HISTORIAS
Medio ambiente

Ríos y estanques artificiales en un laboratorio pionero del sur de Francia

Las instalaciones al aire libre de la Estación Ecológica Teórica y Experimental que dirige la ecóloga estadounidense Camille Parmesan en el sur de Francia permiten recrear ecosistemas y estudiar los impactos humanos en plantas y animales. "Es un centro único en el mundo", asegura uno de los ingenieros españoles que trabaja aquí

La científica Camille Parmesan junto a los estanques artificiales en los que reproducen ecosistemas en el SETE
La científica Camille Parmesan junto a los estanques artificiales en los que reproducen ecosistemas en el SETE
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Además de mariposas, la Estación Ecológica Teórica y Experimental (SETE) que desde 2022 dirige la ecóloga estadounidense Camille Parmesan en el sur de Francia tiene en sus instalaciones aves, lagartos, peces y otros organismos marinos con los que investigan los efectos de la crisis climática y el impacto humano en diferentes especies. Hay también invernaderos. "Es un centro único en el mundo. En Francia existe una red de estaciones experimentales, pero ninguna cómo ésta, pues los equipamientos experimentales y el equipo técnico y humano son muy punteros", asegura el ingeniero español Pau Molina durante la pausa para la comida que hacen en una mesa al exterior, rodeados de naturaleza. "Los ingenieros nos dedicamos a dar apoyo a la investigación, es decir, gestionamos las plataformas para que los científicos puedan trabajar más fácilmente", detalla.

En este bucólico centro de ecología situado en la localidad de Moulis, en la región de Mediodía-Pirineos, trabajan alrededor de 90 personas, sumando los investigadores y técnicos permanentes a los estudiantes y postdocs que realizan estancias temporales. "Tenemos, además, muchos científicos visitantes", cuenta Camille Parmesan mientras nos conduce a una de las dos instalaciones exteriores de las que está más orgullosa. Se trata de medio centenar de tanques circulares que simulan las condiciones que se dan en estanques naturales.

El área en la que se ha instalado este laboratorio al aire libre se ha protegido con una valla eléctrica para evitar la entrada de ovejas, caballos o burros. "Cada tanque artificial simula un estanque diferente pero también es posible conectar dos o más tanques mediante un sistema de tubos si el experimento lo requiere. Por ejemplo, en el caso de que un entorno sufra destrucción o fragmentación del hábitat, puedes preguntarte qué necesitas para conseguir un ecosistema sano", cuenta esta investigadora, galardonada con el Premio Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA en la categoría de Cambio Climático y Ciencias del Medio Ambiente.

Junto a uno de los tanques sorprendemos a una pareja de libélulas salvajes apareándose: "Han llegado de fuera, pero si quieres tener el experimento más controlado y que no entre ninguna especie del exterior se puede aislar el tanque en una jaula", señala esta científica del clima. "Ahora todas las especies que tenemos dentro son locales pero no siempre es así", detalla. Los investigadores pueden reproducir en estos tanques el ecosistema que deseen, incorporando desde peces a criaturas microscópicas. Desde un edificio exterior se controlan todos los parámetros: temperatura del agua, PH, niveles de oxígeno etc.

Para saber más

La otra instalación científica exterior que destaca Parmesan reproduce el funcionamiento de los ríos. "La idea de estos ríos artificiales es la misma que la de los estanques. Puedes estudiarlos individualmente o conectarlos para investigar la fragmentación del hábitat o el impacto humano en los ecosistemas fluviales", señala.

La iniciativa de construir estos ríos artificiales, para los que hubo que hacer un diseño e ingeniería a medida, fue del anterior director del SETE, Michel Loreau, pero se jubiló antes de que terminara su construcción. "Muchos investigadores utilizan esta instalación. Nadie en el mundo tiene algo parecido", asegura esta ecóloga.

Estudios desde los años 40

El SETE tiene su origen en un laboratorio del Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS) de Francia que fue fundado en los años 40 del siglo pasado para estudiar aspectos físicos y biológicos de un sistema de cuevas subterráneas. En 2007 se convirtió en una estación ecológica experimental pero no fue hasta 2016 cuando Jeane Claubert amplió el centro y diseñó nuevas instalaciones para experimentos, convirtiéndolo en la actual Estación Ecológica Teórica y Experimental (SETE).

El inglés es el idioma de trabajo en el centro. "Estoy intentando hablar francés, entiendo bastante pero soy un poco mayor para aprender a hablarlo bien. Por suerte, mi marido [el científico inglés Michael Singer] lo habla bien y él se encarga de las cuestiones logísticas", señala Camille Parmesan.

Aunque admite que nunca se planteó vivir en Francia, la científica no se arrepiente de su decisión de mudarse a Moulis, ni a nivel profesional ni personal. "Me encanta vivir aquí, estoy muy feliz, cuando vea la granja en la que vivo entenderá por qué". De hecho, las características de su casa, con grandes ventanales, y de los terrenos que la rodean, con sus propias poblaciones de mariposas, son tan propicios que algunos de los experimentos los hacen allí.

El SETE, asegura, es un centro de investigación con un perfil muy alto: "Intelectualmente tengo muchas interacciones muy buenas, y es muy raro poder vivir en plena naturaleza y tener acceso a este tipo de instalaciones científicas. Normalmente tienes que vivir en una ciudad grande para trabajar con equipamientos como estos", señala.