Emiliano García-Page está hasta el último pelo del cogote de Pedro Sánchez, del presidente y del líder del PSOE. Si hubiera una maquinita que midiera cuánta animadversión sienten las personas hacia otras, la máquina estallaría al ponérsela a Emiliano García-Page y preguntarle por Pedro Sánchez. El problema no es que el presidente de Castilla-La Mancha esté hasta el moño del líder de su partido y del líder de España, el problema es que Emiliano García-Page es uno de muchos. Y ahí está el problema, al menos, el que está llevando por la calle de la amargura a uno de los pocos políticos del PSOE que hace autocrítica, que mira en las entrañas y que va separando la mierda de las miles de bolsas de basura que se van acumulando a las puertas, por desgracia para García-Page, de Ferraz.
Sabe que cada vez que abre la boca para hablar de Pedro Sánchez y de lo que está ocurriendo en el PSOE sube el pan y suben las críticas. Emiliano García-Page ha llegado a ese punto, al que alguna vez llegamos todos, en el que como no le debes nada al que manda ni tampoco te puede hacer nada porque lo que te haga te da exactamente igual, puedes hablar sin miedo a posibles represalias, sin miedo a que cuando pises la sede de Ferraz nadie te hable, sin miedo a que no te coja el teléfono, porque ya desde hace tiempo no te lo coge ni quieres que lo coja.
Había mucha expectación anoche en ver qué más podía decir Emiliano García-Page en El Hormiguero que no hubiera dicho ya antes en cualquier otro lugar. Claro, es que no es lo mismo ir al programa más visto de la televisión y tener más de una hora solo y exclusivamente para ti. No, no hay ningún formato ni en radio ni en televisión que permita en un horario de máxima audiencia que un político, el que sea, se explaye cómo quiera y hable sobre lo que quiera. Seguramente, hoy en Moncloa duela más lo que supone ir a El Hormiguero, que lo que dijo Emiliano García-Page.
El presidente de Castilla-La Mancha se quitó el traje y se plantó una cazadora de cuero por aquello de que la imagen también forma parte de la estrategia política. Y es que Emiliano García-Page todavía tiene estrategias, no como otros, no como otros que "hoy por hoy su estrategia realmente se resume en el Twitter de la tarde o de la noche". ¿Lo habrá escuchado Óscar Puente?
Le dijo Pablo Motos, por aquello de romper el hielo, nada más sentarse que existían tres tipos de aplauso, "el de educación, el de consolidación y el de ilusión". El del público de El Hormiguero a García-Page, según Pablo Motos, fue de los terceros. Y la metralleta comenzó a disparar: "El mejor patrimonio de un político es el cariño y el respeto de la gente". Porque cada palabra de Emiliano García-Page es un golpe directo o indirecto hacia el hombre que le tiene hasta el moño: Pedro Sánchez.
Arrancó hablando de las elecciones en Aragón, recordando el día que él consiguió la mayoría absoluta en Castilla-La Mancha y Pedro Sánchez salió diciendo que "los candidatos aportan un pelín". Es decir, "lo que está afectando es la política nacional". "Lo pueden disfrazar como quieran, pero lo que ha decidido en Aragón es la política nacional". Resumiendo que los resultados de Aragón o de Extremadura son la respuesta de la gente al cabreo que hay con Pedro Sánchez.
"En el PSOE unos piensan que es mejor que suba Vox para hacer daño al PP, pero se está produciendo un traspaso de votos de los barrios más humildes, votos de la izquierda, a Vox. Es un voto de cabreo. Es la primera vez en democracia que hay esta tensión social. Mucha gente piensa que se gobierna contra ellos. Creo sinceramente que hay mucho cabreo social. Es un fallo clarísimo de la política", explicó García-Page.
Y fue muy claro, ¿qué está pasando? Pues que "la política está viviendo una degradación que no había vivido en mi vida". "Es muy triste el nivel de degradación, es el peor que he visto en democracia y estamos en el punto más alejado desde la Transición", insistió Emiliano García-Page, para el que "la Transición se puede entender como una etapa, pero no solo fue una etapa, fue un método, una forma de entender la política. Y al país le vendría genial seguir transitando y copiando aquella etapa".
Emiliano García-Page tiene tres cosas muy claras: "Si en España coinciden tres o cuatro personas decididas a entenderse con sentido común se arregla casi todo". La segunda: "Les quiero decir a la gente que no se dejen llevar por el ruido. Es el ruido de la falta de liderazgo. El populismo más bestial es llevar a las dos España a estar conmigo o contra mí". Y tercero: "Tomemos conciencia de país. Los problemas que tenemos son consecuencias de nuestros éxitos". Para que se entienda si las carreteras necesitan arreglarse es porque circulan millones de vehículos, porque hay movimiento, hay trabajo, hay industria...
En realidad, el cabreo de Emiliano García-Page más allá de ese enfrentamiento constante, de esas agotadoras dos Españas, es "la degradación" de su partido. Le duele ver cómo por las decisiones de Pedro Sánchez se está destrozando un partido histórico, su partido. "A mí me dicen que no discrepe, no les gusta, pero yo defiendo a mi partido, que está muy por encima de líderes, incluso de mí. Reducir todo un proyecto político al interés de una persona es literalmente negar ese proyecto". Lo pudo decir más alto, pero no más claro.
Por eso, con sus más y sus menos, anoche defendió con uñas y dientes a Felipe González, dejando caer que "la campaña" iniciada la semana pasada contra él por decir que si Sánchez se volvía a presentar votaría en blanco, para Emiliano García-Page fue más una táctica para tapar que España no había sido invitada a la Cumbre de Líderes Europeos. "Dicen que el titular sería que Felipe González dijera algo bueno del Gobierno. De ahí viene el problema. Se equivocan", remató.
Y lo mismo cuando Pablo Motos le preguntó por las declaraciones de Óscar López sobre Lambán después de la derrota del PSOE en Aragón, en las que dijo que el mal resultado era por Lambán, ya fallecido. Aquí Emiliano García-Page no midió sus palabras, no podía medirlas, hay cosas que no merecen contención: "Me dolió mucho. No se lo merece nadie, pero es de las cosas más feas que he escuchado en mucho tiempo de un compañero fallecido, pero dichas también de cualquier persona. Cuando murió Rita Barberá recuerdo ver a Pablo Iglesias poniéndola de vuelta y media y yo reaccioné. No se puede caer en ese nivel de inhumanidad".
Intentó Pablo Motos que entre esas bolsas de basura salieran todos los casos que salpican al PSOE y al Gobierno, el de Koldo, el del jefe de la Policía Nacional, el de... Pero aquí Emiliano García-Page tiró de su lado más político, que sean los jueces los que investiguen y juzguen. Punto pelota. Eso sí, para lo que no hubo punto pelota fue para responder a la pregunta de cómo creía que Pedro Sánchez iba a pasar a la historia, la misma pregunta que Máximo Huerta reveló que le hizo el propio Sánchez cuando le anunció su cese. Segundos de silencio, que en televisión se hacen eternos; pensó la respuesta; se mordió la lengua, porque si llega a decir de verdad lo que se le estaba pasando por la cabeza... Apaga y vámonos: "Va a pasar de una manera muy diferente a lo que él cree. A la historia se pasa siempre. Se puede pasar bien o mal. Yo en lo personal le deseo que cuando salga pueda estar a gusto consigo mismo".
Ahora habrá muchos que estarán pensando, todo esto que dijo Emiliano García-Page y que dice siempre que puede es porque tiene la diana puesta a su salto a la política nacional. Por si acaso, anoche lo volvió a recordar, no quiere saber nada de la política nacional. De hecho, ni siquiera sabe si se presentará a la reelección en 2027. Bueno, eso ya es otro cantar.
Porque Emiliano García-Page tiene un empeño, un objetivo, un propósito que es "en hacer que este país se valore a sí mismo": "Es verdad que los independentistas nos han hecho un flaco favor, que nos han querido obligar a que nos planteemos qué somos. Se puede dudar qué hacer, pero no dudar que somos lo que somos, que es el mejor país".
Habló de Rufián y de su conglomerado de izquierdas, de que se ha quedado en la mediana, ni en una acera (la independentista) ni en la otra (la española); le advirtió que eso es peligroso y valoró que al menos es un poquito más español. Eso sí, "cómo puede defender los intereses de un trabajador de Jaén y defender a los millonarios catalanes".
Dejó de lado a Zapatero, no era un charco que quisiera pisar; recordó que no se habla con Pedro Sánchez y que tampoco le importa; y desmintió que él estuviera en el primer encuentro de Koldo y Ábalos, porque "entonces hubiera estado en un sitio en el que no he estado nunca. No he estado en esos tugurios". Pim, pam, pum, toma Lacasitos.
Y se acabó, terminó, de hecho, Pablo Motos: "Gracias por tu honestidad. Siempre es un gusto escuchar a alguien honesto y valiente".

