Decía anoche Alejandro Amenábar en El Hormiguero que el punto de unión que encontró con Miguel de Cervantes mientras preparaba la película El Cautivo fue precisamente que los dos son contadores de grandes historias. Cervantes, a través de sus escritos; Amenábar, a través de sus películas. Para Amenábar, el cine es su manera de contar al mundo una historia que, generalmente, no tiene nada de autobiográfica, pero con la que necesita conectar hasta el punto, incluso, de hablar con los personajes y protagonistas. Con Cervantes ha hablado largo y tendido.
Estrenar película a Alejandro Amenábar no le quita el sueño, pero sí le ha dado un dolor de espalda que advirtió nada más sentarse frente a Pablo Motos, avisando que en cualquier momento se levantaba, le daba el latigazo "y mañana somos el minuto de oro". No hubo latigazo ni momentazo a costa de la espalda del director de cine, pero sí hubo mucha sinceridad.
El Cautivo, que ya es la película más vista en las salas de cine, es la historia de Miguel de Cervantes, pero es sobre todo y por encima de todo "un homenaje al arte de contar historias". Lo quiso dejar Amenábar bien claro desde el principio. Para el director de Tesis o de Los otros, Miguel de Cervantes es el escritor y el personaje histórico al que todo el mundo asegura conocer, pero en realidad lo que sedujo a Amenábar para adentrarse en esta superproducción es que en realidad "es el gran desconocido". Casi, casi como él. Todo el mundo sabe quién es Alejandro Amenábar, pero ¿realmente se sabe la historia de Amenábar?
"Tenemos asumido quién fue Miguel de Cervantes y no nos paramos a pensar en quién es Cervantes", afirmó. El Cautivo no surgió de la nada. Alejandro Amenábar pensó ya hace mucho tiempo en adentrarse en este proyecto, pero "como una película de aventuras" por todo lo que vivió durante su cautiverio (Cervantes intentó escapar cuatro veces y las cuatro veces sorprendentemente le perdonaron la vida). Sin embargo, después de ocho años documentándose sobre el autor de El Quijote, Amenábar se dio cuenta de que "ese periodo fue muy importante, pero quería conocer a la persona, al ser humano".
"Una experiencia de cautiverio en aquel momento es semejante a un campo de concentración del siglo XX. Convivió con la mutilación, las torturas, el horror a diario. Pero luego se le dejó salir a la calle, pudiendo conocer la cultura del enemigo. Eso lo enriqueció completamente como ser humano y eso es lo que le da la dimensión humana a su obra", contó el director.
Y al querer conocer al ser humano, a la persona que había debajo del escritor probablemente más conocido sobre la faz de la Tierra, Amenábar descubrió aspectos de su vida que no sólo le sorprendieron a él, sino también a quien ha visto (y también a quien no ha visto) El Cautivo. Sí, Pablo Motos no pudo evitar hacer la pregunta que en cada entrevista le están haciendo a Alejandro Amenábar: la polémica sobre la sexualidad de Miguel de Cervantes.
Está Alejandro Amenábar un poco hasta el último pelo del cogote de la polémica en cuestión. No me extraña. Con todo lo que contará la película y lo único que siempre le preguntan es sobre la homosexualidad de Miguel de Cervantes. Puede ser que tras su paso anoche por El Hormiguero, la polémica se acabe. O, tal vez, se acabe cuando muchos vean la película y entiendan lo que realmente ha querido contar Alejandro Amenábar. Que a nadie se le olvide que, como buen contador de historias, su virtud no es hacer una crónica periodística de Miguel de Cervantes sino una ficción. ¿Documentada? Por supuesto. Pero una ficción. Se llaman licencias creativas.
"Lo que quiero aclarar es que como soy gay no me levanté un día y dije voy a hacer a Cervantes gay. Me he preparado y documentado durante ocho años. Creo que es el público el que tiene que completar un poco qué pasa por la cabeza de Cervantes. Pero indudablemente sí, exploro una relación entre los dos. La película es una ficción y, no sé por qué, pero siento que tengo que estar justificándome por ello cuando lo que he hecho es explorar una posible relación. Yo tengo que recrear el pasado y tengo que tomar decisiones porque nadie estábamos allí. Shakespeare in Love o Amadeus son películas históricas y no se acercan a todo lo que hemos hecho nosotros en esta película. Creo que nos hemos ajustado bastante a lo probable y lo probado".
Para explicar aún más, por si acaso, esta parte de la historia que tanto ha dado que hablar, Amenábar tiró de esa documentación en la que ha vivido ocho años: "Esa es una de las cosas que están en los libros de historia y a la que intentamos dar explicación en la película. Él era el autor intelectual de la fuga, lo que implicaba que eras castigado directamente con mutilación, tortura o la muerte. Y se salvó las cuatro veces, en tres de ellas por lo menos le perdonó la vida el bajá de Argel. Una de las hipótesis que aparecían en casi todos los libros de historia que caían en mis manos es la de una relación, un trato de favor entre ellos. Es lo que hemos desarrollado". Es decir, Amenábar no se levantó una mañana y dijo: como yo soy gay, voy a recrear un Cervantes gay.
Lo pudo decir más alto, pero no más claro. Le seguirán preguntando porque, por desgracia, nos quedamos siempre con la parte de la historia que sirve para polemizar. Así estamos.
A Pablo Motos, Alejandro Amenábar le resulta una incógnita. El presentador de El Hormiguero no sabe qué pasa por la cabeza de un director de cine y, en el caso de Amenábar, aún más, pues aunque en sus películas no está contando su historia, sino la historia de otro o de otros, Amenábar necesita encontrar ese punto de unión con el protagonista de la historia que va a contar. Con Cervantes era fácil: los dos cuentan historias. Pero la parte creativa de Amenábar va más allá: "Sí he hablado con Cervantes. Hay un momento que es dialogar la película en la que oyes las voces. Cervantes estaba flotando ahí porque estábamos haciendo un homenaje al arte de contar historias. Y sí he hablado más de una vez con él en voz alta". También habla consigo mismo.
El director, al que se le encendió la pasión por el cine viendo Cinema Paradiso —"La ficción cambió mi vida y ese es el punto de unión con este personaje. Para evadirme es el mejor remedio"—, vive con tal pasión "el arte de contar historias" que anoche se dejó llevar por esa pasión.
En todas las entrevistas que Pablo Motos realiza a sus invitados siempre hay una parte de documentación donde el presentador destapa datos que ni siquiera los invitados recuerdan o que tienen guardados bajo llave. Con Alejandro Amenábar no iba a ser diferente.
Si con Cervantes ha querido destapar al ser humano, en su entrevista iba a ocurrir algo similar. Hablar de la peli está muy bien, pero ¿qué hay del que la crea? Por eso, al final de la entrevista, se vivió uno de esos momentos en los que los planetas se alinean y el espectador acaba descubriendo lo que nadie esperaba descubrir.
Fue cuando le preguntó por sus años de Hollywood, por la vez que rechazó reunirse con Tom Cruise porque a Amenábar el mundo Hollywood le interesaba lo justo y necesario. "He sido muy reticente", confesó.
Y en esa confesión salió un nombre inesperado, Harvey Wenstein, el que fuera rey de las mayores producciones de Hollywood, ahora en prisión por haber abusado de decenas de mujeres. Pues si la historia de Cervantes impacta, lo que vivió Alejandro Amenábar con Wenstein no se queda corto.
Cuando Amenábar rodó Los otros no todo fue un camino de baldosas amarillas. "Los americanos querían tener el control de todo", según contó Amenábar, entre ello, el montaje de la película. Le costó sangre, sudor y lágrimas que no metieran mano en el montaje, una de las partes que más gusta a Alejandro Amenábar, y tiempo después, tras el éxito de la película protagonizada por Nicole Kidman —recaudó 210 millones de dólares en EE. UU.—, Alejandro Amenábar se reencontró con Harvey Wenstein: "Vino, se acercó y se arrodilló". Sí, Harvey Wenstein se arrodilló ante Alejandro Amenábar. "A gente con tanto poder una vez la ganas y otra vez pierdes". Tal vez, algo parecido a lo que le sucedió a Cervantes en Argel, ¿no?


