Hubo una época en la que ver la televisión los sábados por la noche significaba Tom Hanks. Las cadenas públicas parecían tener una oferta dos por uno con sus películas y alguna generación que otra se sabe de memoria Esta casa es una ruina y Big. Pero entre aquellos éxitos que labraron la primera etapa del actor había otro título recurrente, No matarás... al vecino.
Estrenado en 1989 y dirigido por Joe Dante, el film mezclaba comedia negra con suspense casi de terror en un cóctel extraño que no convenció a la crítica, pero que el público fue redescubriendo poco a poco tanto en los pases televisivos como en VHS durante los 90. Ahora, casi cuatro décadas después, Peacock (SkyShowtime para Europa) revalida sus estatus de culto rescatando la historia original en una serie de ocho episodios, bajo el titulo original de The Burbs, que mantiene el espíritu pero cambia bastantes elementos.
Por contextualizar, No matarás... al vecino era una rareza incluso para Tom Hanks, quien interpretaba a un hombre demasiado desocupado que decide pasar una semana de vacaciones en casa, sin quitarse el pijama, leyendo el periódico o durmiendo la siesta, hasta que unos vecinos nuevos, la familia Klopek, se mudan a la casa de al lado. Una familia extraña, con una mansión gótica destartalada de donde salen ruidos raros y que nunca ponen un pie fuera durante el día. Parte del encanto era la colección de vecinos, igual de paranoicos, entre los que destacaba un veterano de guerra interpretado por Bruce Dern, junto con los que Hanks sospechaba que los Klopek eran una secta satánica o de caníbales.
La película era una sátira sobre la obsesión estadounidense por mantener las apariencias en los suburbios, la desconfianza hacia lo diferente y la naturaleza conspiranoica del estadounidense medio, por lo que se mantiene bastante relevante en la actualidad, más en tiempos de Qanon y pizzagates, herederos del mismo satanic panic que alcanzaba su cénit en la época en la que fue rodada por Dante. Toda la acción transcurre en la Colonial Street de Universal Studios, la misma calle que después sería Wisteria Lane en Mujeres desesperadas.
El salto a la televisión comenzó de manera casi casual. Durante el confinamiento de 2020, Seth MacFarlane empezó a charlar con el productor de la original sobre sus comedias ochenteras favoritas. No matarás... al vecino salió a colación y MacFarlane pensó que podría funcionar como una serie rodada en el mismo set con un equipo reducido, aprovechando las restricciones Covid. Una idea espontánea que fue cobrando forma con Celeste Hughey como creadora y showrunner, quien ya había hecho una adaptación de cine a televisión de otra película, el remake de Alta Fidelidad de Hulu.
El enfoque fue honrar el ADN de la película sin intentar replicarla. Nueva historia, personajes diferentes, pero con detalles clave más que reconocibles. Hughey se inspiró en su propia experiencia como mujer mestiza creciendo en un vecindario mayoritariamente blanco, una perspectiva racial y de género que se convirtió en el eje de la serie, por lo que para la creadora solo había una posibilidad como protagonista: Keke Palmer, a quien el guion trata de exprimir como actriz cómica y explorar posibilidades que la estrella había ido dejando en papeles previos como el de ¡Nop!
Aquí hace de Samira Fisher, quien acaba de tener un bebé y se muda a la casa de la infancia de y su marido Rob, un cul-de-sac idílico en Hinkley Hills, el mismo pueblo ficticio de la película. Todo es muy bucólico hasta que la mujer empieza a sospechar de la casa victoriana abandonada al otro lado de la calle, que lleva más de 20 años cerrada. Pertenecía a la familia Grant antes de que desaparecieran misteriosamente y ahora, un tipo raro y su supuesta esposa parecen haberse mudado allí, aunque nadie les vio llegar. En plena paranoia postparto, Samira empieza a reclutar a sus vecinos para investigar, toda una fauna bastante divertida entre la que destaca Mark Proksch, de Lo que hacemos en las sombras, como un tipo raro obsesionado con la seguridad del barrio.
La clave de esta versión son los aciertos del casting, desde la dupla protagonista a los secundarios, con un gran timing de comedia que marca un tono casi similar al de una sitcom. Sin embargo, The Burbs juega constantemente con las expectativas del thriller doméstico, las pistas falsas, la sospecha razonable frente a la imaginada, y algunos misterios que van concluyendo para dar lugar a otros más grandes en la segunda mitad de la temporada. No se diferencia mucho de lo que podría ser Solo asesinatos en el edificio cambiando la gran ciudad por los barrios residenciales.
La serie se ha rodado en la misma Colonial Street de Universal Studios donde Joe Dante levantó la película en 1988, aunque la mansión victoriana está ahora en lo que era la casa de Ricky Butler, el adolescente que interpretaba Corey Feldman. La diferencia es que ahora el lugar es amenazante por el historial de desapariciones que arrastra, no por sus habitantes, para alejarse un poco del toquecillo xenófobo original, donde los Klopek eran sospechosos por ser "extranjeros" de Europa del Este. El desarrollo de la investigación hace salir secretos enterrados durante años, y como es habitual en estas tramas, todos los vecinos tienen algo que ocultar.
Maridos en frigoríficos, traumas sin resolver, identidades falsas... hay bastantes secretos y vergüenzas que amplían el juego de sospechas de la película, hasta el punto en el que The Burbs funciona como producto completamente autónomo. Hay guiños como las cenas de sardinas, los nombres de calles, incluso pequeños cameos de Tom Hanks y Wendy Schaal, pero en general tiene más que ver con la fiebre murder mystery contemporánea surgida con Puñales por la espada y las adaptaciones de Agatha Christie de Kenneth Branagh.
La serie lleva un 80% de aprobación de Rotten Tomatoes y un 63/100 en Metacritic, una acogida favorable, aunque muchos señalan, no sin razón, que aligera de más los aspectos oscuros del film. Algo que se veía venir, aunque para la gran mayoría de nuevos espectadores no tendrá mayor importancia. Dante no está involucrado creativamente, pero dio su bendición al proyecto, una artimaña habitual en esta época de remakes, recuelas, reboots en la que, con todo, No matarás... al vecino aparece como una propiedad sin mucha ambición nostálgica.
Además, si funciona no se descarta que tenga continuidad. La showrunner tiene la segunda temporada planeada con la idea de mantener al matrimonio protagonista pero expandir el universo con nuevos vecinos mudándose a Ashfield Place. Peacock aún no la ha renovado oficialmente, pero hay buenas sensaciones con un debut en el número 1 de la plataforma y sólida audiencia sostenida durante su primera semana.
Sea cual sea el resultado, The Burbs no es una mala lección sobre cómo actualizar material ochentero sin caer en la complacencia de fans enrabietados, entrando en aspectos ajenos al material original como la maternidad, la paranoia postpandemia, e integración racial en espacios blancos tras la lectura suburbana del cine de Jordan Peele.


