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Su padre, futbolista; su madre, jugadora profesional y profesora de tenis. Era fácil suponer que Sara Sorribes (Castellón, 1996) iba a llenar su vida de deporte, aunque no estuviera claro de cuál. "Un día fui con ella al club de tenis, me puso una raqueta en la mano y me gustó, se me daba bien", recuerda. Tenía cinco años y también le tiraba el fútbol, pero de manera natural se impuso la raqueta. "Me lo pasaba muy bien y ganaba partidos". Uno tras otro, hasta convertirse en campeona de España y después de Europa, con 16 años. "Ahí es cuando pensé: 'Ostras, esto ya es algo un poquito más serio'. He pasado muchísimas horas en un club de tenis, pero me encantaba entrenar".
Encontrar un hueco en su agenda para hacer esta entrevista no ha sido fácil. Siempre de acá para allá, de torneo en torneo, de una punta a otra del mundo, aprovechamos un evento de su sponsor, Nara Seguros, para hablar con ella. Estar tanto tiempo fuera de casa, lejos de la familia y los amigos, es el mayor sacrificio, porque "te pierdes momentos", reconoce. Pero disfruta tanto lo que hace -"Esa es mi mayor recompensa, más allá de la medalla, aunque también sea alucinante y te ponga la piel de gallina", confiesa- que asegura "llevarlo bien y no echar nada de menos".
Incluso, a pesar de los viajes y de un ritmo de vida tan diferente, ha conseguido mantener su círculo de amigos del colegio. "Soy una persona absolutamente normal y ni siquiera con la medalla (de bronce en los pasados Juegos Olímpicos de París 2024) me he venido arriba: pesa demasiado y te mantiene con los pies en el suelo". Tan normal no lo veo: sólo seis tenistas españolas han conseguido colgarse el metal, una de ellas Cristina Bucsa, su compañera en el podio, en dobles. "Es cierto que es muy complicado ganar una medalla, y si no lo hubiera hecho me hubiera dado algo en ese momento. Pero hay que verlo con perspectiva, si pierdes no pasa nada. Lo que hacemos es muy difícil, tiene mucho mérito. Y yo estoy en eso, en intentar dármelo. Hay que creérselo". Pero a ella no se le da bien: "Eso no me lo enseñaron mis padres". El pasado mes de mayo alcanzó el puesto número 17 del mundo en el ranking de dobles.
- A Cristina Bucsa, tu compañera en dobles, y a ti se os compara con la pareja que formaron en su día Arantxa Sánchez Vicario y Conchita Martínez...
- No, no... aún estamos muy lejos. Ellas consiguieron muchísimas cosas, muchísimo. A nosotras nos queda bastante camino por recorrer.
- ¿Han sido tus referentes en este mundo?
- Nunca he pensado en referentes como tal, pero siempre he tenido la suerte de conocer a gente que me ha inspirado mucho. Por ejemplo, a David Ferrer, en la primera academia en la que estuve. Se convirtió en mi ídolo, más por cómo es él que por lo que hace en la pista. Hemos compartido momentos muy bonitos.
- Es curioso que menciones a un chico como modelo. ¿Faltan figuras femeninas en el tenis?
- También me he fijado mucho en mujeres. Me gustaban Caroline Wozniacki, Ana Ivanovic, Justine Henin..., pero lo de David es diferente, porque tengo la suerte de conocerle.
- ¿Cómo está este deporte en cuestión de igualdad?
- Creo que es una de las disciplinas donde está todo más cerca, más igualado. Aunque, lógicamente, como en otros muchos todavía queda trabajo por hacer. Pero me gusta pensar que el tenis puede ayudar a hacer esa fuerza que se necesita para acabar uniendo todo un poquito más.
- ¿Económicamente os ha llegado también la igualdad o sigue habiendo una diferencia abismal?
- Hay diferencia, pero no tiene nada que ver con la que existe en el fútbol. No voy a decirte que en nuestro caso ganemos lo mismo, porque no es así, pero sí que nosotras participamos en los torneos más importantes, que tienen igual remuneración. Eso da bastante tranquilidad; sin ella, y sin el apoyo de los sponsors, no habría nada que hacer.
- ¿Cómo os tratan los sponsors?, ¿están volcados con el tenis femenino?
- Sí, son inteligentes y les gusta. Desde 2022 me patrocina Nara Seguros. A mí siempre me han ayudado y me han tratado muy bien; vengo de una familia humilde y si no hubiera sido por ellos no habría podido salir a competir ni contar con los entrenadores que he tenido.
- ¿Es cierto que el tenis femenino es más emocional?
- Eso es lo que siempre se dice. Quizá, pero tanto hombres como mujeres nos ponemos nerviosos y tenemos miedo por igual. Creo que la principal diferencia es la fuerza, que hace que nosotras necesitemos más técnica para competir al mismo nivel.
- El entrenamiento psicológico es igual de importante que el físico. ¿Cómo cuidas tu salud mental?
- Yo pongo ambos al mismo nivel; necesitas estar bien fuera de la pista para rendir dentro, aunque, lógicamente, si los resultados acompañan estás mejor. Yo cuido mi salud mental tratándome y hablándome bien, yendo a terapia y expresando mis miedos y emociones cada vez que puedo. Tengo muchas charlas con mis entrenadores para decirles lo que siento y me encanta el momento café, porque puedes estar dos horas conversando. A mí me gusta escuchar, me interesa saber la opinión de los demás, aunque no vean las cosas igual que yo.
- ¿Y cómo se sujetan los nervios antes de entrar en la pista?
- Es el peor momento, terrible. Tienes que autoconvencerte de que puedes hacerlo, porque si no, no entras. Yo los sujeto agarrándome a las pequeñas cosas: voy a entrar por aquí, a respirar, a mirar esto o aquello... Con el tiempo relativizas todo y piensas de otra manera: "Voy a dejar todo lo que tengo en la pista, pero si pierdo no pasa nada". Al principio, esa posibilidad es el fin del mundo.
- ¿Se lleva bien el tenis, al nivel que tú has alcanzado, con la vida personal?
- Sí. Durante una etapa es difícil, porque el tenis es tu vida, quieres conseguirlo todo y cada vez te pierdes más cosas, incluso llega un momento donde uno necesita parar y saber qué quiere.
- ¿Te ha llegado ya?
- Yo ahora no renuncio a un concierto o algo que me guste porque tenga un torneo en ciernes. Lógicamente, y con sentido, no quiero perderme nada porque ese ratito me da fuerza. El trabajo del día a día está ahí, pero se hace de otra manera. A mí disfrutar de esos momentos, no perdérmelos, me ayuda.
- Por ejemplo, ¿cuál ha sido ese último concierto al que has ido?
- El último, el de Paula Mateos, me encanta y tuve la suerte de conocerla, para mí fue un regalazo. Fue antes de empezar el Torneo de Madrid y para mí cambió un poquito todo, esa temporada no estaba siendo buena y a partir de entonces empezó a ser muchísimo mejor, le di la vuelta. De esa fuerza hablaba; se lo dije a ella y también le hizo mucha ilusión saberlo.
- ¿Qué haces fuera de pista, en tu tiempo libre?
- Soy bastante tranquila, la verdad. Me gusta mucho la música, tener conversaciones guays, comer bien... Y, sobre todo, disfrutar con mi gente.
- ¿Cómo te ves en los próximos años?
- Yendo muy en el día a día, porque aunque soy joven, creo que llevo bastantes años, y el cansancio no se mide por la edad, sino por lo que haya detrás. Quiero pensar que me queda tiempo, pero voy a ir poquito a poquito, porque no me hace bien irme muy lejos, me agobia mucho.
- ¿Cómo te gustaría colgar la raqueta?
- En paz, tranquila y sabiendo que lo he dado todo. Y preferiría que fuera en España, con mi gente.
- ¿Y después de ese salto al vacío, qué?
- Bueno, me encantaría formar una familia; ser madre, es algo que tengo ahí desde pequeñita y a lo que no quiero renunciar. Y disfrutar de la vida, en Valencia.
- ¿El hecho de querer ser madre pesa a la hora de adelantar la retirada?
- Es difícil de compaginar, aunque es cierto que hemos avanzado mucho y ahora podemos utilizar el ranking protegido, cosa que está superbien y da tranquilidad. Pero, más allá del tema de tener hijos, creo que mi cuerpo me dirá "hasta aquí". Cuando sienta que no disfruto y no soy capaz de levantarme con la misma ilusión e ir a entrenar con las mismas ganas, me será imposible seguir. Espero que ese momento esté lejos.
- ¿Cuál es tu principal virtud, la que te ha hecho llegar hasta aquí?
- La constancia. Y el saber, y querer, escuchar; aceptar que no soy un resultado ni un ranking o un partido ganado o perdido. Tenerlo claro es superimportante, porque si no te machacas. Por desgracia, se aprende más de las derrotas, se pueden sacar cosas muy positivas. Los genios, como Rafa Nadal o Roger Federer, te dicen que de las victorias también..., claro, porque ellos ganan, pero no es lo normal.
- Ahora que ya tienes una medalla en el bolsillo, ¿qué quieres conseguir?
- Ser feliz. Claro que quiero ganar más cosas, pero mi carrera ya ha sido mucho mejor de lo que hubiera podido imaginar.
Sara Sorribes es ahora mismo un referente para quienes vienen detrás. ¿Te ves de profesora, como tu madre, cuando dejes el deporte de élite?, le pregunto antes de despedirme. "Me gustaría, aunque sea sólo por transmitir un poquito mi experiencia y lo mucho que me gusta el tenis, aunque sé que me costaría muchísimo viajar". Ella, que como plan b contemplaba ser periodista, por lo mucho que le gusta escuchar, anima a todas las niñas a coger la raqueta: "Es un deporte que te hace pensar y te obliga a sacarte las castañas del fuego tú solo".



