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Pregunta. Comparándonos con países de nuestro entorno, ¿cómo califica la salud sexual actual de los españoles?
Respuesta. La verdad es que, en los últimos 40 años, nos hemos puesto al día y ahora no tenemos nada que envidiar al resto de los europeos en cuanto a libertad sexual. Incluso desde el punto de vista legal, hemos experimentado un gran avance. Lo que más sorprende, en positivo, es que la ciudadanía no ha tenido ningún problema para adaptarse perfectamente a ello, a pesar de que veníamos de la castración impuesta por décadas de nacionalcatolicismo. El final de la dictadura permitió abrazar todas las libertades, empezando por la sexual. Y no faltaban ganas.
P. ¿Pero no estamos viviendo cierta involución en plena oleada neoconservadora?
R. Bueno, siempre hay una parte de la sociedad que es involutiva, pero no diría que los españoles en conjunto lo estén viviendo. Yo creo, de hecho, que esa corriente conservadora no es tan importante porque sus adalides, los que la defienden, cuando se trata de ellos mismos hacen de su capa un sayo y siguen adscritos a la libertad que hemos conseguido entre todos. Aunque políticamente abracen postulados conservadores, ellos no son nada conservadores, como ha ocurrido a lo largo de los tiempos. Eso ha sido siempre así. En pleno franquismo, la clase media era la que se comía el coco con todas las restricciones sexuales, que normalmente emanaban de la Iglesia, pero las capas altas eran en realidad bastante libertinas. Ahí tenemos ejemplos como la célebre Duquesa de Alba.
P. ¿El ser humano es promiscuo por naturaleza?
R. Sí, el hombre por naturaleza quiere poner su ADN en tantos agujeritos como sea posible y la mujer prefiere también que las criaturas que le ponen ADN en su agujerito sean los más guapos, listos... Esto es así hasta que la sociedad empieza a poner cortapisas, por otra parte razonables, puesto que la mujer que se preña debe tener una ayuda para sacar adelante a la criatura. Y, de ahí el matrimonio, etcétera.
P. En su libro hace un repaso histórico en el que, fiel a su estilo, mezcla erudición con su característico sentido del humor. Una de las etapas de las que tenemos más clichés es la antigua Roma.
R. Hay que tener en cuenta que Roma son 1000 años. Un periodo muy largo en el que hubo muchos cambios. Los excesos, las bacanales y todo eso no se corresponde a la primera Roma republicana, sino a la imperial, con una imagen mucho más literaria y que ha cristalizado en el imaginario colectivo a través de Hollywood.
P. Su libro es "para escépticos" y a mí me genera escepticismo que el sexo fuera tan determinante como cuenta en episodios como las invasiones musulmanas en la Península o incluso en la Conquista de América.
R. El mundo siempre se ha movido, sobre todo, por la economía y el sexo. Respecto al avance de Al-Ándalus a partir del año 711, hay que tener en cuenta que en los territorios dominados por los musulmanes quienes eran cristianos tenían que pagar un tributo especial, del que se libraban los seguidores de Mahoma. Tú imagínate que hoy nos dieran a escoger entre pagarle a Hacienda o no según la religión a seguir... Y en la Conquista de América, los marinos que regresaron del primer viaje de Colón llegaron contando que allí había unas mujeres que invitaban a tener sexo sin ningún problema, en las antípodas de lo estrechas que les correspondía a las de aquí. Los tíos se daban de hostias por entrar en la carabela en el segundo viaje de Colón. [Risas]
"Que sepamos, Jesús no tenía nada en contra del sexo"
P. Como bien refleja en el libro, nuestra sexualidad durante siglos la marcó el hecho de que la Iglesia católica se hiciera dominante.
R. Que sepamos, Jesús no tenía nada en contra del sexo. De hecho, admite y defiende a la pecadora y se rodeó de algunas grupies como Magdalena que parece que eran muy liberales. Lo que pasa es que San Pablo y San Agustín sí tenían problema con el sexo, como reflejan sus escritos. El primero, porque al parecer tenía alguna enfermedad y no debía de ser muy atractivo. Y como realmente la interpretación que tenemos del cristianismo no viene de Cristo, sino de San Pablo y de San Agustín, que después de una juventud depravada se hizo el estrecho, se impuso una tradición cristiana como un movimiento contra el sexo y contra la mujer, sin tener en cuenta que las mujeres fueron, en realidad, las primeras defensoras del cristianismo, aquellas matronas romanas que abrazaban esa religión tan rara que venía de Oriente, y que forzaron a seguir sus pasos a los maridos. Y, así, hemos tenido casi dos milenios de represión, con cosas tan absurdas como la imposición del celibato de los curas o que las mujeres no puedan ser sacerdotes.
P. Destaca la trascendencia de la píldora anticonceptiva en la revolución sexual.
R. Sin duda. Lo que ha liberado a la mujer definitivamente ha sido la extensión de la píldora. Antes, el gran problema de la mujer era que tenía que retraerse sexualmente, por miedo al embarazo. Debía asegurarse de que el tipo que la iba a embarazar se iba a hacer después cargo del niño y de ella para acceder al sexo. Con la píldora, se produce además una evolución de la mentalidad que, de pronto, permitió a la mujer ser dueña de su sexualidad y emplearla como le peta.
P. A pesar de todo, sobre el sexo sigue habiendo muchos tabúes.
R. Bueno, eso ya depende del grado de libertad que tenga cada uno. Pero, efectivamente, siguen existiendo tabúes que hemos heredado de nuestro pasado y de nuestra tradición. Yo creo que en España la libertad sexual es casi absoluta. Lo que pasa es que algunos individuos, y sobre todo algunas individuas, tienen que ocultar todavía que son tan libres. [Risas]
P. Hay un tema transversal en su repaso histórico de la sexualidad, que es la prostitución, asunto que recurrentemente se pone en el tapete público.
R. A mí me hace mucha gracia que algunas personas mal informadas intenten abolir la prostitución. La prostitución no se puede abolir por una razón muy sencilla: si a una señora dignísima o un señor dignísimo no le interesa fregar escaleras y prefiere abrirse de piernas, es libre, es su sexo, es su decisión ¿o no? Lo que hay que abolir es la trata, la explotación de esas criaturas forzadas, esa lacra es la inaceptable. Pero la prostituta libre que tiene su negocio entre las piernas, ¿por qué no? Es libre y no perjudica a nadie. La prostitución, hasta el siglo pasado, estaba perfectamente regulada. En el XVII, en Sevilla, por poner un ejemplo, casi todas las cofradías eran poseedoras de casas de lenocinio. Los reyes otorgaban como merced a los nobles la explotación. Incluso en el primer franquismo había casas registradas de prostitutas a las que, una vez por semana, tenía que acudir un médico para examinar a las pupilas, etcétera. ¿De qué nos escandalizamos?
"Lo de la petición de perdón por la Conquista de América demuestra la incultura de quienes nos gobiernan"
P. Usted ha investigado y escrito muchísimo sobre episodios históricos como la Conquista de América. En los últimos tiempos, ha resurgido el debate sobre si los españoles tenemos que pedir perdón por ello, como por ejemplo han subrayado los ministros Urtasun o Albares en fechas recientes.
R. Eso demuestra antes que nada la incultura de los que gobiernan México y de los que nos gobiernan aquí. Primero, no se pueden medir cosas del siglo XVI con los parámetros morales actuales, obviamente. Y segundo, dejando de lado la civilización tan bárbara que se encontraron en América los conquistadores, cosa que siempre se pasa por alto, se habla de cosas como el supuesto exterminio de los nativos, y sí es cierto que hubo casos como el de los taínos, el grupo étnico principal de la isla La Española, que prácticamente desaparecieron, pero recientes estudios del ADN de los pueblos que quedan en el continente demuestran que de desaparecer nada, todo lo contrario, bien distinto de lo que sí se puede decir del exterminio que perpetraron otros imperios. Murieron muchos, evidentemente, pero sobre todo porque los europeos que llegaban llevaban consigo enfermedades como el cólera o la difteria para los que aquellos nativos no tenían defensas, del mismo modo que ellos nos dieron la sífilis, que aquí tampoco existía. Desde la Transición, el nivel de los políticos no ha dejado de decrecer. Antes, los ministros solían ser personas cultas y educadas. Ahora, en la izquierda y la derecha, no hay más que una partida de lerdos que se meten en política porque no se podrían ganar la vida en otra cosa. Y de tales personas, tales obras o tales dichos.
P. ¿Por qué los españoles no podemos evitar arrojarnos unos contra otros la Historia como arma arrojadiza?
R. Tenemos cierta pulsión cainita y también hemos contado con muchos pseudointelectuales que han intentado enfrentarnos en cualquier sitio. En cualquier país civilizado del mundo hay derecha y hay izquierda, y si hace falta pactan entre ellos. Aquí no. Aquí hemos llegado a un punto en el que no es que no sea posible un Gobierno de unidad, sino cualquier mínimo acuerdo. En España tenemos una democracia de tercer orden, de muy baja calidad. Lo que debemos procurar los ciudadanos es ir reformando esa mentalidad e ir encontrándonos.
"Los inmigrantes musulmanes nunca se van a asimilar aquí y es un problema para el futuro"
P. Más allá de las demandas extemporáneas de perdón, ¿cómo ve la relación actual de España con la comunidad iberoamericana?
R. Lo inteligente sería restablecer en todo lo que se pueda esa relación. Por ejemplo, aquí tenemos un déficit de población. Y habría que favorecer la emigración de países sudamericanos y no la de otros países con comunidades que van a ser inasimilables. Un ejemplo. Los primeros gitanos llegaron a Jaén hace seis siglos. Pues es una comunidad que, después de tanto tiempo, no se ha asimilado. Y no tienen características culturales tan definidas como para no asimilarse, pero la verdad es que no lo han hecho. Los musulmanes que llegan no se van a asimilar nunca porque su religión se lo impide, y no es asimilable a la cultura occidental actual, basada en el respeto a los derechos humanos y en que somos hijos de la revolución francesa. El islam no ha tenido esa evolución, no ha vivido un periodo de Ilustración que haya llevado a la separación de dos conceptos: pecado y delito. Las comunidades musulmanas que se asientan en Europa pretenden imponer sus propias costumbres, aunque vayan contra las leyes del país de acogida. Y ahí sí veo un problema para el futuro.
P. La cuestión migratoria está sobre el tapete, y el Gobierno acaba de anunciar la regularización de 500.000 inmigrantes que ya viven en nuestro país sin papeles.
R. El asunto no se está abordando debidamente. Europa necesita población en edad trabajadora, sí. Pero habría que pensar en cómo favorecer la llegada de personas procedentes de países de tradición cristiana.
P. Y si la situación en España es compleja, ¿qué me dice de lo revuelta que está la geopolítica global?
R. A mí me preocupa una cosa en especial. Nosotros pertenecemos al bloque occidental, y evidentemente somos vasallos de Estados Unidos, el Gran Hermano mundial. El país con el que podemos tener problemas a medio o largo plazo es Marruecos, que es el ojito derecho de Washington, que siempre se va a poner del lado de Rabat, no del nuestro. Algunos inocentes dicen estos días que, ante las cosas que está haciendo Trump, podríamos amenazarle con la clausura de las bases militares de Morón y Rota cuando se cumpla el plazo. Cómo si nos conviniera a nosotros que Estados Unidos se las lleve al norte de África...
LA ÚLTIMA
Pregunta. ¿Cuál es la pregunta más impertinente que le han hecho? ¿Y qué respondió?
Respuesta. A veces me han preguntado que si tengo negro literario porque saco un libro al año y a veces dos. Y mi respuesta es que a veces saco incluso más de dos, pero alguno de ellos como negro yo.

