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En el imaginario colectivo el Caribe rebosa de vegetación exuberante, aguas transparentes y turquesas y playas de arena blanca salpicadas de cocoteros. Si añadimos al locus amoenus lo que esperamos de un complejo hotelero de pulserita, entran en plano bares y restaurantes donde disfrutar a cholón, piscinas azulísimas y pistas de baile. Ah, y una agenda nutrida por eso que se ha venido a llamar turismo activo, esto es, actividades para alternar la hamaca, el bufé y la piña colada con su poco de wellness y su otro poco de acción. Que no se diga.
Este escenario natural apabullante unido a la fórmula de resort todo incluido resume el concepto del hotel Club Med Punta Cana, levantado por el grupo de origen francés en 1981 y que ahora reabre tras una profunda renovación en sus espacios. Aunque muestra una armadura actualizada, la esencia es la misma: vacaciones, disfrute y libertad sin complicaciones. Un paraíso para relajarse sin cash ni tarjeta una vez hecha la reserva, claro está.
El paraíso, a nueve horas de vuelo
Este modelo de pagar antes para olvidarse después lo implantó el fundador de la cadena hotelera, Gérard Blitz, cuando hace 75 años puso la primera piedra de Club Med precisamente en España, en la costa mallorquina de Alcudia. Décadas más tarde y ya con un accionariado mayoritariamente chino, el todo incluido sigue siendo marca de la casa, un pasaporte que como turistas nos coloca inmediatamente en mood relax.
Situada en el extremo más oriental de República Dominicana, el vuelo desde España a la región turística de Punta Cana dura en torno a nueve horas y la ubicación estratégica del resort, a solo 10 minutos en un bus lanzadera, proporciona al huésped una llegada sin estrés. El vestíbulo es uno de los espacios renovados cuyo diseño abierto y techos altísimos ofrece al viajero una agradable acogida tras el viaje. La madera predominante y un vistoso globo aerostático como photocall perfecto son algunos detalles premonitorios sobre lo que este destino tropical promete.
Joia, el enorme bar principal del resort, y El Mundo, un restaurante con estaciones gastronómicas tematizadas que abarca desde la cocina asiática a la mediterránea, pasando por la dominicana y la francesa, son otras novedades del hotel. En un ambiente claramente internacional, acorde a su clientela, el huésped dispone de una amplia carta de cócteles sofisticados, ceviches, humus, pizzas, sushi, etc., con los que escapar de la monotonía que a veces provocan los bufés al uso.
Una cafetería nueva, que rinde homenaje a uno de los cultivos históricos del país, y la transformación completa de 144 de sus 566 habitaciones son otras dos patas sobre las que asienta la reapertura de Club Med Punta Cana.
Un parque acuático para niños de 4 a 12 años
Aunque hay una guinda para este pastel que interesa, y mucho, a los más pequeños, una parte esencial para un hotel que se reivindica como destino turístico para parejas, grupos de amigos y familias. Se trata de un parque acuático recién inaugurado con toboganes y atracciones pensado para niños de 4 a 12 años que es un auténtico imán para ellos.
A los adolescentes, ya se sabe, no se les convence tan fácilmente. Para camelarlos, el resort cuenta con un club juvenil subdividido en dos tramos de edad (11-13 y 14-17) que proporciona a los chavales la compañía de sus iguales: organizan grupos con las actividades disponibles para el público en general (esnórquel, tiro con arco, pádel, circo, etc.) que pueden abarcar, si se tercia, hasta las comidas y las cenas. Así pues, adolescentes contentos, familias felices.
El aburrimiento está prohibido para todos: una sesión de yoga frente al mar, una salida en kayak para ver mantarrayas, una clase de baile latino y una mañana de golf son posibilidades para divertirse sin abrir la cartera.
Áreas exclusivas: suites privadas y espacio solo para adultos
Si viaja solo con adultos y prefiere evitar el bullicio, el hotel cuenta con una zona exclusiva (incluida piscina con jacuzzi) que es un remanso de paz; si elige este rincón del Caribe para casarse, puede dar el sí quiero pisando la mismísima playa y celebrar un convite en un espacio privado; y si lo suyo son las experiencias elevadas, puede alojarse en un área reservada con suites frente al mar y darse el lujo de sumergirse en una infinity pool.
Aunque la vida dentro del resort es estimulante, tampoco conviene olvidarse de dónde está: República Dominicana, el país de la caña de azúcar, del ron y del béisbol, ofrece al viajero curioso una naturaleza salvaje y una cultura criolla y vibrante que bien merecen disfrutarse.
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