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Cada diciembre, el mismo guion: atracones navideños con culpa, prometemos cambiar en enero, fracasamos en febrero. Y vuelta a empezar. ¿Y si el problema no fuera nuestra falta de voluntad, sino el sistema entero? "Ninguna dieta funciona", asegura rotunda Sonia Lucena, psicóloga y titulada en nutrición, especialista en psiconutrición y creadora del Método Five, un enfoque integral de cuidado de la salud que une alimentación, gestión emocional y ejercicio.
Existe un enorme mercado de marketing enfocado a vender dietas restrictivas, batidos milagrosos y planes extremos. La mayoría de las personas quieren perder peso rápido, y eso lleva a métodos agresivos. Lucena rompe con esa narrativa: cuidarse requiere esfuerzo, aprendizaje, constancia y un compromiso real contigo mismo.
En Quiérete bien: Y di adiós a las dietas para siempre (Alienta) anima a hacer las paces con tu cuerpo y reconciliarte con la comida. ¿Su fin? En palabras de la actriz y bailarina Mónica Cruz, su paciente, es comprender que "no hay fórmulas mágicas, lo importante es abrazar los cambios y aprender a cuidarnos sin sentir que vivimos limitados".
- Tú eres psicóloga y nutricionista. ¿Por qué es tan importante para ti esa doble formación?
- Porque no se puede acompañar a una persona si no se entiende la relación entre mente y alimentación. La palabra "dieta" tiene una carga negativa enorme: sacrificio, restricción, sufrimiento... Mis pacientes no hacen dieta. Aprenden a cuidarse. No son víctimas, son personas empoderadas que saben tomar decisiones. La programación neurolingüística es clave. No es "no puedo comer esto", sino "elijo cuidarme". Ese cambio mental lo transforma todo.
- ¿Por qué las dietas dañan la salud?
- He visto pacientes con transaminasas altísimas, hipertiroidismos graves provocados por dietas extremas, problemas renales severos por los famosos pinchazos para adelgazar. Todo eso es consecuencia de no cuidarse bien. No es lo mismo una persona con SIBO que otra con ovario poliquístico o con otra patología. Por eso es fundamental acudir a psiconutricionistas titulados.
- Hablemos de emociones, microbiota y mente. ¿Qué relación hay?
- La microbiota es literalmente nuestro segundo cerebro. El 95% de la serotonina y el 50% de la dopamina se producen en el intestino. Si no estamos bien emocionalmente, muchas veces es porque nuestro cuerpo no está produciendo la química necesaria. Entonces buscamos dopamina rápida: azúcar, ultraprocesados... Pero eso daña la microbiota, empeora las emociones y se entra en un círculo vicioso. Muchas veces el famoso "me lo merezco" viene de un día mal nutrido: no desayunar bien, comer rápido, no parar... Llegas agotada, con hambre real, y el cuerpo pide energía rápida. Y al revés también ocurre: si tienes ansiedad constante, buscas alivio en la comida, lo que empeora aún más la microbiota y el estado emocional. Por eso la psiconutrición es inseparable.
- ¿Por qué no eres partidaria de la báscula?
- El peso es solo un número que incluye agua, huesos, órganos, músculo, grasa y hasta lo que no has digerido aún. Obsesionarse con ese número genera frustración. El músculo pesa más que la grasa. Puedes pesar más y estar más delgada. En psiconutrición trabajamos mucho el desapego al peso, porque la obsesión activa el cortisol y dificulta la pérdida de grasa. Lo importante es la salud. Si hay grasa sobrante, el cuerpo la eliminará cuando esté bien cuidado.
- ¿Es un mito eso de "cuanto menos comas, más adelgazas"?
- Es un error enorme. El cuerpo no necesita castigo, necesita instrucciones claras. Cuando pasamos hambre, el cuerpo guarda grasa y consume músculo. Entra en modo ahorro. Nuestro cerebro primitivo interpreta que no hay comida y activa mecanismos de supervivencia. Justo lo contrario de lo que queremos. Por eso hay que decirle al cuerpo: "Hay alimento suficiente, puedes gastar". Así se mantiene el músculo y se reduce la grasa.
- ¿Qué te inspiró a escribir un libro contra la cultura de la dieta?
- Mi vida. A los 17 años tuve un trastorno de la conducta alimentaria: anorexia y luego bulimia. Vivía a dieta. Cuando pedí ayuda psicológica entendí que psicología y nutrición no se podían separar. Más tarde, trabajando en un gimnasio, vi cómo un entrenador comía mucho y tenía un cuerpo increíble. Me explicó que yo hacía justo lo contrario. Ahí supe que tenía que formarme en nutrición también. Fue ese equilibrio lo que me llevó a aprender cómo cuidarme.
- Colaboraste en la Clínica del Niño Jesús. ¿Cómo fue esa etapa?
- Vi a otras personas con los mismos problemas que yo había vivido. Y entonces entendí algo muy importante: no hace falta tener un trastorno de la conducta alimentaria para tener una mala relación con la comida. Hay un porcentaje altísimo de personas que tienen problemas con su relación con la alimentación. La primera fue mi madre. Hizo todas las dietas habidas y por haber, menos una de batidos porque le daban muchísimo asco. Yo recuerdo verla llorar en los vestuarios en verano y escuchar a mi abuela decirle: "Ya, pero cuando comes no te acuerdas". Y yo, como niña, pensaba: "Pues entonces no hay que comer". Para no pasar por lo que estaba pasando mi madre, había que cerrar el pico. Ese pensamiento fue muy dañino.
- ¿Y de ahí nace tu método propio?
- Exacto, para ayudar a las personas a ver la vida de otra manera, a disfrutar de comer. No somos solo cuerpo: también somos mente y psique, y esa parte psicológica necesita ser cuidada. He visto madres que han aprendido y ahora están enseñando a sus hijos. Esto es un beneficio transgeneracional que me llena de orgullo y satisfacción. Cuando una persona entra por la puerta, hacemos un estudio completo: analizamos el sueño, el sistema nervioso simpático y parasimpático, el nivel de inflamación corporal, la calidad de la piel, los hábitos de nutrición, ejercicio, hidratación y descanso. Además, valoramos su estado de ansiedad, estrés y cómo gestiona sus emociones.
- ¿Y por qué Five?
- Five es un acrónimo en inglés. F de Food: alimentación. I de Inner strength: la fuerza interior. V de Voluntad y E de Exercise: ejercicio físico. Es decir, el método se basa en cuidarnos de forma integral y sostenible en el tiempo. No es algo puntual, es un aprendizaje para toda la vida.
- ¿Tienes un perfil de paciente?
- Tenemos pacientes mayores de 50 y menores de 50, hombres y mujeres, médicos de urgencias que trabajan a turnos, actrices y modelos que viajan constantemente y comen fuera, madres recientes, personas jubiladas con metabolismo más lento o mujeres en menopausia, que es una etapa preciosa pero metabólicamente más compleja y que también hay que acompañar.
- ¿En alimentación se predica con el ejemplo? Si quieres que tu hijo coma verdura, ¿debes comerla tú?
- El ejemplo es importantísimo. Acompañar a los niños en la preparación de la comida lo cambia todo. No es lo mismo ponerles un plato verde delante que hacerles participar, que vean de dónde sale la comida. Al final, el aprendizaje es por imitación. Igual que con el móvil o con el lenguaje. Si tú haces algo, tu hijo lo hará.
- ¿Crees que las mujeres sufrimos más presión por la cultura de la dieta?
- Sin ninguna duda. Vivimos rodeadas de cuerpos extremadamente delgados como modelo. Además, las mujeres atravesamos grandes cambios hormonales: adolescencia, embarazo, premenopausia, menopausia y postmenopausia. Se nos exige ser muñecas, pero cumplir todas las funciones de una mujer. Esa presión es enorme.
- ¿Qué opinión te merecen los medicamentos para adelgazar?
- Se están vendiendo como la panacea, pero los efectos secundarios son tremendos. Trabajo con oncólogos y vemos transaminasas disparadas. Tengo pacientes con problemas graves. Estos productos nacieron para la diabetes, reducen el apetito desregulando la grelina y la leptina, alteran la insulina y generan infraalimentación. Eso provoca pérdida de masa muscular, ósea, cartílago y afecta al cerebro, que también necesita alimento. Y a mí no me preocupa solo el efecto rebote. Me preocupa la salud que se pierde en el proceso. Fallos renales, daños permanentes, y todavía no hay estudios a largo plazo suficientes.
- Sus prescriptores aseguran en su defensa que deben ir acompañados de un estilo de vida saludable y así se pauta.
- No se adquiere ningún hábito. Es como una banda gástrica o una reducción de estómago. Tengo pacientes que dicen: "Me operaron el estómago, pero no el cerebro". Si no cambias tu forma de pensar, vuelves al punto de partida. Y encima hay un daño económico. Perdemos el foco de que el cuerpo nos tiene que acompañar toda la vida. Yo siempre digo: con 80 años todas tendremos el pecho caído y el culo flojo, pero quiero pasear con mis nietos, no estar atada a una bolsa o a un tacataca.
- ¿Crees que en el sistema sanitario occidental se obvia la nutrición?
- Totalmente. En los hospitales no hay tiempo ni formación. Un diagnóstico nutricional requiere una hora y media. Nosotros lo hacemos así y sin coste, porque las personas tienen derecho a entender qué les pasa. Pero en cinco minutos eso es imposible. Por eso trabajo de forma independiente.
- ¿Qué le dirías a alguien que quiere empezar a cuidarse bien, sin dietas?
- Que se pregunten cómo quieren vivir su vida: ¿Desde el castigo, la restricción y el malestar, o desde el cuidado consciente y sostenible? Si quieres cuidarte bien y con cariño, necesitas un abordaje completo. Liberarte de las dietas para siempre.
Quiérete bien: Y di adiós a las dietas para siempre
Está editado por Alienta y se puede comprar aquí.
