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Hay que meter tripa para que pase el coche por esta estrecha vía en el corazón del casco histórico de Toledo. Hace tres años, lo que veíamos delante era una casa en ruinas. Una minuciosa y sugerente restauración lo ha convertido en un insospechado hotel boutique. Insospechado para muchos los que aún ven en Toledo como un tesoro Patrimonio de la Humanidad inmutable. Quinta Esencia, como se llama este alojamiento que acaba de abrir sus puertas, es la prueba de que algo excitante se mueve en la ciudad del Greco.
El hotel es tan viejuno como contemporáneo. Las páginas de la historia del edificio (y de la ciudad) se detectan en cada pared, cada suelo hidráulico, cada detalle de este palacio que ha tenido más vidas que un gato. Precisamente, la rehabilitación ha tenido facetas arqueológicas para mantener a la vista del viajero todo ese pasado que el arquitecto del proyecto, Jesús Corroto, ha envuelto luego con un lazo muy actual. Qué arriesgado equilibrio y cuántas sorpresas en cada una de las 13 habitaciones, todas diferentes. Cómo no iba a serlo si en Toledo no hay "un solo ángulo recto". "Ha habido que adaptándose a la topografía irregular de la ciudad", señala Corroto.
Quinta Esencia reparte su encanto en torno a un patio. Hasta aquí, nada nuevo. Las casas patio forman parte del valor inmaterial de la ciudad. Aunque estos no tienen nada que ver con los floreados de Córdoba. Aquí la luz no irrumpe a raudales, sino que está controlada, creando una ambiente sosegado, mágico. Es un oasis al que se llega por un zaguán y donde se respira un microclima que puede enfriar hasta en cuatro grados la temperatura de la calle. Y son de cal y yeso, pero el color no falta, sino que es más sutil y uno de los grandes aciertos. El palacio ha recuperado dos colores típicamente toledanos: el verde monte y el rojo almagre. Otros detalles salpican aquí y allá: el agua "canta, baila, danza, como decían los árabes" en el aljibe, que sirve de banda sonora.
El proyecto empezó a gestarse durante la pandemia. Corroto, que es además el gerente del Consorcio de Toledo, el organismo que se encarga de velar por el casco histórico, quería un hotel que transmitiera autenticidad al viajero. De ahí que haya sido tan escrupuloso a la hora de mostrar todas las cicatrices del edificio. Si las paredes de este hotel hablaran contarían varias debacles toledanas. Una fue el incendio de la Magdalena que asoló el centro en el siglo XV. Otra fue el terremoto de Lisboa de 1755, cuyos temblores llegaron hasta la ciudad del Tajo tambaleando sus cimientos. "Podéis verlo aun en los forjados, que es una imagen muy potente", apunta el arquitecto.
Y a estos sucesos se unen los diferentes usos que tuvo el inmueble. El palacio perteneció a una de las familias poderosas de la ciudad —tal y como revela el escudo heráldico luce aún en la fachada— pero en el siglo XX se convertiría en una humilde pensión. "De hecho, el primer proyecto no se parece en nada a cómo ha terminado siendo", señala el arquitecto antes de enumerar todos sus hallazgos: un sillar romano del siglo II, una fuente gótica, paramentos de un edificio mudéjar...
Responsable de otras rehabilitaciones históricas en la ciudad, como el Corral de Don Diego y Salón Rico de Toledo, Corroto ha contado con aliados imprescindibles en Quinta Esencia: todo un elenco de maestros artesanos locales que le han conferido personalidad al hotel y que se perciben en muchos detalles, empezando por la maravillosa escalera, realizada por Jesús Adeva, premio Richard H. Driehaus a las Artes de la Construcción. También se aprecia la maestría en las escayolas, la alfarería y toda la carpintería. El confort de la madera y la sencillez son las protagonistas en las habitaciones, donde no hay plásticos. Hasta la máquina del aire acondicionado está expuesta, dándole un toque industrial, para subrayar la idea de que nada es impostado. Todos los muebles son de madera con detalles hidráulicos y todos los objetos de cerámica.
Otro aspecto original lo vemos en los cuartos de baño, concebidos como módulos independientes y hechos en viroc, un material "con alma de madera". Es difícil quedarse con una habitación porque cada una es distinta a la anterior. Claro que las mejores son las superiores, con vistas a la catedral y sus torres rompiendo el skyline toledano. Podría ser un cuadro de Doménikos Theotokópoulos.
"La ciudad de Toledo no es como Florencia, como Barcelona o Venecia. Aquí ahora mismo hay alrededor de 1.500 camas hoteleras. Por eso nuestras 13 habitaciones tenían que ser diferentes para poder tener otro público objetivo que valorase esta intervención", afirma el arquitecto. "No hay nada similar en Toledo. Ha sido un salto mortal arriesgado pero a la larga es como nos tenemos que diferenciar".
El edificio alberga tanto el hotel Quinta Esencia como La Esencial, una taberna toledana contemporánea con producto de kilómetro 0. El aceite y algunos otros productos proceden de la finca de agricultura regenerativa de la propia familia Corroto. Todo queda en casa. El caso es que hay varios platos de obligado cumplimiento. Uno es el cordero, sencillamente delicioso. Otro es la tarta de pistacho. En este hotel también el postre deja huella.
| Quinta Esencia. Sus 13 habitaciones son todas diferentes. Desde 125 euros/noche. Web: www.restoledo.com
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