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María Luisa Cabañero

Los últimos días de la primera bombera de España: "Siempre lo he hecho igual que ellos... o mejor"

María Luisa Cabañero, nadadora de récord, piloto de globos aerostáticos y primera mujer que logró plaza en los Bomberos, se jubila el próximo martes tras 40 años rompiendo barreras: "Siempre he sido un bicho raro"

Los últimos días de la primera bombera de España: "Siempre lo he hecho igual que ellos... o mejor"
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El día del primer fuego, se le acercó un bombero, uno de los veteranos, y le dijo: «Yo creo, María Luisa, que tú no deberías venir, porque te vas a quemar...».

Y a María Luisa se le hinchó tanto la vena del cuello que casi se declara un código rojo en el Parque de Bomberos de Puertollano. «Le dije que si no me quisiera quemar, no me habría presentado a bombero y habría hecho el curso para secretaria. Así que voy y ya te puedes poner tú como quieras».

-¿Y qué pasó?

-Pues cuando llegamos el incendio ya estaba apagado, así que nada... Pero el caso es que ese día me empeñé y salí. Y creo que el hecho de imponerme en aquel momento lo cambió todo. Porque si no lo hubiera hecho, me habrían comido. Que estos, cuando hacen piña, son un poco cabrones...

Era el año 1986, quizá ya el 87, España acababa de ingresar en la Comunidad Económica Europea, el había ganado por los pelos el referéndum de la OTAN, la estrella de la tele era La Bruja Avería y una joven manchega llamada María Luisa Cabañero Sánchez de León (Puertollano, 1966) se acababa de convertir en la primera mujer en obtener plaza como bombero profesional en España. Dice ella hoy, casi cuatro décadas después, que tal honor pertenece a una compañera que falleció tiempo después en un accidente, pero lo cierto es que en la hemeroteca aparece el nombre de María Luisa como la pionera. También como la única bombera de aquella generación que sigue en activo. Al menos hasta ahora... porque el día 4 lo deja. La cabo Cabañero se jubila a los 59 años. Lo hará oficialmente el 31 de diciembre, pero su último día en activo será el próximo martes.

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«Ese día cocinaré arepas para los compañeros», cuenta ella desde las oficinas de la estación de bomberos de Puertollano, en Ciudad Real, donde empezó y donde terminará su carrera. Aquí trabajan ahora 29 bomberos. Todos son hombres, salvo María Luisa y Laura, una joven que acaba de entrar en la bolsa de empleo. Hoy comerán una especie de paella de marisco congelado que está perpetrando uno de los novatos mientras María Luisa organiza las últimas prácticas de los recién incorporados. Supervisa que los equipos estén limpios y ordenados, recoge las cuerdas, nos enseña los trajes NBQ -aunque no recuerda bien qué significaba cada sigla (Nuclear, Biológica y Química)-, también los ignífugos y unos uniformes como de apicultor para emergencias con abejas que, por lo visto, hay unas cuantas por la zona. Luego nos hace una visita guiada por las habitaciones del recinto. «Los cabos tenemos mejor colchón y baño propio», bromea. Antes de comer planifica una vuelta en camión alrededor del edificio y enseña a cambiar las marchas a un chaval que no se aclara con la marcha atrás. «Suavecito, que por cojones no entra», le riñe la jefa.

-¿Es muy mandona, María Luisa?, preguntamos.

-Bueno... Es un mando y el mando manda.

El despacho de María Luisa está en la primera planta del edificio, justo después de cruzar el gimnasio y un rocódromo en el que dice una leyenda: «Es aconsejable asegurarse. De valientes e imbéciles están los cementerios llenos». Detrás de su mesa hay una estantería llena de archivadores viejos, cuelga un cuadro con la foto de una nube de humo negro y una pizarra blanca con aburridas anotaciones sobre conos, destornilladores y colmenas. En la tapa de su ordenador hay unas pegatinas de colores con unos globos aerostáticos de competición, una de sus grandes pasiones. «Lo primero que haré cuando me jubile será irme a volar porque este año he volado poco», cuenta. «Me invitaron a Nepal y a Brasil y no pude ir porque trabajaba un día sí, uno no».

Además de bombera y piloto de globo, María Luisa es nadadora de récord. Su biografía parece un cuento de Julio Verne. En 1990 cruzó el Estrecho de Gibraltar sin neopreno en 5 horas y 55 minutos. Un año después, fue la primera persona en completar los 58 kilómetros de ida y vuelta en casi 11 horas. En 1993 nadó 24 horas seguidas y más de 82 kilómetros en una piscina para batir el Guinness, y tiempo después se sumergió en el Canal de la Mancha y el Lago Ness a temperaturas de hasta 10 grados sin traje térmico. Su nombre está en el Salón de la Fama de la Natación.

Cuando hizo las pruebas para ingresar en el Cuerpo de Bomberos, arrasó en la piscina a todos los hombres de la promoción. «Recuerdo que uno de los compañeros que nadaba a mi lado me vio parada cuando a él aún le quedaban dos largos y me dijo: '¿pero por qué te paras, guapa?'. Y yo le dije: 'pues porque ya he acabado'».

"Yo nunca he querido ser pionera de nada. Sólo defiendo lo que creo que es justo. Si tú puedes hacer algo, ¿por qué no voy a poder yo?"

Ese año se presentaron 1.200 aspirantes. Se quedaron 400, sólo dos mujeres. De los 135 que lograron plaza en Ciudad Real, María Luisa fue la 88. «No fui la primera... pero tampoco la última», presume. Y, de repente, era bombera.

Según los últimos recuentos, el porcentaje de mujeres en el Cuerpo de Bomberos en nuestro país aún no llega al 5%.

«En mi caso fue todo por casualidad», cuenta ella. «Yo tenía 18 años, estaba estudiando COU y trabajando como monitora de natación y vino un compañero a contarme que habían convocado las pruebas para una oposición de bombero. Había que correr 10 kilómetros, nadar 200 metros, saltar no sé cuánto... Y pensé: 'yo creo que eso lo hago'». Y lo hizo. «Mi idea era estudiar INEF, pero me gustaba mucho la fiesta y poco los estudios. Cuando probé lo de bombero me dije: 'guau, esto es superdivertido'. Nos subíamos a una torre, nos tirábamos en rápel... Yo lo disfrutaba mucho y mira que nos hacían hacer cosas que hoy serían impensables, como caminar por una cornisa a 20 metros de altura sin arnés ni nada para ver si teníamos vértigo. Seguridad, cero patatero».

María Luisa Cabañero en sus primeros años como bombera, en una imagen de su archivo personal.
María Luisa Cabañero en sus primeros años como bombera, en una imagen de su archivo personal.

¿Qué le dijeron en casa cuando dijo que quería ser bombera?
Mi madre me dijo: 'Bueno, a ver qué tal las pruebas, pero no creo que las pases porque eso es para hombres...'.
¿Y qué le dijeron los hombres cuando ya las pasó? ¿Cómo fue la acogida en el Cuerpo?
La relación con ellos fue más o menos normal porque ya había coincidido con la mayoría en las pruebas de acceso. Ya sabían que yo iba a su ritmo, que era uno más. Sí recuerdo que los primeros días, cuando salíamos con el camión, bajaban la ventana y empezaban a voces por el pueblo como si fuera un circo: '¡Tenemos una bombera, tenemos una bombera!'. Y a mí eso sí me sentaba mal.

Luego llegó el primer fuego y eso de: «Yo creo que tú no deberías venir, María Luisa, porque te vas a quemar...».

«Yo nunca he querido demostrar nada, sólo he defendido lo que creo que es justo. Si tú puedes hacer esto, ¿por qué no voy a poder hacerlo yo?», zanja ella. «Pero nunca he sentido machismo, quizás porque siempre he dejado claro lo que yo iba a hacer y que podía hacerlo igual que ellos... O mejor».

"Yo siempre he sido un bicho raro. Algún hombre me ha dicho que le daba miedo porque sabía hacer de todo... Pues, mira, mejor dar miedo que pena"

Pero es usted consciente de haber roto muchas barreras.
Para nada. Yo cuando empecé no sabía si había o no más mujeres. Ni lo hice para ser una pionera. A mí me daba igual ser la primera que la tercera que la número 27. Me hace gracia cuando me dicen que soy la primera mujer. Y yo digo: 'vaya, pues cobro lo mismo que el resto'. Lo único que hice fue subirme a un carro y aquí sigo por ahora, encantada de la vida. Me lo he pasado muy bien y si mañana volviera a nacer, volvería a ser bombero.
¿Bombero o bombera?
Yo digo que soy bombero, pero porque me suena peor lo de bombera. No sé... Bombero, bombera, bombere...
¿Se considera un icono feminista?
No, no, no. Yo siempre he sido un bicho raro. Cuando me saqué el título de piloto de globo en el año 2000 tampoco había otra mujer. Si eso sirve de referente, me parece estupendo, pero yo no lo busco. Es cierto que algún hombre me ha dicho alguna vez que yo le daba miedo porque sabía hacer de todo... Pues, mira, mejor dar miedo que pena, ¿no?
¿Con qué elemento se lleva mejor: agua, fuego, aire...?
Me encanta jugar con todos. Soy aprendiz de todo y maestro de nada. Disfruto y sufro con todo porque soy muy competitiva y me encanta pelear. Si no gano, me jode.
¿Se puede ganar al fuego?
Si te quiere comer, el fuego te come. Pero el aire, también. Y el agua. Nosotros no somos nada, somos insignificantes. Somos una pluma. Si una fuerza de la naturaleza te quiere comer, te come con patatas. Nosotros simplemente jugamos. Y yo juego con el agua, juego con el aire y juego con el fuego.

Dice María Luisa que lo peor de su profesión son los accidentes de tráfico, porque «no sabes lo que te vas a encontrar», o los sucesos con niños. Y recuerda especialmente un incendio en Almadén. «Se había quemado una casa y cuando llegamos estaba el matrimonio fuera con los niños. Preguntamos si estaban todos fuera y nos dijeron que sí, pero cuando entramos oímos llorar a un niño. Cuando le llamábamos, se callaba. Fue angustioso hasta que lo sacamos. Estaba debajo de la cama... Los padres tenían cinco o seis hijos y no habían contado bien».

¿Usted ha sido imprudente alguna vez?
Tantas veces somos imprudentes... Pero yo vine aquí con una mentalidad diferente a la de los bomberos de ahora, que llegan con una idea en letras mayúsculas: «Si el salvador no llega, el salvado se muere». Antes era distinto: el salvador entraba siempre y si se muere, pues se muere. Pero pasábamos siempre. Hoy en día no arriesgan tanto. Hoy los de riesgos laborales te obligan a ponerte un arnés para saltar por un balcón. ¿Pero tú te crees que yo tengo tiempo para ponerme un arnés? Cuando acabo de ponérmelo, el de dentro ya se ha muerto.
¿Ha pasado miedo alguna vez?
No, miedo nunca. Al fuego hay que tenerle respeto, pero no miedo.
Dígame alguna cosa para la que sea una ventaja ser mujer en el mundo de los bomberos.
Yo creo que somos menos impulsivas que ellos.
¿Y cómo hacemos para que haya más mujeres en el Cuerpo?
¡Que se presenten! Lo que no puede ser es que salgan mañana 800 plazas y se presenten 20 mujeres y 780 hombres. Hay que equilibrar desde la base y no dar las plazas por la cara.
¿No tiene que haber discriminación positiva?
Yo creo que no, porque al final las mujeres exigimos cosas que al final no nos benefician. Yo quiero tener mi plaza porque me la he ganado, no por una cuota. Porque luego el trabajo es el mismo para todos. Igualdad es que todos tengamos las mismas condiciones, no que me exijan menos a mí que a ti.
¿Qué podemos hacer en España para que no nos arrasen los incendios cada verano?
Cada incendio es distinto, pero la culpa es de las instituciones, que son las que mandan y no hacen ni puñetero caso. Nosotros somos unos cantamañanas que no hacemos nada más que apagar fuegos.
¿Lo va a echar de menos? Lo de apagar fuegos, digo.
¿Sabes cuándo creo que lo echaré de menos? Cuando los vea pasar por Puertollano con el camión.
¿Y qué le diría a una niña que quiera ser como usted?
Que si quiere, puede. Pero tiene que quererlo de verdad.