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- Ha escrito, cito, "un viaje al corazón oscuro de la mente humana contado con rigor y sin morbo". ¿Pero así se venden libros?
- Yo me imagino que los best seller, no. El nombre o la imagen de los malvados atrae mucho, es que es un producto en sí mismo. Y si atrae, eso es una opción de ventas casi segura. Yo intento diferenciarme de eso: yo no quiero ser un best seller, quiero hablar de lo que me gusta y compartir lo que he aprendido, que es mucho (y mucho me queda por aprender).
- Poco no sabe sobre maldad.
- Reconozco que he tenido un lugar privilegiado; he podido trabajar con ello con material de primera. Al fin y al cabo, al investigar un delito tienes acceso a la información. Y eso me ha permitido ir hasta lo más profundo. Creo que eso ha sido para mí una gran ventaja. Yo he tenido la suerte de que cuando entré en la policía ya era psicólogo y mi primer destino, curiosamente, fue un grupo de homicidios. Con lo cual, literalmente desde el primer día que yo me puse a trabajar en la calle me di cuenta de que la psicología podía dar mucho juego a la investigación de delitos. Decir esto ahora parece que no tiene mucha relevancia, pero es que cuando yo empecé eran los años 90. Todavía no habían emitido Mentes criminales ni Mindhunter, esto no se conocía.
- ¿Desconecta? ¿O de repente le parece que el charcutero tiene rasgos psicópatas?
- No desconectas de lo que ves. Un mecánico de coches está en una terraza tomando un café y si pasa al lado un coche con su ruido dice: "A este le suena mal tal cosa". A mí me pasa igual. Por ejemplo, ahora estoy aquí y no estoy pendiente de cómo pones las manos, el cuerpo o dónde miras, pero si hicieras algo que en un momento dado me llamara la atención, mi cerebro lo va a tratar de interpretar. Es imposible no hacerlo, pero no lo voy buscando, sobre todo si no es la situación.
- ¿Qué es de tener maldad y no nos damos cuenta?
- Lo peor de todo es que no lo podemos ver venir, porque no hay una marca. Es justo lo contrario de lo que nos venden el cine, la televisión y la literatura: el malo, por lo general, tiene una marca, una máscara o una mueca. Hasta hay merchandising; si vemos la máscara de Hannibal Lecter sabemos que eso es el mal. Pero lo más complicado del mal es que no lo vemos venir porque en la realidad esa marca no existe. Puede ser el vecino de al lado, tu profesor, cualquiera de nosotros. Eso es lo peor y eso es lo que más nos descoloca como seres humanos.
- Pues le damos la vuelta: ¿hay algo que le atribuimos a la maldad que no lo es necesariamente?
- Es complicado. Porque, además, la maldad a la que yo me refiero es esa intencional, la que el individuo hace con intención de provocar daño, sufrimiento. Y hay otras. Por ejemplo, una lectora me comentaba que tiene un hijo con problemas de salud mental y de conducta, pero, claro, él no tiene maldad. Si en un momento dado se descontrola puede hacer daño, pero no tiene ese punto de maldad. De lo que yo hablo es de la otra, del que sí quiere hacer daño. Que no tiene por qué ser un delito: en desplante o un desprecio, en un momento dado, puede hacer muchísimo daño.
"Lo peor de la maldad es no la podemos ver venir, es lo contrario de lo que nos venden el cine o la televisión"
- Dice que hay que desmontar el mito del monstruo.
- Me pasa con la etiqueta de psicópata. Es un constructo, porque ni siquiera sabemos lo que es. Mañana se publica algo de un crimen atroz y enseguida nos preguntamos cómo ha podido esa persona llegar a hacer eso. Nos desconcierta hasta que llegue alguien y diga que es un psicópata; entonces parece como que descansamos, nos alivia: "Ah, claro, es que es psicópata". Como si esa mera etiqueta ya lo explicara. Pero si ni siquiera sabemos lo que es la psicopatía. Para mí eso es lo peor. La ficción nos ha generado una sensación, una idea, de que el mal tiene una máscara. Y por desgracia no es así.
- También nos calza: cree necesario aportar herramientas para un periodismo menos morboso. Que las noticias buenas no son noticia.
- Pero es complicadísimo darle la vuelta en su profesión. Yo menciono una anécdota al principio del libro que me resulta muy elocuente: si yo me encuentro a un mendigo y le doy una empanadilla para comer, eso no es noticia. Pero si en vez de la empanadilla le suelto dos patadas, automáticamente voy a un titular. Ese es el problema del mal en relación a los medios. Como eso es lo que se sale de lo normal y encima estamos haciendo daño, es obvio que atraiga la atención.
- Claro, es que luego interesa.
- La atracción es absoluta. Pero, además, no es un fenómeno actual. El periodismo de sucesos existe desde que hay periódicos. Y es lo que vocean los voceadores: "Jack ha vuelto a destripar".
- 'True crimes' entiendo que no consume.
- La verdad es que me cuesta muchísimo. Incluso reconozco que no leo ni siquiera la novela de género negro, salvo alguna muy concreta.
- ¿Le aburre?
- Tengo un problema y es que al ser policía y haber sido investigador la mayor parte del tiempo, no puedo evitar buscar lo procedimental en la novela. Y eso muchas veces me saca. O a veces me encuentro verdaderas barbaridades procedimentales. Entiendo que a cada profesión viendo un producto le pasará exactamente lo mismo. Si sé que es un buen producto, lo veo, lo utilizo y lo exploto. El documental 'No estás sola', por ponerte un ejemplo. Está muy bien hecho, es muy respetuoso, informativo. No elude lo atractivo de los mensajes, pero el morbo no es el eje.
- Habla mucho de la bondad como acto de resistencia. ¿Es ahora mismo un acto de resistencia no estar todo el día cabreado?
- Estoy absolutamente convencido. Vivimos en un tiempo del yo. Todo es yo, el selfie... Es un autorreferencia constante. A lo mejor es por cómo va la sociedad actualmente, que todo es tan rápido, tan intenso y tan efímero al mismo tiempo. Y se nos olvida que hay otro justo enfrente. Y ese otro no es un medio para conseguir mis fines sino que es el tú: es un nombre, es una persona. Y hoy en día enfocarlo tan directamente es un acto de resistencia, porque no lo vemos. Hay tal indiferencia por los demás, que creo que es uno de los grandes problemas estructurales de lo que estamos viviendo en nuestra sociedad.
"Tengo clavado el caso de una muchacha que se quería suicidar y la asesinaron; ni para morir dejó de sufrir"
- Cuenta en el libro cómo dentro de nosotros también tenemos el no querer hacer daño.
- Llevo mucho tiempo observando que hay una especie de prejuicio que dice que no hacer el mal está bien. Pero no, hay que observarlo en positivo: hay que hacer el bien. O sea, no es solo no hacer el mal, no es solo dejarse llevar. Y es un paso arriesgado, porque implica un compromiso, una responsabilidad con el otro. Que el otro me importe. Y eso requiere un acto consciente, deliberado. Pero es que si no lo hacemos así, mal vamos.
- Sé que no le gusta el morbo, pero por si a algún lector sí: ¿qué es lo peor que ha visto?
- Tengo clavado un caso, que se esclareció y eso que era muy difícil, porque fue un agresor desconocido. No voy a entrar en los detalles porque son horrendos. Era una muchacha que se quería suicidar y se la encontró un tipo que la asesinó. Y aparte de los hechos en sí del propio crimen, cuando entramos en profundidad en lo que había vivido esa mujer, te das cuenta de que toda su vida había estado sufriendo y no tuvo suerte ni siquiera para suicidarse. Ese pensamiento de que ni para morir dejó de sufrir se nos clavó y nos costó soltar esa sensación.
- En esa búsqueda de la verdad como práctica cotidiana, ¿cuándo fue la última vez que perdió los papeles?
- [Ríe] Suelo tener bastante paciencia, pero lo que me pone de muy mal humor es la injusticia. Incluso la cotidiana: el mero hecho de que una persona esté esperando un autobús y el conductor pase y no le recoja me produce... No pierdo el control, obviamente, pero esas cosas me remueven mucho.
- ¿Y qué bondad cotidiana hay?
- Ahí lo que intento es que si la veo, la explicito. Hay que hacerla visible, porque de ese modo somos conscientes de ella. No son simplemente actos que ocurren sin más. [Menciona un vídeo de una niña que da las gracias a los coches que se paran en un paso de cebra] Puede parecer una tontería irrelevante, pero no lo es. Es muy importante señalarlo: somos más los buenos que los malos, pero, como decíamos antes, eso no es noticia.
- Es curioso que mencione este ejemplo, porque tengo la teoría de que conducir saca lo peor que tenemos.
- Sí, sí; efectivamente. Y circulando con lluvia es una prueba de fuego. Pero volvemos a lo mismo: si vas conduciendo, tienes un altercado, alguien se cabrea y, en vez de sacar el puño, le sonríes, muchas veces desactivas al otro individuo. La sonrisa tiene un poder espectacular.
- ¿Qué música escucha alguien que estudia el mal? Le pegan cantos gregorianos o algo del estilo de 'Baby Shark'.
- Fundamentalmente música instrumental contemporánea. Por ejemplo, ahora venía escuchando a Iván Torrent y me preguntaba si Torrent es Enigma, un francés que utilizaba gregoriano con sintetizadores y no se sabía quién era, o si bebe de él. Y me gusta muchísimo la música de películas: Max Richter, Hans Zimmer...
- ¿Quién es bueno?
- Iba a decir todos y no: sería falso. Pero igual que el mal está en todos nosotros también lo está el bien. ¿Por qué no nos preguntamos qué es lo que nos lleva a la mayoría de las personas a hacerlo bien? En el momento en que nos demos cuenta de qué es lo que hacemos bien, lo podremos potenciar. Si ya todos llevamos en nuestra mochila el ser buenos, leche, vamos a potenciarlo desde niños y cuanto más pequeños, mejor.
- ¿Leche? ¿No dice ni palabrotas?
- [Ríe] No, no, soy muy malhablado. Lo que pasa es que consigo meterme en cada situación y sé que ahora mismo no es lo más correcto. Pero hablo bastante mal.
La pregunta impertinente
Pregunta: ¿Cuál es la pregunta más impertinente que le han hecho y qué respondió?
Respuesta: Ahí me pilla. ¿La puede dejar en blanco? Tengo cintura porque es mucho tiempo ya haciendo este tipo de cuestiones. Yo creo que se me ha dado bien, aunque, por ejemplo, no me gusta ir a programas de televisión en directo porque hay programas que el objetivo es el titular. En alguno les he pedido que no me pregunten por casos abiertos, porque no les voy a responder, y me preguntan. Y, además, ya tengo la soltura como para manejar esa situación.

