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Lo de Évole

Cuando Manu Sánchez dejó de reírse con Jordi Évole: "Sobran los pobres; cuando el moro viene con el yate y el oro, no importa"

Cuando hace una semana, Lo de Évole avanzó la entrevista de Manu Sánchez con tres o cuatro declaraciones del cómico, se lio parda. Imagina cómo se va a liar después de haberla emitido entera

Manu Sánchez
Jordi Évole y Manu Sánchez, en Lo de Évole.ATRESMEDIA
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"Yo me río mejor con el jo, jo, jo, jo... y el ja, ja, ja, ja, ja, también", dice la canción del buen reír de Mary Poppins. Y con ella tendría que haber arrancado el programa de Lo de Évole con Manu Sánchez. Si no lo has visto, póntelo, que a ti también le va a provocar ataques de cataplexia y algo más, porque no todo lo que ocurrió anoche con Manu Sánchez fue cosa de broma, ni de chiste, ni de risas.

El teatro de La Cartuja abarrotado, la petición de Jordi Évole a los presentes de que no grabasen, so pena de recibir un disparo del equipo de Al Rojo Vivo, suena una zarzuela, se hace el silencio y Manu Sánchez entra entre vítores y aplausos en el escenario. "¡Basta, aduladores!", gritó.

Y con Juanma Moreno Bonilla, María Jesús Montero y Diego Cañamero, ex diputado de Podemos, entre el público, Jordi Évole arrancó una entrevista que iba a ser el primer programa de esta temporada, pero que ha acabado en el medio y siendo una de los mejores, como el de Los Chichos, y la que seguramente más polémica ha generado y va a generar. Y es que Manu Sánchez, aunque muchos no se lo crean, es una institución cuando cruzas Despeñaperros, y no solo es que sea una institución en Andalucía es que ni medio pelo se corta. Tal vez, por lo que él mismo dijo, en su tierra él es el rey.

Advirtió Jordi Évole a los presentes que él con Manu Sánchez se ríe mucho, y ya se sabe lo que le pasa a Évole cuando se ríe: que le dan los ataques de cataplexia y al día siguiente hay decenas de titulares con el momento de Évole quedándose dormido en directo o en un programa. Con el programa de Manu Sánchez le dio el ataque a todos los presentes y a los que estaban al otro lado del televisor. Es en su humor donde el humorista ha encontrado la mejor forma para todo y para todos. De hecho, como le dijo Jordi Évole, solo él puede "hacer humor negro" de la muerte, porque él ha visto el peligro de cerca.

"Has tenido una virtud, que es haber cogido la enfermedad y haberte reído de ella, con chistes duros y potentes que solo puedes hacer tú", le dijo Jordi Évole sobre su cáncer. "El humor es el cristal con el que miro la vida. Ahora ha llegado esta hostia con la mano abierta que es el cáncer y no he podido deshacerme del humor. Recuerdo situaciones cómicas cuando me sueltan la bomba del cáncer y voy al hospital con mi mejor amigo, que me dice que me curo seguro, lloramos, pataleamos... Nos montamos en el coche y a los cinco minutos me dice: "Por cierto, ¿tú sabes otro que se está muriendo?". Y yo le miré y le dije: "¿Pero qué quieres decir con otro?". Este es el plan. Y el teatro se cayó en aplausos y a Évole le dio el primer ataque de cataplexia. "¡Cállate, coño, cállate!", fue lo único que podía decir Évole. "Esto lo que demuestra es que la narcolepsia es una putada, el cáncer es otra cosa". ¡Cállate, coño, cállate! Imposible.

No sería la única de la noche. A Évole no se le va a olvidar el momento en el que tirado en el sillón del teatro, en pleno ataque de cataplexia, Manu Sánchez le suelta: "Esta es la foto de España. Un montón de andaluces esperando que un catalán se despierte para trabajar".

Sin embargo, como él mismo reconoció a Jordi Évole, sus principios en esto del humor no fueron fáciles. Tardó años en llenar teatros y tardó años en ser uno de los hijos predilectos de Andalucía. Empezó pasito a pasito, suave, suavecito, "de forma gradual", pero sin cejar en su empeño de que él lo que quería ser era humorista.

Manu Sánchez
Jordi Évole, durante uno de los ataques de cataplexia con Manu Sánchez.ATRESMEDIA

Y fue con una sencilla pregunta, con la más simple probablemente de toda la entrevista, con la que Jordi Évole abrió un melón que acabó con la risa para ponerse serios. Porque, ojo, para Manu Sánchez ser alegre no quiere decir no ser serio. "Siempre defiendo mi carácter de andaluz (...) Creo que Andalucía es muy seria. Lo contrario de la alegría es la tristeza, no lo serio. Yo soy un payaso muy serio. Creo en la Andalucía alegre pero seria". Alto y claro. Lo "periférico".

Y la pregunta: "¿Qué hacíais en tu casa cuando eras pequeño que consideraras un lujo?". El lujo para Manu Sánchez era la nevera de la casa de uno de sus amigos de la infancia, donde "la madre tenía una balda entera de latas de Coca-Cola". Por eso, cuando el cómico se emancipó, su lujo era tener lo mismo, una balda entera de latas de Coca-Cola. Es que no es lo mismo la botella de dos litros, "que ni derecho tiene a estar encima de la mesa", que las latas.

Tengo una amiga, muy, muy, muy de izquierdas, que siempre me dice esta frase: "¿Por qué la gente se piensa que los que somos de izquierdas tenemos que ir con chaqueta de pana y coderas? Los de izquierdas también podemos comer gambas e irnos a esquiar a Baqueira Beret". Y tiene mucha razón. Pues lo mismo dijo anoche Manu Sánchez en Lo de Évole y, por supuesto, se ha liado la mundial, incluso antes de que se emitiese anoche el programa.

No, en serio, "mis padres siempre me han inculcado pagar lo que se deba, llenar el frigorífico y el resto para lo que se quiera". El lujo para Manu Sánchez, aunque de pequeño no fue consciente, era que "comíamos mucho en la calle los fines de semana". Por eso, "yo ahora me podría permitir ciertos lujos, pero no los hago porque pienso que es el sueldo de mi padre de un mes".

"Ahora tengo un buen coche, pero me tuvo que convencer mi padre, porque me daba mucho pudor comprarme un coche caro y ahora te voy a hacer una confesión: tengo un yate, 43 pies, casi 15 metros de eslora, en Puerto Banús, con dos cojones. Y ahí me doy cuenta de que creo en un socialismo de yate y chalet, y lo digo de verdad, lo del socialismo de tierra y pan, como que no". Se puso serio, muy serio, demasiado serio, tan serio que antes de que se emitieran estas palabras y las que vienen ahora, ya le habían caído docenas de hostias.

"Esto de que por ser de izquierdas no comamos marisco, ¿pero por qué a los de derechas les preocupa tanto nuestro ácido úrico?". Ahora entiendes lo de las hostias antes de... y las de después de... "Es que yo creo que todos deberíamos poder comer gambas. Es que la derecha se piensa que las gambas son solo de ellos. ¡Me encanta que nuestros sindicalistas coman gambas!". ¡Boom!

"Yo trabajo mucho, pago mucho y con lo que me sobra me compro lo que me da la gana. Y me gustan más las gambas que el puré de patatas". El razonamiento de Manu Sánchez no es ninguna gilipollez. Ahora mismo, nos peleamos porque "alguien tenga una vivienda digna"; a Manu Sánchez le encantaría "que tener yate y chalet fuera un derecho universal". Porque "nos están convenciendo de que nuestras metas sean tan cortitas".

Y volvió el humor, pero no para todos. "Sabes que hay algo que es mejor que tener un yate, un amigo que tenga un yate", le dijo Jordi Évole, añadiendo un "¿te imaginas las fotos en OKDiario?". "No pienses en la foto, piensa en lo que le debe entrar por el cuerpo al de OKDiario viendo la foto, y me merece la pena". Pon aquí el emoji de la cara del señor con la mano en la frente.

"Creo en vencer al sistema desde dentro", siguió Manu Sánchez, de nuevo serio, muy serio, demasiado serio. "Cuando digo que idealmente soy de izquierdas, pero que yo lo que voto no me conviene, por eso sé que lo voto con principios. Hay gente que lo pone en duda y piensa que solo se puede votar por intereses, porque lo que acaba saliendo de mi voto no me interesa directamente, pero sí me interesa como sociedad. Cuando digo que el que más gana tiene que pagar, que hay servicios públicos innegociables, como la sanidad, cada vez que me siento en lugares comiendo marisco, cada vez que me siento en sitios donde no se me esperaba y los conquisto, creo que eso es un triunfo y es reventar el sistema desde dentro". Al pan, pan y al vino, vino.

Lo que había empezado como uno de los espectáculos de Manu Sánchez acabó adquiriendo un camino en el que quiso mostrar su lado menos gracioso, ese lado que habitualmente los cómicos nunca muestran porque ni con el humor se puede salvar. Habló de por qué "soy el único rojo" que está en Canal Sur, con Juanma Moreno Bonilla como presidente del PP; habló de que cuando estaba Susana Díaz no se comió ni un colín en la televisión; habló de que no quiere dar el salto a la televisión nacional porque donde está lo tiene todo; habló de que no le interesa estar en programas donde me han dicho "del Emérito puedes decir lo que quieras, pero de Felipe VI, ni media" o "de Rajoy, lo que te dé la gana, pero de Soraya Sáenz de Santamaría, ni mu"; y habló de la primera vez que conoció a Pedro Sánchez y de la segunda vez en la que prefirió no recordarle la primera, porque "he visto lo que le hace a sus amigos y mejor que no".

Se puso más serio todavía cuando Évole le preguntó por los menas y el significado "de insulto" que ha adquirido la palabra. Lo mejor es leer la respuesta y saque usted la conclusión que quiera: "Creo que lo que estorban son los pobres. Lo que estorba son los menas pobres. Cuando el moro viene con el yate y el oro, no importa. Se nos está olvidando la lucha de clases. Creo que hay que intentar tirar de la manta hacia la lucha de clases. Hay que tomar conciencia de clase y luego ver a quiénes no les interesa esta lucha de clases. Los pobres estorban en cualquier lado".

Y llegó el momento de hablar de su cáncer. Desde que se lo diagnosticaron, Manu Sánchez se ha transformado en un rostro y en una voz en la que hablar del cáncer, del suyo, es una espiral de humor, pero no es ningún chiste, ni tampoco lo es el homenaje que Lo de Évole hizo a los médicos, enfermeras y auxiliares de enfermería que le han acompañado durante estos dos años y que estaban presentes en el Cartuja Center.

No eran sanitarios elegidos al azar. "Está mi médico, mi oncóloga, está Puri, Mari Ángeles, la auxiliar que me ha lavado, y las enfermeras que han hecho este camino más fácil y que me han hecho ser feliz pese a estar en la UCI". "¿Sabes lo que es salir después de dos meses hospitalizado? ¿Sabes cuando me vestí y nos fuimos? ¿Sabes por qué tuvimos que volver? Porque me había dejado la cartera, porque nadie me la había pedido en esos dos meses".

Manu Sánchez tuvo que hacer público su cáncer porque iba a dejar de trabajar y decidió que la mejor manera de afrontarlo era convirtiéndolo en algo sanador, en contarlo con humor.

"He descubierto en todo este proceso que existe el amor verdadero", dijo, mientras la imagen enfocaba a su mujer, Lorena, entre las butacas. "En las buenas, yo estoy enamorado de mi mujer y mi mujer de mí. Todo nos iba bien. No habíamos tenido la oportunidad de ver cómo lo íbamos a hacer en las malas. Cuando yo me he dado asco a mí mismo, me he visto siendo una carga, deforme, abrazado a un váter vomitando, en silla de ruedas, dándome asco mi propia saliva, en ese momento en el que no eres tú, y tu mujer se mete en la cama contigo y te dice "dame un beso" y te mete la lengua hasta la campanilla...".

Terminó el que probablemente ha sido el programa más intenso y sincero de esta temporada de Lo de Évole con la promesa que ambos hicieron sobre el escenario: "Nos sentaremos dentro de 40 años, ya viejitos, y recordaremos estas batallitas". Y así acabó, 40 años después, y Jordi Évole, sufriendo otro ataque de cataplexia.