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Hace ocho años, en Elche (¿dónde si no?) nacía Hoff, una marca de sneakers hija de la tradición (el padre de su fundador había tenido una fábrica de zapatos) y del gusanillo del emprendimiento. En 2023 vendía ya 900.000 pares de zapatillas al año. Entrevistado por Cristina Aldaz para Yo Dona, el propietario de la empresa y cerebro de la operación, Fran Marchena, afirmaba entonces que la marca estaba "en fase embrionaria", pese a las 15 tiendas abiertas ya en España y en París, Londres...
Hoy, dos años después, cuando las ventas anuales de Hoff se calculan en más de millón de pares al año, la empresa ha decidido mover ficha en el tablero del negocio zapatillero, que a día de hoy mueve, calcula TechSci Research, unos 82,2 mil millones de euros al año. Esta es la jugada: reclutar a Alexa Chung como embajadora de la marca y a David Tourniaire-Beauciel como director creativo de la marca.
Los diseñadores de calzado no son tan famosos como los de ropa, pero dentro del sector Tourniaire-Beauciel es considerado un genio. Responsable de iconos y éxitos como las sneakersTriple S de Balenciaga, ha trabajado con Jean Paul Gaultier, Chloé, Maison Margiela, Givenchy o Ferragamo. Su contratación por Hoff busca posicionar a la firma española en el mercado global.
- ¿Cómo te convenció Hoff? ¿Qué te atrajo?
- El ADN de la marca, pero también el reto. Después de trabajar tantos años en diferentes realidades del diseño de calzado, quería ver si era capaz de gestionar mi creatividad en un nuevo capítulo.
- ¿Qué crees que puedes aportar a la evolución de la marca?
- Hoff es una marca joven con fuertes raíces españolas. El posicionamiento de precio es muy democrático y la estética bastante casual sporty chic. Para mí está claro que esto hay que conservarlo, sin discusión. Dicho lo cual, creo que puedo aportar un poco de audacia, ese tipo de actitud que se da en la industria del lujo: no tener miedo a ser diferente... No raro, sino diferente. Si quieres llegar a ser líder en tu segmento, debes comportarte como tal, no como un segundón. Aprecio mucho que la marca sea superjoven y con un crecimiento rápido. Así no podré hacer reinterpretaciones de los archivos. Porque no hay archivos [ríe]. Eso da más posibilidades en términos creativos: no temas a tu libertad.
- ¿Qué cuota de libertad te han dado?
- Dicho en fácil: debo aportar novedad y entonces, con Fran, discutir y decidir. Intentaremos el mejor equilibrio: yo conozco la tendencia, él conoce la marca.
- ¿Cómo ha sido tu primer contacto con el equipo de diseño y la cultura de la compañía?
- De alguna forma fue como volver a mis raíces: en los 90, después de mis experiencias con Jean Paul Gaultier en París, decidí mudarme a Elche (España) para ampliar mis habilidades y conocimientos en un entorno más centrado en las zapatillas. Así que, para mí, después de 30 años en la industria del calzado de moda, fue algo muy natural, como regresar a casa después de una especie de vuelta al mundo del calzado. Incluso intenté volver a hablar español... muy divertido. Y, sinceramente, encontré un equipo muy joven y genial, lleno de energía y creatividad... como yo cuando tenía 25 años.
- En tus proyectos previos has tratado los zapatos casi como esculturas o estructuras arquitectónicas. ¿Veremos algo de eso en Hoff?
- Sí, por supuesto, es mi marca de fábrica, pero para Hoff tendré que hacerlo de una manera más sutil, un poco menos descaradamente [ríe]. Yo nunca diseño para mí; diseño lo que la marca necesita y lo que el consumidor final espera.
- Has creado algunos de los zapatos más icónicos de las últimas décadas para grandes casas de moda. ¿Eso añade presión extra cuando te enfrentas al proceso creativo? ¿De algún modo la gente espera que siempre factures éxitos?
- Me gusta desafiarme a mí mismo, nunca quedarme en mi zona de confort. Por supuesto que tengo que crear éxitos, pero eso forma parte de mi trabajo, y me encanta. Aunque sí, hay estrés, como el de un campeón deportivo que ha ganado un campeonato un año... ¿Será capaz de ganarlo también al año siguiente y mantenerse en la cima?
- La industria del calzado está viviendo una gran transformación -materiales sostenibles, impresión 3D, diseño digital...-. ¿Qué parte de esa evolución tecnológica te interesa más?
- Todas. Sinceramente, en mi trabajo debo mantenerme curioso y con la mente abierta. Así que, cuando aparece cualquier tipo de innovación, tengo que entenderla, aceptarla -aunque suponga una forma diferente de trabajar-, usarla y jugar con ella. Al final, eso me ayuda en mi proceso creativo y, además, contribuye a crear un mejor producto. Es una situación en la que todos ganamos: yo, la marca y el consumidor final.
- ¿Lo primero que miras cuando conoces a alguien son sus pies?
- Cuando era dj a principios de los 90, el portero de la discoteca siempre miraba los zapatos de los clientes antes de decidir si dejarlos entrar o no. Era muy interesante. Ahora, cuando miro los zapatos de alguien, me gusta imaginar cómo es su vida, por qué ha elegido ese modelo... Nunca juzgo, solo imagino; es más divertido.
- ¿Es más divertido diseñar una zapatilla que un 'stiletto'?
- Soy un diseñador esquizofrénico: me encanta crear todo tipo de zapatos. Pero, por supuesto, al crear un tacón alto tienes que pensar diferente que cuando dibujas una zapatilla. Para mí lo más divertido es pasar de un boceto de tacón a uno de sneaker, saltar de uno a otro... Y luego ver si puedo incorporar elementos del diseño deportivo en el de tacón, y al revés.
- ¿Hay algo que te gustaría desmitificar sobre el diseño de calzado de lujo ahora que te unes a una marca más accesible?
- Hay que tener en cuenta que los parámetros son siempre los mismos, como para un músico: puedes componer piezas conceptuales para amantes elitistas de la música o temas para bailar dirigidos a un público más amplio. Pero, al final, en ambos casos usas las mismas notas y el mismo pentagrama: sólo compones de manera distinta según quién sea tu audiencia y qué tipo de música necesites crear. En el diseño de calzado ocurre exactamente lo mismo.
- Hace unos años lanzaste tu propia marca. Cuesta seguirle la pista. ¿Ese proyecto sigue vivo?
- Lancé dos: una más formal, David Beauciel, y otra más orientada a las zapatillas, 53045 SHOES. Detuve ambos proyectos. Las lancé para encontrar libertad y creatividad en el diseño, sin tener que discutir con los equipos de producto o de merchandising. Solo quería ser mi propio jefe y hacer lo que quisiera. Pero muy pronto entendí la realidad: negociaciones con clientes mayoristas, problemas con proveedores, control de calidad, producción... Así que, básicamente, la idea de ser libre se convirtió en una trampa donde la creatividad y el diseño representaban solo el 10 % de mi trabajo diario. El otro 90 % era logística, negocio y estrés. Demasiado para mí.
- ¿Sueñas alguna vez con zapatos?
- Sí... A veces sueño que visito zapaterías, veo nuevos modelos, y pienso: «¡Mierda! ¡Ese diseño es genial, pero no es mío!», y me siento superceloso... Pero luego me despierto y me doy cuenta de que, en realidad, era una de mis propias ideas la que veía en esa tienda. Así que lo que empezaba como una pesadilla de moda acaba convirtiéndose en un sueño, y me siento mejor, jaja.

