A GH Dúo se le ha llenado el cesto. Las broncas, faltas de respeto, enfrentamientos, insultos, acusaciones y suma y sigue han cruzado una línea roja que la organización ha creído conveniente frenar antes de que la cosa vaya a más. El problema es que llega tarde. Después de un mes de convivencia, la casa de GH Dúo es ya un campo de batalla en el que solo puede ganar el más fuerte. Dos trincheras, dos barracones, una guerra y víctimas de un lado y de otro. Una situación por la que anoche la organización del programa decidió tomar medidas "por octava vez". Debe de ser que lo que anoche vieron todos los espectadores no fue la primera vez que ocurría. Se han debido dar muchos toques de atención que los espectadores no han visto. De nada han servido. Solo quedaba dar un paso más, delante de la audiencia. ¿Servirá? Tampoco.
Convivir 24 horas al día con personas que seguramente fuera de la casa ni tendrías ocasión de conocer y mucho menos con las que entablar ni media conversación no es fácil para nadie. Sin embargo, las personalidades de los concursantes de GH Dúo son de tal extremo que no hay nadie que ponga ni un ápice de paz, y el que lo intenta poner sale escaldado. Cada gesto, cada palabra, cada exabrupto es la chispa que enciende cada día una hoguera que termina por convertir en ceniza todo a su paso para después volver a empezar. Es como un bucle espacio-temporal, como el día de la marmota. Sale el sol, bronca; se esconde el sol, reseteamos y a por la siguiente.
Sin embargo, lo ocurrido en las últimas horas, especialmente desde la gala del jueves, donde se sobrepasaron determinados límites entre los concursantes, con acusaciones más que graves, o el ambiente cada vez más intoxicado que se vive en la casa, llevó anoche a la dirección de GH Dúo a tomar una decisión sin precedentes. Que El Súper intervenga para poner un poco de orden, paz y dar un toque de atención ha ocurrido en todas las ediciones del reality en estos 25 años; lo que no había ocurrido es la claridad de las palabras con las que anoche El Súper les lanzó más que un toque de atención.
Fue un rapapolvo en toda regla, una bronca de padre a hijos, una clara advertencia: esto no puede seguir así. El problema es que las buenas intenciones duraron lo que dura un caramelo a la puerta de un colegio. A los cinco minutos de la bronca de la organización, la casa de GH Dúo estaba otra vez a punto de explotar.
Arrancaba Ion Aramendi, que se las vio y se las deseó para que cada uno se sentase en su sitio al arrancar el programa, pues estaban en otra bronca en la cocina por culpa de unas lentejas. El presentador fue el primero en advertirles de que la cosa no podía seguir así, aunque también les echó un cable y reconoció sus esfuerzos por sembrar algo de paz al pedir disculpas cuando sacan los pies del tiesto por completo. Se refirió a Juanpi con Cristina Piaget —aunque ya dijo Juanpi que se arrepentía de haberle pedido perdón— y a Sandra, la cual también pidió disculpas a Carlos Lozano por calificarle el jueves de "viejo verde" y "baboso" por un hecho que nunca ocurrió.
"Pero es verdad que hay veces que vuestras actitudes dejan bastante que desear, por eso quiero que El Súper os diga lo que os va a decir". Y entonces entraba El Súper en pleno directo y ante la sorpresa de los concursantes.
"No sé por dónde empezar", aseguraba nada más empezar. No lo sabe él ni nadie, pues si tiene que empezar por algún hecho en concreto no hay suficientes horas de televisión al día para completar el rosco de improperios: "Sois profesionales del espectáculo, la televisión, el arte... profesionales. Vergonzoso es que el presentador tenga que estar gritando desde el plató porque no hacéis ni pito (por puto) caso. Las faltas de respeto y el lenguaje inapropiado entre vosotros es un espectáculo".
Consciente El Súper de que la convivencia no es fácil, de que los seres humanos discutimos, de que no todos se tienen que llevar bien con todos, de que la casa y el programa necesitan el conflicto, reconoció que hay aros por los que no se pueden pasar. "Discrepar es normal, enfadarse es humano, pero faltar al respeto no es inevitable. Se falta al respeto a los compañeros, a vosotros, a nosotros, al público que nos sigue edición tras edición durante más de 25 años. Aquí se ve todo. ¿Crees, Antonio, que no hemos visto la olla volando o que no vemos cuando decís una palabra o cuando hay un encaramiento? Claro que lo vemos, pero no solo lo vemos nosotros, sino vuestros compañeros que están al otro lado del cristal, lo ve el público, que, como decís vosotros, es soberano. Es el que decide quién se queda y quién se va", sentenció ante la atenta y compungida mirada de los concursantes. Como los niños chicos cuando se les ha pillado en alguna trastada.
Eso sí, El Súper, es decir, la organización, ha sido muy claro: no existe "un juez supremo" que tenga que intervenir cada vez que se cruzan ciertos límites. Lo que viene siendo el tan manido "ya sois mayorcitos". "La convivencia no se impone desde fuera, la construís vosotros, solo vosotros, cada día con cada palabra y con cada gesto". Más razón que un santo.
Fíjate cómo será el comportamiento que tienen los unos con los otros que, para hacerles entender lo que estaba sucediendo y el comportamiento que están teniendo, a El Súper no le quedó otra que tirar de ejemplo, como cuando un profe enseña a un alumno, como cuando un padre educa a un hijo. Tiró de un ejemplo que todos pudieran entender, el de un partido de fútbol. "Un partido no se disfruta cuando todo se juega al límite o cuando los jugadores buscan constantemente engañar al árbitro o se tiran al suelo esperando a que alguien pite falta. El buen fútbol existe cuando hay fair play o juego limpio. Cuando se compite con intensidad, pero con respeto, cuando no hace falta exagerar ni provocar para ganar. No se puede estar constantemente tensando la cuerda. Se trata de jugar limpio", les explicó.
"En esta casa todos tenéis derecho a hablar, pero también tenéis la obligación de escuchar, sin interrumpir, sin atacar y sin descalificar. Queremos ver un grupo capaz de regularse por sí mismo, de respetarse y de convivir incluso en los momentos difíciles. Porque convivir no es ganar discusiones, es saber jugar el partido juntos, con respeto, hasta el final. Tenemos contrincantes y adversarios, pero nunca enemigos. Esa responsabilidad no es de Gran Hermano, es vuestra. Gracias".
En ese momento, el plató rompió en una ovación y Ion Aramendi puso el broche con un "¡bravo, Súper!". E igual que los niños, todos pusieron cara de "tiene razón", "vamos a hacer caso", "nos estamos pasando". Las buenas intenciones duraron cinco minutos. En el siguiente vídeo, el de la cinta de lomo de Cristina Piaget, escondida o no —más bien sí— por Raquel Salazar, los gritos, los enfrentamientos, el "demonia", el "no me dejáis hablar", la bronca estaba de nuevo servida.
La paz duró poco en la casa de GH Dúo y en el plató. Cómo sería la cosa que hasta Ion Aramendi, que pocas veces pierde la paciencia, la perdió. El enfrentamiento entre la hija de Raquel Salazar y Miguel Frigenti por el momento "cinta de lomo" desesperó al presentador. No hay rapapolvo que ponga arreglo a una convivencia que está rota desde hace tiempo y que no tiene ni un solo atisbo de que se arregle. Da igual si el público echa a uno o a otro, porque los que se queden encontrarán un nuevo enemigo contra el que luchar.

