Siete de mayo de 2025. Fumata negra. Millones de fieles asisten por televisión al resultado de la primera votación del cónclave que debe elegir al próximo líder de la Iglesia Católica tras un pontificado tan carismático y controvertido como el del papa Francisco. Lo que afuera es decepción, en el interior de la Capilla Sixtina se convierte en incertidumbre. Los 133 cardenales electores, que son aquellos miembros del Colegio Cardenalicio que todavía no han cumplido los 80 años con derecho a voto, están inquietos.
La razón es que 30 candidatos han obtenido algún voto, pero sólo tres superan la veintena. Hay confusión por lo inesperado del primer tanteo: los tres cardenales más votados revientan, por una u otra razón, todos los pronósticos. Así está la clasificación:
1. Peter Erdö. Húngaro de 72 años y representante del ala teológicamente más conservadora, es el cardenal con más apoyos.
2. Robert Francis Prevost. Estadounidense con nacionalidad peruana, de 69 años, y cercano a Bergoglio. Su pasaporte originario lo había descartado.
3. Pietro Parolin. Moderado que ha ejercido de Secretario de Estado de la influyente facción de los cardenales italianos. De la misma edad que Prevost, es el gran favorito para muchos, por lo que su tercer puesto resulta decepcionante para sus aspiraciones.
Bajo las frescos de Miguel Ángel, ninguno de los presentes sabe qué va a suceder y si el sucesor de Pedro, que necesitará 89 votos (dos tercios), será capaz de aglutinar a las diferentes sensibilidades de la Iglesia. Muchos no dormirán bien aquella noche ante lo que se antoja como un cónclave largo y muy duro.
A pesar de que este proceso, el más fascinante evento religioso, espiritual y político del mundo, es secreto -cum clave en latín significa «bajo llave»- sabemos qué sucedió en el más reciente. Los periodistas Gerard O'Connell y Elisabetta Piqué desvelan en El último cónclave (Ed. Arpa) las maniobras, presiones e intrigas vividas durante la inesperada elección de León XIV. Para ello cuentan con fuentes que formaron parte de las votaciones y que exigieron bajo juramento que su identidad no fuera revelada.

"Francisco ha seguido vaciando las iglesias igual que Juan Pablo II y Benedicto XVI"
Sus dos autores, que son pareja, hablan de este thriller real por videoconferencia desde su casa en Roma. Saben mucho del tema. Estas son sus credenciales: Gerard O'Connell es corresponsal en el Vaticano de America Magazine y uno de los periodistas más respetados del mundo anglosajón en asuntos religiosos, mientras que Elisabetta Piqué trabaja de corresponsal en la Santa Sede y en Italia para el diario argentino La Nación desde hace más de 20 años.
«Es muy importante entender que este cónclave ha sido el mayor y más diversificado de la historia, por lo que podía pasar cualquier cosa», anuncia O'Connell.
Sin duda, dentro de sus paredes pasaron muchas cosas, incluso alguna surrealista. Como cuando en un recuento se identificaron más votos que votantes. El cardenal que confesó haber colado sin querer dos papeletas pegadas resultó ser Carlos Osoro Sierra, arzobispo emérito de Madrid. Se disculpó enseguida y la votación fue anulada.
La primera vez que estos periodistas escucharon el nombre del cardenal Prevost como posible sucesor de Francisco fue en marzo de 2024, más de un año antes del cónclave. Ambos se quedaron sorprendidos. «Es papable porque, aunque nació en Chicago, no es considerado estadounidense», les dijo un cardenal que iba a participar en el cónclave. Lo cierto es que en ese momento Prevost no estaba en ninguna quiniela de los periodistas que cubren la información de la Santa Sede.
«Gerard fue el único de los grandes vaticanistas que lo había colocado en un puesto destacado en el cónclave», dice orgullosa Piqué. A raíz de ese soplo, O'Connell se puso a investigar los pasos de Prevost en Roma y fue dándose cuenta de que su influencia era creciente.
«Francisco se había fijado en él, conocía su trabajo pastoral en una diócesis complicada en Perú y lo llamó a Roma para ponerle en distintos dicasterios (ministerios del Vaticano). Observó que era alguien hábil, tranquilo y muy resolutivo», explica el periodista irlandés. «Dos años antes de morir, lo nombró prefecto del Dicasterio de los obispos, que es su grupo de élite».
-¿Francisco quiso que fuera su sucesor?
-Esta claro que un Papa no puede imponer a nadie para el siguiente cónclave, más en uno que se vislumbraba tan complejo, pero no hay duda de que quiso que Prevost tuviera visibilidad y fuera conocido por los demás cardenales, que en un 80% fueron nombrados por Francisco. Eso le dio apoyos, pero para ser elegido es muy importante también cómo te comportas dentro del cónclave, porque eres observado por todos. Por lo que sabemos, Prevost ganó muchos votos de indecisos al mostrarse muy calmado. Eso gustó mucho.
Nadie sabe cuál era la voluntad de Jorge Bergoglio, pero de lo que no hay duda es de que Prevost fue «su sorpresa final».
Según se cuenta en El último cónclave, el propio Bergoglio quiso protegerle. Sabedor el argentino del dicho vaticano «Quien entra papa al cónclave, sale cardenal», lo puso bajo el radar de los favoritos. «Eso sin duda le benefició», reconoce Piqué.
Para ello tenía el mejor escudo: su nacionalidad de origen. El Papa no puede ser estadounidense. Eso al menos apuntaba una regla no escrita que incluso reconocían en sus declaraciones públicas los cardenales de EEUU, que se autodescartaban antes del cónclave por miedo a que la Iglesia fuera identificada con los intereses o la influencia geopolítica de la gran superpotencia mundial. Ese era el escudo de Prevost, pero había que ver qué hacía de él un candidato atractivo para cardenales llegados de todos los rincones que no lo habían visto en su vida.
Su labor en Perú como pastor era innegable y muy reconocida, pero tenía otra cualidad que le ponía por delante de alguno de sus rivales. «Los cardenales querían a alguien con experiencia de gobierno y Prevost la tenía, había estado al frente de una diócesis y además dirigido durante un par de mandatos la orden de los agustinos», dice O'Connell. «Un punto que le ponía por encima de Parolin, que era un diplomático sin experiencia en gestión».
La buena colocación de Prevost para los días clave del cónclave no había estado exenta de dificultades. El estadounidense no se libró de esos navajazos dentro del Vaticano que hacen que la política española parezca un patio de colegio en los meses previos al conclave, cuando fue detectado por algunos cardenales como papable. Allí sí estuvo en peligro.
"Prevost ganó muchos votos de indecisos al mostrarse muy tranquilo en el cónclave. Eso gustó a muchos cardenales"
Los encargados de torpedear su candidatura fueron los medios vinculados al Sodalicio de Vida Cristiana, un poderoso y cuestionado movimiento católico y laico de derechas fundado en Perú en 1971, también activo en Estados Unidos, que fue disuelto por Francisco. Sus miembros lanzaron en sus canales información «podrida» sobre Prevost. Circularon sobre él acusaciones sobre un posible encubrimiento de casos de abusos sexuales en Perú y EEUU, si bien la investigación de la Congregación para la Doctrina de la Fe concluyó que carecían de base alguna.
En eso tuvo más suerte que otro de los grandes favoritos: el filipino Luis Antonio Tagle, representante del pujante catolicismo asiático. Cercano a Bergoglio, sus posibilidades como candidato se esfumaron antes de entrar en la Capilla Sixtina cuando estalló un escándalo en Cáritas Internationalis, que él dirigía, tras una auditoría externa que reveló problemas de gestión, un mal clima laboral y deficiencias en la administración de la organización. Tampoco le ayudó a ojos de los cardenales más ortodoxos que se filtrara en internet un vídeo suyo cantando Imagine de John Lennon en una misa que parecía un karaoke.
Avanzado el cónclave, Prevost se convierte en el principal candidato, casi el único. Falta por ver si el cónclave se va a alargar.
-¿Es cierto que Parolin pidió generosamente a sus apoyos que votaran a Prevost? -preguntamos a los expertos.
-Eso lo filtraron los medios italianos, pero, según nuestras fuentes, es mentira.
O'Connell demuestra desmontando ese bulo la niebla constante que envuelve la información de la Santa Sede, poblada siempre de muchos más rumores que certezas. «A los periodistas italianos les pasó como en 2013 con su candidato Scola, sólo hablan con las fuentes de su país», dice Piqué. «Gerard sabía desde el principio que Parolin no era favorito porque no le daban los números: no tenía los votos que se le atribuían antes del cónclave».
Una de las muestras de la personalidad del nuevo papa queda patente en el libro justo antes de ser elegido. Aquel día, después de la comida, a pocas horas de la votación que se antojaba definitiva para llegar a los 89 votos, muchos cardenales se fueron a descansar a sus habitaciones. Entonces Prevost se puso a escribir el discurso que daría desde el balcón de San Pedro y que iban a escuchar 1.400 millones de católicos. Al contrario que Bergoglio, no quiso improvisar. «Su carácter meticuloso se nota en todos sus discursos: no cambia ni una coma cuando los pronuncia», dice Piqué.
-¿Tiene el nuevo Papa muchos enemigos dentro de la Iglesia?
-Las luchas internas en el seno de la Iglesia durarán siempre. Siempre hay diferencias de opiniones y muchas complejidades. Todos los papas del último siglo se han encontrado con resistencias internas y él no va a ser una excepción. León XIV sabe que la polarización inunda el mundo y también la Iglesia, ya que desde el sector más conservador se acusó a Francisco de polarizar. Él quiere evitar eso. Por eso en su discurso hay dos palabras clave: paz y unidad.
Su tono sí es muy distinto al de Francisco, pero según esta pareja guardan muchos puntos en común: tanto en su lucha contra las injusticias sociales, como en otros aspectos, como el trato al inmigrante o la preocupación por el cambio climático.
El papel del nuevo Pontífice en un mundo en llamas recuerda más a Las sandalias del pescador, la novela de Morris West que protagonizó en el cine Anthony Quinn en la que es elegido un papa procedente de una superpotencia -en este caso de la Unión Soviética-, que a la tensión interna en el Vaticano de la reciente Cónclave.
«A nosotros Cónclave nos gustó, la vimos mucho antes de que se nos ocurriera escribir a cuatro manos el libro y nos pareció divertida, con excelentes actores y ambientación, aunque con algunas exageraciones», reconoce Piqué, para después añadir: «Aunque la realidad, como puede verse en el libro, muchas veces supera a la ficción...».



