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50 años del Club Siglo XXI: "No hay nada peor que aquellos que se encierran y no pueden escuchar ni conversar"

Fue punto de encuentro de las dos Españas en la Transición y foro imprescindible para el intercambio de ideas desde entonces. Paloma Segrelles, presidenta de honor, y su hija reivindican su vigencia en la era de la cancelación

Paloma Segrelles, presidenta de honor del club, junto a su hija.
Paloma Segrelles, presidenta de honor del club, junto a su hija.
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Nació en dictadura y se convirtió en referente durante la Transición, pues fue el lugar donde aprendieron a tolerarse y a escucharse aquellos que habían sido enemigos políticos durante décadas. El Club Siglo XXI, fundado en 1969, acogió en 1977 la presentación de un libro de Santiago Carrillo a cargo de Manuel FragaIribarne, quien dijo: "Carrillo y yo nos hemos dicho de todo en la campaña. Es un comunista de pura cepa y, si él me lo permite, de mucho cuidado, por eso interesa oírle".

Y Carrillo respondió: "Reconozco lo que tiene de elogio en boca de mi ilustre presentador, pero, sinceramente, creo que exagera". El líder del Partido Comunista participó junto a su homólogo de Alianza Popular en un encuentro que, para el Club que lo acogió, representaba "la unión de las dos Españas" y que congregó en su sede a más de 2.000 personas.

Al día siguiente, El País publicó: "Lleno a rebosar como nunca, el Club Siglo XXI, reducto conservador y elitista, escuchó y observó con cortesía y curiosidad a los dos oradores sin perderse ningún gesto, sonrisa o saludo que pudieran desvelar el trasfondo del insólito espectáculo".

Lo llamaban cena-coloquio y lo siguen llamando igual. Los miembros del Club -en la actualidad son casi 400- y los asistentes ocasionales cenaban mientras escuchaban al ponente de turno -Nicolás Redondo (padre), Pasqual Maragall, José María Aznar y Felipe González, entre otros. La actividad prosiguió fervorosa durante décadas, siendo especialmente álgida la de los años 90, hasta alcanzar el nuevo milenio.

Ahora, tras una pandemia y otros impedimentos que no permitieron la celebración de su medio siglo de historia en 2019, el Club Siglo XXI conmemora todos y cada uno de los encuentros que fomentaron, no sin dificultades, la pluralidad del pensamiento y la exposición libre de ideas. Será con una celebración mañana, a partir de las 19.00 horas en el Hotel Eurobuilding, que estará presidida por el rey Felipe VI. A día de hoy, lo interesante es escuchar a Paloma Segrelles, presidenta de honor del Club, y a su hija, Paloma Segrelles también, que desde muy joven se ha ocupado de llenar esas cenas-coloquio con personajes jóvenes de la cultura y el deporte.

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"En época de Franco la mayoría eran franquistas, y yo entonces hacía tertulias en mi casa a las que invitaba unos días a la izquierda, los rojos, y otros días a la derecha, los franquistas. Así se decía: los rojos o los franquistas. Pero yo no sabía exactamente si eran todos de izquierda, si había socialistas, comunistas o qué eran… Tenía amigos y los reunía así", comienza Segrelles madre.

Una vez llegó la Constitución, unos y otros «comenzaron a conocerse» y el Club Siglo XXI se pone en contacto con ella y le explica que «quieren seguir adelante» pero que ahí sólo había «militares y franquistas» y que, «por favor, llevara a toda su gente: la izquierda, los intelectuales y los artistas».

Segrelles reconoce que lleva muy dentro aún -quizá por siempre- el espíritu de la Transición, el "deseo de que todo el mundo se conociera, se hablase, se respetase y de que hubiera una sola España, porque ya estaba bien aquello de un lado y otro…". Paloma Segrelles se convierte poco a poco en la gran escuchadora. Algunos le dicen: "¿Pero cómo vamos a ir a esto, si está la derechona?". O bien: "Es que pensaba que éramos los de siempre…". A fuerza de temple y buenas maneras, Segrelles se fue convirtiendo también en acumuladora de secretos, muchos de los cuales sigue custodiando. A lo que sí accede es a compartir algunas buenas anécdotas.

Aguantó estoicamente que se fueran socios porque había gente de izquierdas... o por justo lo contrario. "Somos una asociación sin ánimo de lucro. Vivimos de la cuota de los socios. Lo pasamos mal, pero nos mantuvimos y seguimos adelante", rememora ahora. También se acuerda de lo que entonces se decía del Club en los papeles, empezando por las crónicas de Francisco Umbral en las páginas de este periódico en los años 90, donde escribió, por ejemplo: "Paloma lleva todo como una gobernanta silenciosa de la democracia, como una virgen en el templo de la palabra que distribuye claridad en su entorno. Una mujer menuda, inquieta, que lleva todo sin dar ruido pero sin perder un silencio, que hay muchos. La reina, ya digo, supongo que sabe que a lo que viene, a consagrar el más ilustre garito de la democracia".

"Lo pasamos mal, pero nos mantuvimos y seguimos adelante"

Paloma Segrelles

En verdad, el Club Siglo XXI fue casi un personaje habitual de las columnas de Umbral en EL MUNDO, al que cambiaba el nombre continuamente y lo denominaba Chez Segrelles o Club Palomas, entre otras genialidades. Así se acordaba el escritor de aquella reunión apoteósica en la que coincidieron Fraga y Carrillo: "Entre la crónica elegíaca que tendría que ser esta columna se me enreda una sonrisa: Carrillo hace tiempo que puede andar a pie por Madrid. Ya no necesita el cadillac blindado. Son otros tiempos. Parece que España va dejándose de españetazos. Nicolás Sartorius me lo dijo una vez: 'Lo que no puede Santiago es seguir jugando al niño malo de Moscú'. Con el tiempo, resulta que el niño malo de Moscú tenía razón, y en su libro Eurocomunismo y Estado (el otro día recordábamos Pilar Urbano y yo lo que fue la presentación de este libro en el Club XXI, una popularidad de marquesas e históricos del Politburó madrileño), se anticipa la perestroika".

De Segrelles, Umbral decía que "es imparcial, exenta y sutilísima", y que "cejijunta de alma, seguirá llevando rojos, salteados con fascistas, a su tribuna". Pero el novelista no es el único que ejerció de relator de este Club político y cultural que ahora celebra medio siglo. También nuestro columnista Raúl del Pozo salpica sus crónicas con menciones a Segrelles. Por ejemplo: "La otra noche, en la colina de las dos Palomas (Segrelles, madre e hija) se reunió el cogollo del repollo del mando –algún rey, patrones y directores de los periódicos, jefazos del CNI, de la madera y de los picos, dos delfines de Génova, varios diputados. En esa cena, el presidente de un club de fútbol me dijo: 'En España no manda nadie'".

Y de otra crónica más reciente es posible hasta recordar qué se tomaba en esas cenas. Escribe Del Pozo: "En TV3 se burlan de ella diciendo: 'Qué extraño es que estés trabajando a estas horas siendo andaluza'. Es de Jerez, habla cuatro idiomas sin deje andaluz ni acento catalán. Inés Arrimadas llenó la plaza, el Siglo XXI, donde mandan las Palomas Segrelles. El Club estaba hasta la bandera –191 comensales–, no por el ajoblanco de coco con pomelo y uvas, el pastel de apio o el timbal de patata, sino porque iba a hablar La deseada, como la llamó Chencho Arias, que dirigió el debate".

Pero todo lo anterior no implica que la gesta de Segrelles fuera sencilla. "Tuve muchos problemas por ser mujer, ya sabes, muchas veces las mujeres tenemos problemas", confesaba la semana pasada a este diario. Y proseguía: "Emilio Romero era el presidente y Juan Miguel Villar Mir me escribe una carta en la que me dice: 'Querida Paloma, estoy sinceramente preocupado por la decisión de tu candidatura a la presidencia va a producir entre los socios del Club'. Lo que quería es que yo no fuera presidenta, pero gané por el 96%".

"Fue 94%, ¿no, mamá?", le consulta su hija, que también está presente en la entrevista. Y lo cierto es que la hemeroteca da la misma cifra, pero Segrelles madre lo refuta. Y continúa: "Bueno, total, que en el momento en el que vamos a votar se levanta Leandro Rodríguez Moragas (hermano del entonces Rey Juan Carlos I) y dice: ‘Yo no tengo nada contra las mujeres, pero esto es un imperio y no lo puede presidir una mujer’. Y ahora déjame que te lea lo que escribió Raúl…".

Manuel Fraga y Santiago Carrillo, en Club Siglo XXI en 1977 durante de la presentación de un libro del segundo a cargo del primero.
Manuel Fraga y Santiago Carrillo, en Club Siglo XXI en 1977 durante de la presentación de un libro del segundo a cargo del primero.EFE

Pasamos a reproducir tan sólo unas líneas: "El alma durante mucho tiempo de este Club, con demasiados hombres y demasiada gente de derechas, podría convertirse en una presidenta del siglo XXI". Para Segrelles, "no hay nada peor que aquellos que se encierran y no pueden escuchar ni conversar". Una reflexión que suena actualísima a propósito del rifirrafe entre los escritores David Uclés y Arturo Pérez Reverte por las jornadas sobre la Guerra Civil que organiza el segundo y a las que el primero se negó a asistir -tras haberse comprometido previamente- debido a la presencia en el programa de los ex políticos José María Aznar e Iván Espinosa de los Monteros. Segrelles madre se acuerda perfectamente de quienes, ante su afán por reunir a los distintos, le decían, entre otras cosas: "Tu casa es maravillosa, pero con esa gentuza…".

"Hemos salido de todo", afirma ahora con orgullo, "lo único que no queríamos es tener sponsors, para no depender de nadie y tener libertad". La suficiente como para invitar, como sucedió en 2003, al Dalai Lama a dar una conferencia, cuando ya era premio Nobel pero ninguna autoridad española le recibía. Otros Nobel que hablaron en el Club fueron Severo Ochoa, Octavio Paz, Camilo José Cela y Mario Vargas Llosa.

Segrelles recuerda que, al terminar la charla, le preguntó al Dalai Lama si podía ayudarle en algo y éste le dijo que sí, y que si le prestaba el Club para reunirse al día siguiente con otros monjes. "Allí aparecieron; eran muchísimos, impecables vestidos. Recuerdo que no quisieron sillas, se sentaron en el suelo". También para Paloma Segrelles hija fue especialmente importante la conferencia del Dalai Lama, del que desde entonces atesora su defensa de la espiritualidad más allá de la religión que cada uno profese. "No intentaba convencer a nadie de que cambiase de religión; al revés, el mensaje era que cada uno siga espiritualmente con quien esté".

Para Segrelles hija, resulta imprescindible resaltar también la importancia de la sociedad civil a lo largo de la historia del Club Siglo XXI y cómo se continúa trabajando "con el objetivo de transmitir a los más jóvenes un poso de vanguardia siguiendo el espíritu de la Transición". Al cabo, lleva años haciéndolo. Cuando aún no teníamos una Ley contra la violencia de género, a las reuniones de jóvenes del Club trajo una víctima a la que hubo que cubrir con un velo para que no la identificara su agresor.

Recogiendo ese espíritu que tanto la madre como la hija reivindican, es interesante terminar con el relato de un dúo particular en la historia de nuestro país. Dos hombres a los que Segrelles madre consideraba buenos amigos y que, según cuenta, hasta se llevaban bien: Manuel Fraga y Nicolás Redondo. "Manolo era otro cuando se quitaba el traje político, desaparecía su brusquedad, porque por fuera era un león, pero por dentro un cordero, un hombre muy tierno, y tenía mucho en común con Nicolás, y hasta coincidían en muchos asuntos".