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En las alturas del valle del Tiétar, Guisando extiende su caserío en la garganta abierta por el río Pelayo. Protegido por la Sierra de Gredos de los cierzos norteños y a una altitud muy inferior que la de la vertiente norte, la comarca goza de un microclima moderado.
Es cierto que aquí cuando tiene que nevar, nieva, y si hace frío, hay que ponerse el plumífero, pero es otra cosa que al otro lado de la montaña. Estamos en la comarca abulense de clima más benigno. Tan diferente del resto de la provincia y de Castilla entera, que es conocida como la Andalucía de Ávila.
Guisando es fiel reflejo de la denominación. Nada que ver con la idea que por lo general se tiene de los pueblos castellanos. Las hechuras del caserío recuerdan a los andaluces, hay quien incluso señala parecidos con los pueblos de Marruecos.
Lejos de la severidad castellana, el encalado de los edificios, el maderamen de mamposterías y balconadas, el colorido de las flores que asoman entre los barrotes de los balcones y enseñorean las ventanas, subrayan la esencia de esta arquitectura sin arquitectos, pero obediente con los mandatos y condiciones del lugar donde se alza.
Apretujado en los pliegues de la ladera, el caserío destaca por su armonía, a pesar de algunos edificios que afean el conjunto. Hay que olvidarse de ellos, buscar las fachadas encaladas, el blanco cuarteado por el entramado de vigas de madera característico de la serranía gredense. Entre ellas, se abren amplios corredores, solanas las llaman por aquí, justificando su uso. En ellas, la ropa tendida al sol convive con innumerables macetas.
Por encima de todo el ajedrez que componen los tejados rosados, entre cuyas tejas brotan las inconfundibles chimeneas del lugar. Verdaderas construcciones en miniatura, pequeñas torretas fortificadas incluso, algunas tienen grabadas la fecha en que se construyeron, en ocasiones hace más de 150 años. Si hay suerte, de sus pequeñas aberturas veremos salir la fumata de un cabrito asado o unas truchas recién pescadas en el Pelayo.
Lo mejor que se puede hacer en Guisando es callejear por su geografía. Recorrer las calles empinadas, acabar en un callejón sin salida y de regreso, cruzar una plaza de geometría imposible, recoger el sosiego del rumor del agua que desborda una fuente. Atravesar por un puentecillo la sorpresa de un riachuelo que es un vecino más del pueblo, recuperar, en fin, el resuello bajo un generoso alero de borde rebosado por el rojo de los geranios.
cAMINATAS Y BICI
Residencia perpetua del mejor aire libre que pueda respirarse, los valles que rodean la población se visten con extensos pinares. Los recorre un dédalo de pistas forestales que son buen destino para caminatas y marchas en bicicleta.
La Casa del Parque 'El Risquillo', en las afueras del pueblo, brinda información del Parque Regional de la Sierra de Gredos y de las actividades que pueden realizarse. Aquí se abre 'El rincón de la memoria' exposición de fotografías, útiles de la vida tradicional y otros objetos que resaltan la vida de los paisanos del lugar y sus tradiciones.
Monte arriba se alcanza el Nogal del Barranco. En los alrededores abundan las charcas que son piscinas naturales de un agua más que fría aun en pleno verano. Mientras llega el estío, la escultura de la cabra montés, instalada en los pasados 70 por el ICONA, es punto de partida para otra actividad más recomendable en esta época del año. Se trata de una de las excursiones más apreciadas de toda la serranía. Lleva al pico de La Mira y a los Galayos.
Para alcanzar los 2343 metros de la montaña hay que caminar un mínimo de tres horas. Primero por el cómodo camino empedrado de La Apretura, a continuación por una senda muy empinada, en la que hay que subir con cuidado. Así se alcanza el refugio Victory, desde el que se contempla el bosque de agujas del Galayar. Algunas de sus paredes miden más de 300 metros son destino recurrente de los montañeros.
A lo largo de la esforzada subida es sencillo contemplar, casi tocar con la mano, otras cabras monteses, estas de carne y hueso. La protección bajo la que viven las ha vuelto curiosas y confiadas. En el cielo, los buitres leonados con sus planeos interminables.
Completa el trío emblemático de animales bandera de la sierra la especie alada más escasa de la península Ibérica, el quebrantahuesos. Se ha reintroducido en Gredos con ejemplares procedentes de Pirineos desde 2022. Hoy es fácil verlos volar sobre los riscos castellanos.
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