SERIES
HBO Max

Portobello, la trágica historia de Enzo Tortora, el presentador número uno en Italia al que destrozó la Justicia

Cuarenta años después del escándalo que conmocionó a Italia, la plataforma estrena una miniserie sobre el presentador que pasó del éxito masivo a la deshonra judicial y cambió para siempre la legislación loca

Tráiler de Portobello, la serie de HBO Max que cuenta la trágica historia de Enzo Tortora.HBO MAX
Actualizado

Marco Bellocchio, el célebre director italiano, está encontrando en la televisión un lugar estupendo para repasar la historia de su país, y si con su Exterior noche (2023) hizo una perfecta crónica del secuestro y asesinato del político italiano Aldo Moro, ahora viaja a 1983, para contar el mediático caso de Enzo Tortora, un presentador de televisión tan querido que 28 millones de italianos se conectaban cada viernes para ver Portobello, su programa de variedades.

Ahora, cuatro décadas después de su detención, aparece esta miniserie que HBO Max estrena este viernes como su primera producción original italiana. Seis episodios de una hora con Bellocchio dirigiendo a sus 85 años y Fabrizio Gifuni dando vida a la sombra de un hombre que nunca debió ir a la cárcel.

"No fue una batalla civil lo que me impulsó a hacer esto", aclaró Bellocchio en la conferencia de prensa de Venecia, donde se presentaron los dos primeros episodios. "Como siempre, todo nace de una imagen. En este caso, la de un hombre saliendo esposado, completamente estupefacto. No entiende por qué hay tantos periodistas, por qué está la RAI. Le habían dicho que saldría por una puerta lateral, que nadie lo vería. En pocas horas ya había una puesta en escena montada". Para el director, Tortora es casi un espectro al que hay que dar "alma, polvo y sangre".

Hay una frase del propio presentador que Bellocchio considera el corazón de la serie, pronunciada ante los magistrados: "Yo soy inocente, ¿no se ve?". Una pregunta retórica que contiene toda la tragedia de un hombre clamando una verdad tan obvia que parece invisible. "El gran misterio es la ceguera de ciertos jueces más allá de toda imaginación humana y la perseverancia en su error", recalca el cineasta, aunque la serie deja claro que el presentador no era santo de devoción para ciertos sectores intelectuales de izquierda.

Representante de una tierra de nadie política, "equidistancia" que llaman ahora, Tortora se quedó también sin red de protección cuando lo necesitó. Portobello es una elección curiosa como la primera serie original italiana de HBO Max, rodada en Roma, Cerdeña, Campania y Lombardía, donde figuran dos escenarios simbólicos, según Bellocchio: "El teatro de Portobello, donde Tortora es el primer actor, el conductor, y el teatro del proceso, donde su manera de hablar, de defenderse, de atacar, se vuelve de repente impotente".

Para apreciar la magnitud del caso hay que entender que Tortora era más que un Ramón García o Matías Prats en España. Un hombre que se labró una carrera en la RAI desde los años 50 y se convirtió en uno de los padres de la televisión italiana hasta que en 1977 dio el pelotazo con Portobello. Aquello era un espacio ideado por él mismo que buscaba parecer un mercadillo televisivo inspirado en la famosa calle londinense, donde inventores excéntricos mostraban sus cachivaches, gente buscaba objetos perdidos o pareja y un loro se negaba siempre a decir el nombre del programa.

Llamadas en directo, improvisación, un plató de variedades donde Tortora ejercía de maestro de ceremonias con elegancia y una sonrisa que encandilaba, pero no a todos. El presentador era liberal en un país dominado por Democracia Cristiana y el Partido Comunista, por lo que no tenía padrinos políticos. De hecho, había sido despedido dos veces de la RAI: en 1962 por permitir que un cómico imitara a un líder democristiano, y en 1969 por criticar públicamente a los dirigentes de la cadena. Volvió gracias a una reforma que diversificó el control partidista, pero esa independencia le costó enemigos en la sombra.

El 17 de junio de 1983, a las cuatro de la madrugada, tres carabinieri irrumpieron en el Hotel Plaza de Roma. Tortora creía que era un error de identidad, pero lo llevaron a la comisaría mientras fuera se acumuló una nube de periodistas y fotógrafos. Fue entonces cuando lo sacaron, esposado, con la cara descompuesta, en unas imágenes que recorrieron Italia de arriba abajo junto con la descripción de la acusación: tráfico de drogas y pertenencia a la Nuova Camorra Organizzata de Raffaele Cutolo.

Tortora, supuestamente, era "camorrista ad honorem" (un cargo inexistente en la estructura mafiosa) y se supone que distribuía estupefacientes entre famosos del mundo del espectáculo. Sin pruebas, pero con testimonios de 19 colaboradores con historias que no encajaban ni entre ellas. El principal acusador era Giovanni Pandico, apodado "el loco", un esquizoide en prisión por asesinar a dos empleados municipales que tardaban en entregarle un certificado.

Portobello

Señalaba a Tortora en el puesto 66 de una lista de 856 arrestados en la operación Portobello, bautizada así irónicamente por los propios investigadores. Otro testigo afirmaba haberle visto en clubs nocturnos de Milán con Cutolo, pese a que era conocido precisamente por no frecuentar la vida nocturna. Los detalles fantasiosos incluían una supuesta ceremonia de iniciación en casa de una tal Nadia Marzano, donde el presentador habría recitado fórmulas sobre "los siete caballeros de la camorra" y sangre depositada en una bola de cristal.

Las razones por las que acabó ahí son bastante absurdas, pero cuadrarían con las peripecias de algún secundario de Los Soprano. Pandico había enviado unos centrini (tapetes de ganchillo hechos por un compañero de celda analfabeto) a la redacción de Portobello para que se vendieran en el programa. La redacción, desbordada con miles de envíos, los perdió. Tortora escribió disculpándose y la RAI mandó un cheque de 800.000 liras como compensación. Pero Pandico no quedó satisfecho y empezó a enviar cartas amenazantes, rozando la extorsión.

Cuando los magistrados le preguntaron por esas cartas durante la investigación, Pandico afirmó que "centrini" era palabra en clave para droga. Esa herida de orgullo por unos tapetes extraviados pudo ser el detonante de todo, pero luego, otros presos se subieron al carro buscando beneficios penitenciarios. La legislación sobre colaboradores era nueva, de 1982, y los magistrados no sabían gestionarla, de forma que cada declarante conocía lo confesado por los anteriores y podía "afinar" su versión para hacerla encajar.

Ni grabaciones telefónicas, ni recibos bancarios, ni una sola prueba física vinculaba a Tortora con el narcotráfico, pero el 15 de septiembre de 1985, tras 67 audiencias, el tribunal de primera instancia lo condenó a 10 años de prisión. Durante el juicio, el fiscal Diego Marmo lo describió como un "cínico mercante de muerte" que había ocultado durante años "su verdadero rostro" bajo "una máscara de cortesía y savoir faire". Bellocchio, en el proceso de construcción de los personajes, junto a los guionistas Stefano Bises, Giordana Mari y Peppe Fiore, intenta humanizar incluso a quienes cometieron el error, darle sentido a la duda razonable.

Marmo pidió perdón públicamente a la familia Tortora décadas más tarde, pero el daño estaba hecho. Para empezar, Tortora pasó siete meses en cárcel preventiva y otros tantos en arresto domiciliario. En 1984, el Partido Radical le propuso al Parlamento Europeo para convertir su caso en bandera contra los abusos judiciales, fue elegido y renunció a la inmunidad parlamentaria has que el 15 de septiembre de 1986, la Corte de Apelación de Nápoles lo absolvió con fórmula plena. Las declaraciones acusatorias fueron declaradas "incoherentes, contradictorias e indignas de credibilidad".

Portobello

Algunos colaboradores escribieron cartas confesando que se lo habían inventado todo. Solo Giovanni Melluso pidió perdón personalmente, de Pandico no se supo más nada tras su liberación en 2012. El 17 de junio de 1987, exactamente cuatro años después del arresto, se confirmó la absolución y Tortora regresó a la televisión el 20 de febrero de ese año, una fecha que no por casualidad coincide con el estreno de Portobello, la serie. Retomó su programa con la famosa frase: "Dunque, dove eravamo rimasti?" ("Entonces, ¿dónde nos habíamos quedado?"). El público estalló en aplausos, pero la herida era irreversible.

El 18 de mayo de 1988, menos de un año después de la sentencia definitiva, Tortora murió de cáncer de pulmón en su casa milanesa con 59 años.

El legado del caso Tortora fue doble. Por un lado, impulsó reformas judiciales importantes: la introducción de responsabilidad civil de los magistrados y la modificación del código procesal en 1989, que equilibró el sistema acusatorio. Por otro, instaló en el imaginario colectivo italiano la imagen del "error judicial" como categoría propia, algo que puede pasarle a cualquiera cuando el sistema se tuerce.

En 2024, la Asociación Nacional de Magistrados bloqueó una propuesta para instituir el 17 de junio como "Día de las Víctimas de Errores Judiciales". La memoria sigue siendo incómoda, aunque la serie, que llegará a HBO Max a nivel global se encargará que el mundo tenga acceso a una representación con la perspectiva que se da a toro pasado, con la información y la mano experta de un director especialista en retratar los eventos más tumultuosos de su tierra.

No es mala carta de presentación del servicio en Italia, un mercado donde el streaming debe competir con una tradición televisiva arraigada. Elegir una historia impresa a fuego en el imaginario colectivo, dolorosa pero fundamental, es una declaración de intenciones que aparece cuarenta años después de aquel "¿dónde nos habíamos quedado?".