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Francisco deja una Iglesia polarizada tras un papado problemático e inolvidable en la era del populismo

La suya es una muerte ejemplar y mediática al final de un pontificado largo e importante, pero controvertido y contradictorio

Francisco deja una Iglesia polarizada tras un papado problemático e inolvidable en la era del populismo
JOHANNES EISELEAFP
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La muerte del Papa Francisco ha sido coherente con su pontificado: 12 años marcados, a menudo, por sorpresas que hicieron visible y muy popular su presencia en diferentes partes del mundo. Del mismo modo, su muerte también ha sorprendido porque, aunque anunciada, sucedió apenas 20 horas después de su última y emotiva aparición pública para dar la bendición "a la ciudad y al mundo" (urbi et orbi), el día de la fiesta más solemne celebrada por el mundo cristiano: la Pascua, este año celebrada en la misma fecha por todas las principales confesiones que hacen referencia a Jesús de Nazaret.

Pero el primer Papa americano, que tenía ya 88 años, se encontraba al final de su pontificado, después de un declive de cuatro años y tras más de un mes de difícil hospitalización, durante el cual estuvo al borde de la muerte. El Papa Francisco quiso regresar al Vaticano antes de tiempo y no respetó el consejo de los médicos de guardar una convalecencia de dos meses.

El objetivo del pontífice, que nunca habría renunciado, era claro: mostrarse ante los fieles y mantener un mínimo de compromisos públicos. Por eso recibió brevemente al rey de Inglaterra, visitó la prisión romana de Regina Coeli el Jueves Santo y se reunió durante unos minutos con el vicepresidente de los Estados Unidos, un católico conservador. En definitiva, hasta casi su último aliento el pontífice quiso ser él mismo y murió en el campo de batalla, como había querido.

Una muerte ejemplar y mediática al final de un pontificado bastante largo y, sin duda, importante, pero controvertido y contradictorio. El Papa Francisco fue elogiado por los medios de comunicación contemporáneos, que él dominaba, y al mismo tiempo muy criticado por sus elecciones de gobierno y sus posiciones públicas, casi siempre extemporáneas e incluso infructuosas.

Para saber más

El arzobispo de Buenos Aires fue elegido en un momento de crisis sin precedentes debido a la renuncia de Benedicto XVI y su elección fue rápida: 24 horas, exactamente igual que en el cónclave que eligió al cardenal bávaro. La rápida elección del prelado argentino se explica porque la candidatura de Bergoglio ya había surgido años antes, en el momento de ser ordenado cardenal por Juan Pablo II, y fue gestionada y preparada por él mismo de diversas maneras.

Así, en el primero de los cónclaves en los que participó, el de 2005, obtuvo un buen número de votos, y ésta fue la razón por la que en el segundo cónclave, en 2013, fue finalmente elegido. Por supuesto, la información sobre los cónclaves no es segura y el propio Papa Francisco no ha ayudado mucho a los futuros historiadores.

De hecho, ha hablado varias veces de los dos cónclaves en los que participó, la última vez en un libro de entrevistas que pretendía demostrar la continuidad entre los dos Papas, pero sin convencer. En estas historias del pontífice llama la atención la ausencia de un nombre muy importante: el del cardenal jesuita italiano Carlo María Martini, que en 2005 sugirió a sus seguidores que votaran por Ratzinger.

La principal característica y mérito del Papa Francisco ha sido sin duda la de llegar donde la voz del romano pontífice es difícil de escuchar por prejuicios anticlericales. Bergoglio triunfó gracias a opciones mediáticas irresistibles en la era del populismo: la elección del nombre del santo de Asís, la decisión de vivir en el hospicio vaticano de Santa Marta y no en el Palacio Apostólico, lugar presentado por el pontífice como un símbolo de la corte papal, a la que que criticó de manera mordaz.

Precisamente la presencia mediática fue fundamental: el Papa absorbió la voz del mundo católico. Se multiplicaron las ruedas de prensa, las entrevistas, los libros, las autobiografías. En los primeros años esta presencia fue verdaderamente una novedad, luego inevitablemente se infló y en algunos casos se complicó debido a las posiciones del Papa, que no siempre fueron coherentes.

Francisco emprendió reformas urgentes y necesarias en tres frentes principales. En orden cronológico: las finanzas, los abusos sexuales por parte del clero contra menores y contra religiosas (tarea que ejerció de forma incompleta y contradictoria) y el ejercicio absoluto del poder papal. Una forma de gobierno ligada a la primacía de Roma y a la infalibilidad dogmática proclamada en 1870 por el Concilio Vaticano I, pero que ningún Papa ha empleado de forma autocrática como ha hecho Bergoglio, a pesar de proclamar la sinodalidad, es decir, la consulta a la base católica. Un método excelente es consultar también a los laicos, pero esto no ha dado ningún resultado.

Ahora es necesario continuar el proceso iniciado por Francisco pero de forma colegiada: el indicado por el Concilio Vaticano II y que implica la reforma global del ejercicio del poder papal invocado ya en 1998 por Juan Pablo II. En una Iglesia dividida y polarizada después de 12 años de un pontificado problemático que seguirá siendo también inolvidable.

*Giovanni Maria Vian, periodista, dirigió L'Osservatore Romano y acaba de publicar 'El último papa' (Deusto)