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Tras las precipitaciones registradas en las últimas semanas en Cataluña, la Generalitat ha decidido levantar la fase de excepcionalidad por sequía en los 202 municipios del sistema Ter-Llobregat, que abastece a Barcelona, Girona y gran parte de sus provincias, un área poblada por unos seis millones de habitantes.
Con un índice de las reservas de agua en los pantanos del 38,5%, estas localidades pasan ahora a la fase de alerta del Plan especial de sequía autonómico, es decir, al estado al que entraron en noviembre de 2022. En consecuencia, la dotación máxima de agua pasa de 230 a 250 litros por persona al día y se relajan las restricciones para el riego, las actividades económicas o las recreativas.
Así lo ha anunciado hoy el consejero de Acción Climática en funciones, David Mascort, tras la reunión de la comisión interdepartamental de la sequía, en una rueda de prensa junto a la portavoz del Govern, Patrícia Plaja.
Mascort ha aprovechado la intervención ante los medios para expresar su "preocupación por la no licitación" de las obras para ampliar la desalinizadora de la Tordera, en Blanes (Girona), que el Gobierno declaró como "actuación prioritaria y urgente". "En septiembre, el Ministerio de Transición Ecológica tenía el proyecto básico hecho, pero estamos en junio de 2024 y siguen con papeles y convenios arriba y abajo sin licitar la obra", se ha quejado el conseller.
Darnius Boadella
El Ejecutivo catalán, además, ha acordado que los municipios gerundenses que dependen del embalse Darnius Boadella pasen de la fase de emergencia 2 a emergencia 1, ya que se encuentra en unos niveles en torno al 23% de su capacidad de reservas. Así, el límite del consumo diario aumenta de 180 a 200 litros por habitante.
Figueres (48.000 habitantes), Roses (20.000) o Cadaqués (3.000) son tres de las 17 poblaciones catalanas que aún siguen en emergencia por sequía, la fase de mayores restricciones en el uso del agua.

