- Experiencia El Camino de Santiago para comodones: sin mochila al hombro y durmiendo en buenos hoteles
- Ávila Casas encaladas, aire puro y cabras monteses: el rincón del valle del Tiétar donde volver a lo básico
En las Rutas del Vino de España, una de las mejores formas de explorar nuestra geografía, encontramos, casi a cada paso, una razón para detenernos. Puede ser un pueblo medieval, una almazara o una tienda de mermeladas caseras. Bodegas, desde luego, hay muchísimas, pero también mil comercios artesanos, empresas de multiaventura y hoteles de mil naturalezas. Y entre toda esa gente unida a la tierra y las tradiciones que habitan las rutas, hay vecinos de toda la vida y otros aventureros que han cambiado la ciudad por el campo y se han embarcado en proyectos que ofrecen otra forma de hacer turismo. Estos son algunos de ellos.
Astroturismo en La manchuela
La Manchuela le impactó. "Me enamoré". Hasta el punto de que Alejandro Daries, madrileño de Hoyo de Manzanares, se afincó hace un lustro en Tolosa, una pedanía de Alcalá de Júcar, donde vive con otros 15 vecinos. Le conquistaron La Manchuela y sus cielos. Porque esta singular comarca manchega es destino Starlight, el sello que certifica los firmamentos más limpios y estrellados. Él se dedica al astroturismo y al ecoturismo, y hasta le pone una pizca de enoturismo al territorio, para muchos viajeros un completo desconocido, pese a ser "paisajísticamente espectacular".
Arropada por Cuenca y Albacete, La Manchuela está enmarcada por el río Júcar, con un cañón serpenteante que "recuerda a los fiordos noruegos", y su afluente Cabriel, "uno de los ríos más limpios de Europa y denominado Reserva de la Biosfera". Cuenta también con joyas culturales como Alcalá del Júcar, uno de los pueblos más bonitos de España.
Daries propone al visitante varios planes diferentes para explorar este territorio, como su actividad de senderismo bajo la Luna, lo que él llama baños de Luna. Y como miembro de la Ruta del Vino La Manchuela prepara para las noches de verano unas veladas entre estrellas y vinos de este terruño bendecido por el clima seco de La Mancha y el viento solano que puede presumir de uva autóctona, la bobal. "Es un plan muy agradable. Una noche estival te sientas a tomar una copa de tinto mientras te explican el vino de esta la tierra y después pasamos a hacer una observación del cielo. Con el láser astronómico te voy explicando lo que estamos viendo. Luego, con el telescopio, podemos mirar la Luna y algún planeta". Daries bromea con que los romanos seguramente nombraran así las estrellas, es decir, copa en mano. Es cierto que estos cielos nocturnos manchegos son insuperables. Aunque, ojo, que aquí por la noche refresca en verano y hay que ponerse una chaquetita.
Sabores auténticos en Cariñena
Las calles de Almonacid de la Sierra, en la Ruta del Vino Campo de Cariñena, huelen a culecas, mortajas, mantecados y hojuelas. El culpable de que esta repostería de siempre siga viva es Luis Ángel López, panadero en este pueblo aragonés en las faldas de la sierra de Algairén. Hace ya 13 años, este chico de ciudad —nació y creció en Zaragoza— aceptó el reto que le propuso el maestro panadero de Almonacid justo antes de jubilarse: aprender durante un año todas las recetas antiguas con el fin de mantener abierto uno de los últimos hornos de leña y salvaguardar el saber tradicional. Hoy, López ha superado con creces la misión que se le encomendó. Su interés por la recuperación de recetas y la historia gastronómica se ha convertido en una labor más amplia de difundir los tesoros del patrimonio de Campo de Cariñena que le ha hecho merecedor de uno de los Premios de Enoturismo Rutas del Vino de España.
Más allá de las delicias que salen de su horno de leña, López cocina con otros ingredientes. Arte, cultura, tradición y enoturismo, por ejemplo, que son los componentes de Maridando Patrimonio, una iniciativa que invita al visitante a conocer los vinos de la DO Cariñena, una de las más antiguas de España, y otros productos de la tierra a través de un programa de 30 catas en lugares icónicos, como un castillo templario o una ermita abandonada. El interés les ha desbordado. "En la última cata, llenamos las 80 plazas en dos horas", señala López. Razones para acercarse a Cariñena hay. "Además de los viñedos, la Sierra de Algairén, a media hora de Zaragoza, tiene una riqueza natural brutal. Además contamos con el mayor bosque de roble blanco de Europa y una ruta botánica espectacular que hace muchísima gente a pie o a caballo". En esta senda harán en verano una cata bajo la luz de las velas.
Otra forma de saborear el territorio que propone López es a través de la figura de Juan Altamiras, el franciscano local que en el siglo XVIII escribió un famoso manual de cocina utilizando productos de temporada y kilómetro cero, y que aún resulta vanguardista. "En España es más desconocido, pero resulta que en todo el mundo este libro de recetas tradicionales y métodos muy avanzados a su tiempo es un famosísimo best-seller". Existe una ruta de bares, restaurantes y panaderías como la de Luis Ángel donde se pueden probar platos y tapas basadas en este manual.
Encanto en Rías Baixas
Encontramos a otro madrileño al frente de Quinta de San Amaro, un pequeño hotel con encanto ubicado en Meaño, corazón de las Rías Baixas. Con 39 años, Nacho Crespo tenía sueños de cambiar de vida —"era ahora o nunca, nos cuenta", y eligió este pueblo en la comarca del Salnés por su localización. "Estamos a 10 o 15 minutos de un montón de sitios muy conocidos, como La Toja, O Grove, Combarro, Sanxenxo, Cambados... Y rodeados de playas y de unas 200 bodegas. Porque Meaño es además uno de los grandes productores de uva de la subzona de Val do Salnés de la DO Rías Baixas, así que estamos en ese mar de viñedos que ahora mismo está todo brotando".
Crespo quería un hotel que reflejara toda la autenticidad de la zona y donde primara la atención al cliente. "Cuando has vendido tu casa y tu empresa, sacando dinero de donde puedes, quieres montar una cosa razonablemente buena y molona, pero hay una parte humana que no tiene nada que ver con las instalaciones que puedas tener. Hay una actitud,, la mía y la de todo mi equipo, que creo que el huésped aprecia mucho. La magia del turismo tiene mucho que ver con llegar al corazón de la gente".
Él ha hecho de la quinta una especie de "micro resort o de campamento para poder conocer las diversas facetas de lo que es el destino". Hablamos de enoturismo, desde luego, de catas y actividades en bodegas y talleres de cocina y maridajes que se pueden realizar en el mismo hotel. Pero también de planes diferentes como contemplar los viñedos desde el mar, a bordo de un barco que realiza la ruta de las artes de la pesca. "Es una forma de ver in situ las bateas, cómo es la extracción y producción y el esfuerzo humano que implica este trabajo. Yo siempre insisto a las familias que lleven a los chavales porque a veces los niños tienen la sensación de que los mejillones nacen en las latas", dice riendo. Crespo asegura que el potencial turístico de las Rías Baixas es sorprendente. "La gente, de verdad, se queda alucinada".
Vinos y arribes salvajes
Liliana Fernández y José Manuel Beneitez. Ella de Gijón, él de Madrid. Ambos ingenieros forestales y, desde hace diez años, bodegueros en Formariz, uno de los pueblos, pueblecitos, de la DO Arribes del Duero donde durante el año vive un puñado de vecinos. Los encontramos en el viñedo. Dónde si no: es primavera. La naturaleza salvaje de esta zona tantas veces olvidada, tan rabiosamente bella, está en plena explosión. Pero en la viña empieza a correr el reloj. "Hay que entrar ya rápido, corriendo. Hay que abonar, arar y hacer tests. Y tiene que dejar de llover y ya no puede helar...", resumen los dueños de El Hato y el Garabato, como se llama la bodega que fundaron hace diez años con la idea de recuperar el paisaje de viñedo tradicional, variedades locales olvidadas como la juan garcía, la bruñal o la uva puesta en cruz, y maneras de elaboración tradicionales. "Nosotros empezamos de cero, alquilando un depósito en una cooperativa. Dos años después compramos una ruina, que era la antigua casa de mi bisabuelo, donde hicimos la bodega y nuestra casa", explica José. En esta década han pasado de tener media hectárea de viña familiar a unas 10 hectáreas más de viña muy vieja que alquilan en el entorno.
También han llegado los reconocimientos en un sector donde no es fácil precisamente abrirse hueco. Y, pese a que Formariz no es cruce de caminos de nada, han aparecido los enoturistas. Algunos van directamente a la casa-bodega de Liliana y José para catar sus vinos. El Hato y el Garabato es, además, parte de la Ruta del Vino Arribes. Faltaría menos. Liliana es la gerente y orgullosa de ello, ya que considera que es una «herramienta fundamental» para dar a conocer los recursos turísticos del territorio. Y en Arribes son muchos y muy interesantes. "Es un hot spot de diversidad", recuerda Liliana. "Somos parque natural, Reserva de la Biosfera, zona especial de protección y tenemos unos paisajes que sobrecogen. Es muy difícil transmitir cómo te sientes cuando estás asomado al cañón del río". "Lo que es Arribes es el Duero salvaje", añade José. "Gracias a su aislamiento tiene un punto de autenticidad que ya guardan pocos territorios. Este para mí es su gran encanto".
El premiado AOVE de Yecla
Hace 15 años, Marcelo y Rafaela cumplieron el sueño de crear juntos una almazara para elaborar aceites ecológicos de gran calidad. Hoy, Deortegas produce y vende algunos de los mejores aceites de oliva virgen extra del mundo desde Yecla, Murcia. Más de 60 premios nacionales e internacionales lo avalan. Su hija Marta Ortega Ortega también está metida en este proyecto familiar. "Estudié audiovisuales, pero luego me formé en agricultura regenerativa y agricultura sintrópica que es lo que a mí me atrae y lo que sentía que tocaba en estos tiempos". Su padre fue uno de los primeros en la región en cultivar en ecológico en esta finca del paraje de los Pinillos donde, además de olivos, crecen almendros y viñas.
En ella, Deortegas, miembro de la Ruta del Vino de Yecla, fomenta mucho el oleoturismo. Es una forma de aprender del AOVE y de contar los procesos de esta personalísima almazara que nació para no tener residuos. "Aquí todo, de alguna manera vuelve a usarse". Marta propone también otras formas originales de disfrutar de la experiencia olivera a través de sesiones de yoga entre olivos. El plan se completa con un desayuno con distintos maridajes de aceite, un tapeíto y vino de la ruta, todo con vistas asombrosas a la Sierra de Salinas que, como apunta Marta, cuenta con mucha vegetación autóctona. "Es preciosísima".
| Más información sobre las Rutas del Vino de España aquí.
Puedes seguir a El Mundo Viajes en Facebook, X e Instagram y suscribirte a nuestra newsletter aquí










