Hace un mes que no acaricio tu pelaje. Que no paso mis dedos por tus orejitas, siempre tan suaves. Que no te miro a los ojos, esos que eran la envidia de cualquier chocolate. Joder, cuánto te echo de menos.
Hay gente que no entiende esa sensación, de que un animal, un ser de otra especie, forme parte de tus pilares en la vida. Pero, esos humanos locos que también conociste, que te saludaban primero a ti, saben de lo que hablo. Que ni la especie era muro para esa electricidad comunicadora, para esa conexión invisible, fruto de tantos días, meses y años.
Pero tú, Titán, llegaste de la forma más inesperada; con una llamada, en uno de mis rutinarios paseos nocturnos por la playa. Después, en enero de 2021 empezaste a venir los fines de semana, y en febrero ya te quedaste. El resto, ya es historia, y para más inri, contada y dibujada.
"Y de repente me encontré siendo dueña de un rottweiler de 40 kilos que no era mío y apenas conocía, a la espera de que él regresara". Es el inicio de nuestra historia, aunque la haya escrito y dibujado yo, es tuya también. Desde el momento en el que tu anterior dueño cruzó el umbral para dejarte conmigo, muchas cosas cambiaron. Porque no se merece la palabra "padre", y más después de todo lo que descubrí tiempo después de tenerte. Pero eso es otro tema, porque justo ahí entraste en mi vida, y la revolucionaste por completo.
Primero, a derribar mis propias creencias, porque de ser catalogado de "potencialmente peligroso" pasaste a ser "potencialmente cariñoso" nada más conocerte.
Y después empecé a cuidarte, y por ende a conocerte como antes no lo habían hecho: A pasear todos los días y dejar que olisqueases todas y cada una de las palmeras del paseo marítimo. A agarrar con fuerza la correa no por violento, sino por las ganas que tenías de jugar con otros perros, y más a los que conseguías que no huyeran de ti por pesado. A estar pendiente de mi espacio vital en la cocina cuando tocaba hacer la cena, porque sin duda, rondabas siempre al acecho de cualquier trozo de comida que osara acercarse al suelo. A lo nervioso que te ponías en Navidad cuando se cocinaba el caldo en casa, aromatizando el hogar y ya no sabías qué hacer para que te diéramos algo. A que, incluso, para mi gente pasase de "Gema" a ser "La dueña de Titi".
Pero también aprendí lo que realmente es preocuparme por alguien: Saber que tiene todas las vacunas, aunque no tuviera idea de todo lo que necesitabas. A hacerte pasear incluso bajo la lluvia, pero con un atuendo bastante llamativo y que te hacía aún más inofensivo y fotogénico. A, si hacía falta, ponerme delante para protegerte de un mastín con intención de morderte. Y lo haría mil y una veces más. Gracias a ti, comprendí cada una de las letras de la palabra cuidar. Que, de alguna manera está ligado al querer, pero también a sufrir. Y a pesar de que hace justo un mes, no quiero regodearme en tus últimos meses. Porque ya lo dije mil y una veces: Merecías que se contara toda tu historia.
Es posible que tu vida no sea diferente a la de cualquier otro perro, a lo mejor hasta es menos dramática que la de muchos que acaban en protectoras, pero es que el abandono tiene muchos tintes, más del que me hubiera gustado ver. Y me sulfuraba el haber visto con mis propios ojos que fuiste el capricho de turno. Como si fueras el último smartphone. O peor aún, como un regalo estacional el cual pierde la utilidad en la próxima temporada. Vi la tristeza en tu mirada cuando te conocí, pero también recuerdo cada una de ellas cuando llegaba a casa después de trabajar. Pero no me perdonabas más de 3 días de viaje, aunque fuera para hablar de ti a través del lápiz y el papel.
Ya me lo dijeron más de una vez: "Lo veo más feliz desde que está contigo". Pero lo que no me daba cuenta, ingenua de mí, es que yo también lo era. Cada momento del día, por tonto que fuera, era algo extraordinario. Y lo peor es que me costó, mucho, decir que era "tu dueña". Que eras "mío". Porque eras una responsabilidad tan grande, a la vez que me sentía tan pequeña... Pero también es lo que dicen al principio las madres. De cualquier tipo de especie.
Y me dejo mucho por contar, porque no tendría suficiente papel para contar todo lo que has significado. Todas las anécdotas que podría contar. Todo lo que pasamos juntos.
Todavía te lloro, todos los días. Pero es lo que toca, me dicen. Y todavía me queda. Porque para mí, no eras una simple mascota; Eras mi compañero de vida.
*Mi vida con Titi (La Esfera de los Libros) es el último trabajo de la ilustradora Gema Over.


