre 0,03 y 0,4 unidades astronómicas (recordemos que una unidad astronómica es la distancia media Tierra-Sol: 150 millones de kilómetros).

Estudiando el brillo del objeto y sus variaciones, se ha estimado que tiene una forma alargada y que su tamaño es de unos 23 metros (más o menos 10 metros).

Ocho cuasilunas

Órbita de la cuasiluna Kamo'oalowa en relación con la de la Tierra
Órbita de la cuasiluna Kamo'oalowa en relación con la de la TierraUniv. de Arizona

2025 PN7 viene a sumarse a las otras 7 cuasilunas terrestres conocidas con anterioridad. De estas 7, tan solo dos han recibido nombres oficiales (aparte de las designaciones numéricas) reconocidos por la Unión Astronómica Nacional: Kamo'oalewa, algo así como "fragmento oscilante" en hawaiano, y Cardea, en recuerdo de una diosa romana. La primera de estas, descubierta en 2016, es una de los más estables, podrá permanecer acompañando a nuestro planeta durante varios cientos de miles de años.

Estas cuasilunas no representan ningún peligro de colisión inmediata con la Tierra. Y si alguna de ellas llegase a caer, antes de hacerlo realizaría múltiples acercamientos cada vez más próximos, lo que dejaría margen de maniobra antes de que se produjese el impacto.

En contraste con su bajo peligro potencial, estos objetos ofrecen unas oportunidades magníficas para la investigación, pues permiten el estudio de asteroides a cortas distancias durante largos periodos de tiempo. Su cercanía los hace muy accesibles para naves espaciales de bajo coste, lo que deberá permitir su exploración in situ y el retorno de muestras, todo ello tiene mucha relevancia de cara a la minería de asteroides.

Recreación de la sonda Tianwen-2 dirigiéndose a Kama'oalowa
Recreación de la sonda Tianwen-2 dirigiéndose a Kama'oalowaCNSA

Y, en estos objetivos, nuevamente se adelanta China, pues la sonda china Tianwen-2, que fue lanzada en mayo pasado, va dirigida hacia Kamo'oalewa. Esta nave espacial espera llegar allí en el año 2027 para recoger muestras de esta cuasiluna, retornarlas a la Tierra, y poder así estudiarlas con todo el potencial de los laboratorios terrestres.

Rafael Bachiller es director del Observatorio Astronómico Nacional (Instituto Geográfico Nacional) y académico de la Real Academia de Doctores de España.