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Vida y jubilación de los 'yuppies' españoles: "Lo de 'Wall Street' se lo creyeron cuatro gilipollas, pero Mario Conde sí tuvo un impacto cultural"

Los españoles que llegaron a la universidad con la democracia y a la banca en los años del bum económico 1985-1990 terminan sus carreras. Hablamos con testigos directos de un tiempo mil veces retratado como el de la codicia y la deshumanización

Michael Douglas, en el papel del tiburón financiero de la película 'Wall Street' (1987).
Michael Douglas, en el papel del tiburón financiero de la película 'Wall Street' (1987).
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En 1984 Volkswagen lanzó la segunda generación del Golf GTI. En 1985, España se adhirió al Mercado Común Europeo y la discoteca Otto Zutz abrió sus puertas en la calle Lincoln del barrio de Sarrià. En 1986, BMW empezó a vender la serie M3, la Semana de la Moda de Madrid recibió el nombre de Pasarela Cibeles y el diario Expansión llegó por primera vez a los quioscos. En 1987, Tom Wolfe publicó La hoguera de las vanidades (la primera edición en español es de 1988; la película de Brian de Palma es de 1990) y Oliver Stone filmó Wall Street. El PIB español creció un 5,5% (5,1% de crecimiento al curso siguiente), la Bolsa de Madrid perdió un 37% anual después del crac de noviembre y Mario Conde vendió Antibióticos S.A. a la multinacional italiana Montedison por 58 000 millones de pesetas. En 1988, el BOE anunció la nueva Ley del Mercado de Valores y la fundación de la CNMV, la Torre Picasso abrió sus puertas y Bret Easton Ellis publicó Menos que cero. En 1989, el Gobierno falló la concesión de las televisiones privadas, la Feria ARCO tuvo por primera vez más galeristas extranjeros que españoles y Almudena Grandes publicó Las edades de Lulú.

Ese era el paisaje. ¿Quién era la gente? La gente que se aprendía al dedillo la Ley del Mercado de Valores, que iba a ARCO en un Golf GTI y que bailaba en Otto Zutz era una generación de profesionales jóvenes sobre los que cayó el apodo de yuppies, por las iniciales de Young Urban Proffesionals. Los cientos de miles de españoles que nacieron en torno a 1960, que estudiaron Económicas, Derecho e Ingeniería en la primera mitad de los años 80, que se incorporaron al mercado de trabajo en el breve pero intenso bum económico que fue de 1985 a 1990, se jubila en estos años. ¿Cómo les ha ido su vida profesional después de aquel debut explosivo? ¿Han hecho carreras largas o se han quemado por el camino y se han ido a Lanzarote a poner un bar? ¿Les gustaba reconocerse en la imagen del yuppi trajeado que veían en las películas? ¿Recuerdan un gran cambio moral en el mundo de los negocios?

Para saber más

"Si yo pienso en mis compañeros de carrera y los comparo con la gente que era cinco años mayor, con los hermanos mayores de mis amigos, lo que pienso en seguida es que nosotros fuimos los primeros que preferimos trabajar en el sector privado, que no quisimos estar en el sector público. Le diría que era una forma de rebeldía, incluso una forma de romper con el franquismo, porque todos los negocios durante la dictadura habían girado en torno al sector público", explica el economista Lorenzo Bernaldo de Quirós, nacido en 1959. "Por supuesto, que había otro aliciente para elegir el sector privado: había buenos sueldos y expectativas bastante verosímiles de salir adelante con holgura. Yo recuerdo a amigos con muy buenos sueldos a partir de 1988, sobre todo en la Bolsa, cuando los antiguos corredores se convirtieron en analistas y en gestores de fondos que trabajaban en bancos de inversión. Los mejores sueldos estaban en la Bolsa... Pero yo estaba en el servicio de estudios de la Cámara de Comercio de Madrid y también estaba bien pagado y tenía presupuestos para hacer proyectos muy ambiciosos".

La escritora Carmen Posadas ya era treintañera en 1990, pero no fue ajena al fenómeno de los yuppies: "Yo los vi en Londres en 1984, tomé nota de ellos y luego hice un libro en España que se llamóYuppies, jet set, la Movida y otras especies y que tenía de subtítulo Manual del perfecto arribista. Lo siguiente fue que me casé con el gobernador del Banco de España, que era 22 años mayor que yo. Yo era sudaca, imagínese... La gente pensaba que escribía mis memorias".

¿Cómo veía aquel mundo?
Entre los yuppies londinenses todo estaba hipercodificado. Si iban a esquiar, tenía que ser a Cortina d'Ampezzo o a Gstaad, no a otros destinos. Si iban a Mallorca, los vestidos de las mujeres tenían que ser unos y si iban a Marbella, otros. Los zapatos tenían que ser de tal marca muy concreta, las camisas tenían que tener tal cuello y las corbatas tenían que tener los nudos enormes... Les encantaba todo lo que sonase a italiano", continúa Posadas. "En España todo aquello llegó un poco más tarde, pero tuvo un efecto más profundo en el fondo. Aquí existía una cultura muy profunda del pudor. La riqueza no se mostraba. De repente, dejó de estar mal visto tener un BMW, hacerse un chalé, viajar a Nueva York, tener una amante y divorciarse... Y ese cambio ocurrió de un día para otro.

"A mucha gente le fue muy bien de repente. No hacía falta tener una idea genial o un producto supersofisticado, porque en España faltaban tantas cosas que casi cualquiera podía hacerse rico vendiendo cosas tan sencillas como espacios para los carteles publicitarios. Casos así los he conocido en persona", continúa la periodista Raquel Peláez autora de Quiero y no puedo. Una historia de los pijos en España. "Y esa gente se sintió un poco insegura con ese éxito tan rápido. Hubo una necesidad casi histérica de adquirir los nuevos códigos de clase".

En el fondo, Bernaldo de Quirós, Posadas y Peláez coinciden en una idea: aquel periodo 1985-1990, mil veces retratado como el tiempo de la codicia y la deshumanización, no fue un mundo de privilegios sociales en el que los pijos tuviesen la vida hecha y las clases medias vivieran en la desesperación. Millones de familias llegaban por primera vez a la universidad (a la misma universidad pública a la que iban los ricos) y la educación funcionaba bien como ascensor social. "El elitismo en la universidad y los másteres en escuelas privadas son una cosa que apareció en los años de Aznar, eso lo vivió mi generación, no la de los yuppies", cuenta Peláez. "La Bolsa se convirtió en una pasión de clases medias", recuerda Bernaldo de Quirós. "Piense que hasta la Ley de 1988, invertir en Bolsa era dificilísimo, cualquier operación era casi como ir al notario".

Un corredor de la Bolsa de Nueva York se toma un descanso en el parqué en los años 90.
Un corredor de la Bolsa de Nueva York se toma un descanso en el parqué en los años 90.JAMES LEYNSEGETTY

En esa transformación del mercado bursátil estuvo Lola Solana, gestora de Small Cap y Fondos Sostenibles del Banco Santander. "Yo empecé mi carrera profesional en 1987; caí en este negocio un poco por casualidad y me enamoré, sentí que ya no quería hacer otra cosa. No fue una carrera meteórica como la que sale en las caricaturas. Fue una carrera lenta. Primero estuve en Barclays. Después entré en el Santander. Mis jefes me dijeron que les gustaba, que tenía las cualidades necesarias, pero me decían que había estudiado Derecho y que con eso no era suficiente, que me faltaban conocimientos. Tuve que estudiar mucho, tuve que aprender inglés bien, tuve que ir a Estados Unidos a ponerme al día... Tardé mucho en tener buen sueldo. Lo de la prisa por forrarse no fue una cosa de mi generación. Lo de la prisa lo veo ahora, no en 1990".

Lorenzo Bernaldo de Quirós también desmitifica la idea del yuppie inmoral al estilo del Gordon Gekko de Wall Street. "Mire quién estuvo en los casos de corrupción de esa época: no era gente nacida en 1960 que hubiese estudiado Económicas en 1980... Era gente 10 años mayor que yo, que había hecho su carrera en torno al sector público y que había aprovechado la liberalización de la economía española para forrarse".

O sea, que tenían lo malo de ser de derechas y lo malo de ser de izquierdas, ¿no?
Exacto. Y si vamos al tema de la política, le diré que esa gente mayor que nosotros era mucho más dogmática. Había gente maoísta y gente de Fuerza Nueva y nada en medio. Yo recuerdo de esa época discutir mucho sobre política pero sin esa violencia ideológica. En mi generación eras liberal o socialdemócrata y te tirabas los trastos a la cabeza discutiendo pero eras igual de amigo íntimo y, en el fondo, entendías la parte de razón que tenía el otro.

¿Y la representación del analista financiero engominado y codicioso no acabó por calar en aquellos veinteañeros enriquecidos de un día para otro? "Yo nunca me reconocí en esa imagen ni creo que mucha gente a mi alrededor lo hiciera. Gente que no tuviera marcos morales había, sí, como en todas partes, en todos los momentos. Pero yo me quedo con muchos colegas que han hecho carreras largas", dice Lola Solana. "Lo de Wall Streetse lo creyeron cuatro gilipollas. El problema llegó un poco después, en la época de Mario Conde. Conde sí que tuvo un impacto cultural, pero no en la gente de mi edad sino entre los que estaban en la universidad en esa época, en 1992, 1993", añade Bernaldo de Quirós.

"Me acuerdo de que yo salía en un programa de TVE en el que me ponían a debatir con Pepe Barroso. Planteaban un dilema moral, yo argumentaba una cosa, Pepe la contraria y luego el público llamaba y votaba", recuerda Carmen Posadas. "Un día debatimos sobre los yuppies y esa cultura del enriquecimiento. Yo defendí que aquello estaba mal y Pepe argumentó a favor. En las votaciones, Pepe me ganó por paliza. No creo que aquel mundo fuese especialmente inmoral pero sí que creo que no existió ninguna contestación". Para miles de españoles, ese paisaje nuevo que los autorizaba para cambiar el cientoventisiete por un cochazo alemán fue una liberación, no una imposición del sistema de consumo.

¿Dónde empezó el desencanto? Posadas da una pista cuando cuenta que aquel fue un momento de cierta liberación sexual. El enriquecimiento de muchos españoles permitió que muchos de ellos se divorciaran, que cambiaran de pareja, que probaran el juego de los viajes de amantes a París y a Nueva York... "Hubo un momento de libertad sexual pero se frustró, porque el sida llegó en esa época y causó terror".

La evolución del PIB español a partir de 1990 fue decreciente: 3,8%, 2,5%, 0,9%, -1%... En 1991, el yuppie un poco ingenuo de La hoguera de las vanidades ya se había convertido en el psicópata asesino de American psycho, de Bret Easton Ellis. Y en 1992, las obras de las torres KIO de Madrid quedaron paralizadas. Su estructura en ruinas fue un símbolo, como la herida en el pie que nos duele después de una noche de juerga, sin que nadie sepa en qué momento nos dimos el golpe.

Bernaldo de Quirós ha superado la barrera de los 65 años y no se ha jubilado. A Lola Solana le quedan aún algunos años, pero avisa de que no piensa dejar de trabajar mientras tenga salud porque le parece un error que la sociedad prescinda de profesionales que llegan a los 65 en plenitud intelectual. ¿Y lo de los colegas que se quemaron, lo dejaron todo, se marcharon a Lanzarote o a Menorca o al cabo de Gata y ni idea de cómo les fue después? Algunos hubo, sí.