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Los millonarios impulsan una nueva edad de oro espacial: "Elon Musk podría lanzar sus naves a Marte con independencia de la NASA"

Las misiones con astronautas privados coexisten ahora con los grandes planes de EEUU y China para mandar misiones tripuladas a la Luna esta década, mientras que la llegada de Elon Musk a la Casa Blanca podría ayudar a adelantar el regreso de los estadounidenses a nuestro satélite y a poner en marcha un viaje tripulado a Marte

Secuencia de la histórica captura de una fase del Starship de SpaceX, el 13 de octubre
Secuencia de la histórica captura de una fase del Starship de SpaceX, el 13 de octubreAP
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"El futuro será fantástico". En la madrugada del pasado 6 de noviembre, pocas horas antes de que se conociera el ganador de las elecciones de EEUU y cuando todo apuntaba a una victoria arrolladora de Donald Trump, Elon Musk acompañaba esta frase en su red social X con una espectacular imagen: uno de los cohetes de su empresa SpaceX envuelto en una bola de fuego durante el despegue.

Y en efecto, la victoria de Trump va a suponer literalmente el despegue de Musk hacia la Casa Blanca, donde a partir del 20 de enero ejercerá su influencia en ámbitos como el de la exploración espacial. Un sector que vive su época más intensa y emocionante desde la Guerra Fría, con las agencias nacionales de EEUU y China preparando sendas misiones tripuladas a la Luna para esta década, y con empresas privadas lanzando sus propios viajes espaciales con astronautas privados. Hablamos de SpaceX, pero también de Axiom Space, Vast o Blue Origin, la compañía de su gran rival, Jeff Bezos.

El fundador de Amazon llevó incluso a los tribunales el contrato que la NASA adjudicó a Musk para construir el módulo lunar de Artemisa 3, la misión que volverá a llevar a humanos a la Luna, y de Artemisa 4. Aunque esa batalla la ganó Musk, Bezos no desistió hasta que su propio módulo lunar, Blue Moon, entró en el programa de la NASA, que lo ha elegido para Artemisa 5.

Estamos inmersos en la era de los megacohetes que deberían permitir a la humanidad regresar a la Luna y viajar por primera vez a Marte en los próximos 25 años, así que los dos hombres más ricos del planeta compiten además por tener el mejor lanzador. También en ese aspecto Musk le lleva la delantera a Bezos gracias a sus exitosos y reutilizables Falcon 9 y Falcon Super Heavy (ambos de 70 metros de altura).

En 2024, SpaceX ha batido su propio récord al lanzar con sus cohetes más de 130 misiones comerciales y científicas, frente a las 98 que puso en órbita en 2023. Entre sus clientes de 2025 figura por cierto el operador de satélites gubernamentales Hisdesat, que ha contratado un Falcon 9 para poner en órbita el próximo 28 de enero el satélite militar español de comunicaciones seguras SpainSat NG I.

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Pero además, Musk ha convertido en todo un espectáculo los vuelos de prueba de su flamante Starship (121 metros), compuesto por la nave Starship y un cohete Super Heavy, y considerado el más potente del mundo junto al Space Launch System (SLS) de 111 metros que la NASA usa para los viajes a la Luna.

Uno de los hitos espaciales de 2024 fue precisamente la recuperación, el pasado 13 de octubre, de la primera etapa del cohete Starship, que volvió de forma controlada a la Tierra durante el quinto test. En el sexto, con Donald Trump como espectador, no pudieron repetir el éxito pero para 2025 pretenden hacer otras 25 pruebas. "Lo que está consiguiendo la Starship a nivel de ingeniería es un hito, está cambiando el futuro de la exploración espacial", asegura Sara García Alonso, astronauta reservista de la Agencia Espacial Europea (ESA).

Jeff Bezos, por su parte, espera reducir la ventaja de Musk con el inminente primer vuelo de su imponente y también reutilizable New Glenn, de 98 metros. El lanzamiento estaba previsto para antes de que termine 2024.

El enorme interés e incluso obsesión que ambos magnates tienen por convertirse en líderes en el espacio es un buen indicador de la importancia económica y estratégica que este sector va a tener en los próximos años.

De momento, y si el Senado de EEUU no lo impide, Elon Musk ya ha conseguido que Trump elija como próximo director de la NASA a un amigo suyo, Jared Isaacman, empresario, piloto y astronauta privado de SpaceX. Este multimillonario de 41 años hizo historia en septiembre al convertirse en el primer astronauta privado que hace una caminata espacial. La pionera misión Polaris Dawn fue su segundo viaje al espacio, pues Isaacman se estrenó en 2021 con Inspiration4, la primera que tuvo una tripulación compuesta exclusivamente por civiles. Ambas expediciones de SpaceX fueron financiadas por el propio Isaacman, que ha invertido cientos de millones de euros en la compañía.

"El nombramiento de Jared Isaacman como administrador de la NASA va a suponer un giro en la forma de gestión de la agencia espacial, más en la línea de SpaceX de la eficiencia, riesgos y actividades comerciales", opina el ingeniero Víctor Rodrigo, consultor de la ESA y de la Comisión Europea, y ex director de la empresa Crisa-Airbus DS.

Para Guillem Anglada-Escudé, científico titular del CSIC en el Instituto de Ciencias del Espacio, el interés de Musk por el espacio va mucho más allá de lo comercial: "Siempre ha tenido en su agenda cosas que le hacen feliz en la vida, e ir a Marte es una de ellas. Es algo incluso más personal que estratégico".

Pero en la hoja de ruta de la NASA, el programa Artemisa para regresar a la Luna ocupa el primer lugar de la lista de objetivos, como paso previo y necesario para viajar a Marte. Sobre la influencia que Musk pueda tener en Trump para modificar los planes de exploración de EEUU, Víctor Rodrigo cree que "todo dependerá del tiempo que dure la relación entre los dos personajes, muy difíciles y complicados, pero a los que no se les puede negar mérito y capacidad".

Coincide Anglada-Escudé: "No sé si Elon Musk va a aguantar mucho en la Casa Blanca. Es un neoliberal capitalista pero también es una persona muy pragmática y con poca paciencia. Se suele quejar de la administración y ahora va a estar dentro. Es lenta y legalmente compleja, no puedes cambiar cosas de un día para otro porque puede acabar en los tribunales".

2025 iba a ser el año de regreso a la Luna, pero el pasado 5 de diciembre, el director de la NASA, Bill Nelson, anunció lo que ya se temía en el sector: la misión Artemisa 2, prevista para septiembre, se posponía hasta abril de 2026, mientras que Artemisa 3, programada para 2026, se ha fijado para mediados de 2027. En Artemisa 2 cuatro astronautas -Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen- despegarán en el cohete SLS a bordo de la nave Orión para orbitar la Luna durante 10 días. En Artemisa 3, cuatro astronautas viajarán a la órbita lunar en Orión; dos de ellos se quedarán en órbita y otros dos se transferirán a un módulo lunar Starship de SpaceX para descender a la superficie lunar y caminar por ella por primera vez desde 1972.

De izquierda a derecha, la tripulación de Artemisa 2: el canadiense Jeremy Hansen y los estadounidenses Victor Glover, Reid Wiseman y Christina Koch y Jeremy Hansen y Christina Koch
De izquierda a derecha, la tripulación de Artemisa 2: el canadiense Jeremy Hansen y los estadounidenses Victor Glover, Reid Wiseman y Christina Koch y Jeremy Hansen y Christina KochNASA

Durante la misión de prueba Artemisa 1, que a finales de 2022 orbitó la Luna sin tripulantes y fue considerada un éxito, el escudo térmico que protege la cápsula Orión sufrió más daños de los esperados durante el regreso a la Tierra. El otro problema principal que se detectó fue un fallo del sistema eléctrico vinculado a un componente de distribución eléctrica y de datos que tenía un defecto en el diseño: "La investigación del escudo térmico nos ha llevado casi dos años. Hemos averiguado la causa y no vamos a necesitar cambiar el modelo de escudo para Artemisa 2, sino modificar ligeramente la trayectoria de la nave durante la reentrada", cuenta el ingeniero de la NASA Carlos García-Galán, que acaba de ser nombrado subdirector de Gateway, la estación espacial que orbitará la Luna y que están construyendo conjuntamente EEUU, la ESA, Canadá y Japón.

"Estamos terminando ya los primeros módulos de Gateway, pues el objetivo es lanzar los primeros componentes en 2027", detalla este ingeniero malagueño, que hasta ahora dirigía la Oficina de Integración del Módulo de Servicio Europeo de la nave Orión.

Pero aunque no veremos un despegue lunar, 2025 va a ser un año lleno de actividad en la NASA: "Entre febrero y abril terminaremos todas las pruebas y el ensamblaje de la nave Orión para Artemisa 2; empezaremos el proceso de llenado de combustible y del sistema de lanzamiento, y la ensamblaremos en el cohete SLS", cuenta García-Galán.

Paralelamente están terminando ya la nave para la misión Artemisa 3: "Hemos conectado el módulo de tripulación con el módulo de servicio europeo y estamos empezando las pruebas integradas de los dos componentes. También a mediados de 2025 llevaremos a Florida el módulo europeo para Artemisa 4, que ahora está en Bremen, Alemania".

Lo que también veremos en 2025 serán muchos más test desde Texas del supercohete Starship de SpaceX, nada menos que 25 pretende llevar a cabo en un año Musk, comenzando el 11 de enero, cuando se cree que hará el séptimo vuelo: "La siguiente prueba más importante para la NASA será la transferencia de combustible de una Starship a otra, pues para esa fase hay que probar una tecnología nueva, es necesaria para que la Starship llegue a la órbita de la Luna, donde se acoplara a Orión antes de llevar astronautas a la superficie de la Luna. Esperamos que logren transferir combustible en órbita en 2025 para poder mantener el calendario previsto", dice García-Galán.

Víctor Rodrigo cree que la llegada de Musk al Gobierno de EEUU "quizás podría acelerar el programa de exploración a la Luna, para incluso llegar a establecer el turismo espacial en nuestro satélite con su Starship, que para eso lo diseñó (con 150 toneladas de carga útil)", pues "tiene obsesión por los retos, los logros rápidos y apetito de riesgo, y Jared Isaacman va en esta línea".

La cultura y metodologías implantadas en SpaceX, analiza este veterano ingeniero, "le han permitido en solo 20 años conseguir logros excepcionales, resolviendo problemas importantes a la NASA como el del transporte a la Estación Espacial Internacional (ISS) de carga (con la nave Dragon) y tripulaciones (la nave Crew Dragon) y desarrollar un mercado comercial inexistente de lanzadores y satélites de telecomunicaciones".

Una de las claves, según Víctor Rodrigo, es que tiene implantada una cultura de costes, y por tanto de los plazos: "Si éstos se alargan, originan sobrecostes y si se acortan, aportan beneficios". Desde su origen "SpaceX cuestionó y simplificó los procedimientos tradicionales, partiendo de la idea que todos los diseños tienen problemas, por lo que a partir de cierto momento del desarrollo es más eficiente utilizar la metodología Prueba y Error que dedicar tiempo y esfuerzo en revisiones". Y esa simplificación, subraya, "no ha supuesto en ningún caso riesgos adicionales ni pérdida de rigor".

Por otro lado, considera que la misión privada Polaris Dawn que protagonizó Jared Isaacman puede tener además un impacto importante para SpaceX: "La NASA tiene un contrato con la compañía privada Axiom para el desarrollo de los trajes espaciales para Artemisa 3. Si los trajes de SpaceX se califican antes y tienen mejores características, cosa muy probable, podría conseguir servicios completos para misiones privadas o para la NASA, en particular en la Luna o Marte".

El ingeniero de la NASA Carlos García-Galán acaba de ser nombrado vicedirector de la estación lunar Gateway
El ingeniero de la NASA Carlos García-Galán acaba de ser nombrado vicedirector de la estación lunar GatewayNASA

Otro componente clave para volver a la Luna es el megacohete SLS de la NASA. Aunque su despegue durante el vuelo de prueba de Artemisa 1 se consideró un éxito, los retrasos y el aumento del coste de este lanzador han abierto el debate en la comunidad espacial sobre si no sería más conveniente y práctico utilizar otro lanzador para ir a la Luna. Y de nuevo surge el nombre de SpaceX, pues una posible alternativa sería que la nave Orión fuera impulsada por un SuperHeavy: "En la NASA no hemos cambiado ningún plan respecto al SLS, va a haber un nuevo administrador y es posible que tenga ideas diferentes, pero por ahora son sólo especulaciones", asegura Carlos García-Galán, que considera que lo prioritario ahora para SpaceX debe ser entregar a la NASA tiempo la versión del módulo Starshipque llevará a la superficie de la Luna a los astronautas de Artemisa 3.

Pero, ¿por qué está costando tanto volver a la Luna si ya se hizo hace más de medio siglo?: "Porque queremos ir a la Luna para hacer cosas muchísimo más importantes que simplemente llegar allí", responde este ingeniero de la NASA. "Lo que se hizo con el programa Apolo fue totalmente increíble, nunca fue fácil y sigue sin serlo, ahora, pero además estamos creando una infraestructura para explorar la Luna de forma sostenible y aprender todo lo que necesitamos para ir a Marte. Y lo hacemos con otros países; aunque sea un poco más complicado, nos ayudará a llegar al planeta rojo".

En el mejor de los escenarios, los astronautas de la NASA caminarían por el polo sur de la Luna a mediados de 2027, por lo que podría adelantarse China -su único rival, una vez que Rusia ha quedado relegado a socio del gigante asiático-. El plan de los chinos es lanzar una misión tripulada antes de 2030 a la misma zona en la que pretende alunizar EEUU, pues se cree que es rica en agua, y establecer en los años siguientes una estación de investigación: "Es muy importante que seamos nosotros junto con nuestros aliados los que lleguemos antes", reflexiona García-Galán. "EEUU en general y sus líderes deberían estar atentos por que pueda haber otro país con capacidad para hacerlo. No hay muchas zonas propicias para obtener agua, y una vez que un país ponga infraestructura en esa zona, va a ser difícil que haya otra cerca", apunta.

El ingeniero de la NASA considera que China está por detrás de EEUU, y cree que se está acercando a lo que EEUU consiguió con el programa Apolo: "Es muy diferente a lo que queremos hacer ahora en la NASA, pero también que sea más sencillo les puede llevar a la superficie lunar antes, y por eso hay que prestar atención", advierte.

"Podría ocurrir que China llegue a la Luna antes que EEUU, pero me da la sensación de que va un poco a rezago. No crean nueva tecnología, cuando algo funciona lo intentan hacer mejor y más barato; esperan a ver qué hacen los otros, que es una aproximación muy válida. Pero dudo que China llegue antes que un cohete Starship", analiza por su parte Anglada- Escudé.

Lo que parece claro es que la NASA no se va a precipitar mandando a sus astronautas a la Luna sin ciertas garantías, porque como señaló su director al anunciar el nuevo calendario, su seguridad es la prioridad. "En la era Apolo se corrieron riesgos, algunos sin saber ni siquiera que existían, y otros se asumieron porque no hacerlo suponía no ir a la Luna", señala García-Galán. "Ahora también estamos dispuestos a asumirlos si esa es la diferencia entre seguir explorando la Luna o ir a Marte, o no hacerlo; pero si hay alguno que podamos eliminar o reducir con la tecnología y el conocimiento que tenemos, lo vamos a eliminar".

Como ejemplo, este ingeniero de la agencia espacial de EEUU pone la crisis por el accidentado vuelo de prueba a la ISS de la nave Starliner de Boeing que hicieron los veteranos astronautas de la NASA Sunita Williams y Barry Willmore en junio, y durante el cual se detectaron varias fugas.

Aunque debían regresar a la Tierra a mediados de ese mismo mes en su nave, siguen atrapados en la ISS, así que lo que iba a ser una misión de una semana durará al menos 10 meses. Aunque el plan era que volvieran en febrero a bordo de una nave Dragon de SpaceX, un retraso en el lanzamiento de este vehículo impedirá que vuelvan antes de marzo o abril. "Seguramente la decisión de la NASA de que la cápsula Starliner volviera vacía a la Tierra fue conservadora, pero no había ninguna razón para arriesgarnos. Igual para la imagen de Boeing no era bueno, pero había problemas con la nave. Si el impacto de que no fuera la tripulación a bordo era casi nulo, por qué vas a arriesgarte", reflexiona García-Galán

"Cuando firmas para este trabajo sabes que esto puede ocurrir, y sí, estamos preparados para ello aunque somos humanos y puede haber problemas. Son contingencias para las que existen procedimientos y se tomó esa decisión porque la seguridad es lo primero", sostiene Sara García, que acaba de completar sus dos primeros meses de formación como astronauta en el centro de la ESA en Alemania, incluyendo una semana de entrenamiento de supervivencia invernal en los Pirineos.

García destaca que los elegidos para probar la Starliner "son dos de los astronautas más experimentados de la NASA, de modo que no sólo no van a tener problemas en permanecer más tiempo en la ISS, sino que están capacitados para operar todos los sistemas e incluso sacar oportunidades de ese tiempo extra".

El plan actual es que la ISS esté operativa hasta 2030, y la puesta en órbita de estaciones espaciales privadas es otro de los ejes de la carrera espacial de los próximos años. La empresa Vast pretende construir una estación orbital para millonarios, llamada Haven-1, aunque el proyecto privado más avanzado es el de Axiom Space, la empresa que ha fichado a veteranos ex astronautas de la NASA como Miguel López-Alegría y hace misiones comerciales tripuladas a la ISS.

"Se está abriendo y democratizando la baja órbita terrestre para que después de la ISS, que ya está en su recta final, haya opciones que vengan de agencias espaciales y de empresas privadas", afirma Sara García, que considera que "no todo se va a basar en turismo espacial. También podrán contratar sus servicios laboratorios, empresas farmacéuticas o compañías dedicadas a la investigación".

Si las cosas salen como se planean, las grandes misiones de exploración de las agencias nacionales se alternarían con las actividades y proyectos de compañías privadas como la de Elon Musk, que lleva años hablando de colonizar Marte. Según sus últimas declaraciones, pretende iniciar su plan mandando naves Starship no tripuladas en un plazo de dos años: "Podría ocurrir. Si puede enviar un Starship que salga de la órbita terrestre para llegar a Marte lo va a hacer, y sería el siguiente bombazo que se guarda en el bolsillo", dice Guillem Anglada-Escudé, que en 2016 descubrió el exoplaneta más cercano a la Tierra y ha realizado estudios sobre los desarrollos necesarios para vivir en en el planeta rojo. "Ahora vamos a tener al Musk político y Musk empresario, que quiere hacer sus cosas con SpaceX, y entre ellas, podría lanzar sus naves a Marte con independencia de la NASA", señala.

¿Podría impulsar Musk que la propia NASA pusiera una fecha para un viaje tripulado a Marte?: "No sé lo que van a hacer, pero personalmente a mí me gustaría que tuviéramos un objetivo para ir a Marte que sea realista y factible, aunque sea muy difícil, porque es algo que motiva a los equipos", señala el ingeniero de la NASA Carlos García-Galán. "Creo que en esta década vamos a volver a la Luna, explorándola de forma sostenible, y en la siguiente, vamos a terminar de testar allí lo que necesitaremos para llegar a Marte: los módulos de una base, transporte y tecnologías para extraer agua y hacer combustible, tecnologías portátiles de electricidad nuclear... Pienso que a finales de los años 30 y principios de los 40 podría ser factible hacer alguna misión a Marte, pero dependerá del presupuesto y de lo que nos propongamos hacer", apunta.


Por su parte, Sara García, que también es biotecnóloga del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), considera que "el hecho que Elon Musk esté en el Gobierno de EEUU va a favorecer sus planes de exploración espacial, pero por más que ponga una fecha o quiera llegar cuanto antes, Marte es una quimera hasta que no tengamos la tecnología para ir a la Luna de una forma sostenida y sostenible". "No existe la tecnología para llevar una misión tripulada a Marte y pienso que estamos a décadas de tenerla", recalca.

La astronauta reservista Sara García, entrenando durante la semana de supervivencia invernal en Pirineos.
La astronauta reservista Sara García, entrenando durante la semana de supervivencia invernal en Pirineos.ESA

Uno de los principales obstáculos es el gran impacto en la salud: "Además de los efectos de la microgravedad -pérdida de masa ósea y muscular, problemas a nivel cardiovascular, alteraciones del sistema vestibular o debilitamiento del sistema inmunitario-, en un viaje a Marte se añadiría la exposición a niveles muy altos de radiación cósmica y a eventos solares, lo cual puede afectar el riesgo de cáncer y otras enfermedades. Y a esto se añadiría el impacto psicológico de una misión tan larga", enumera García, que podría ver hecho realidad su sueño de ir al espacio con una misión privada de Axiom. Ya lo ha conseguido este año su colega de promoción, el sueco Marcus Wandt, también reservista (voló en la misión Axiom-3), y en 2025 lo hará el polaco Sawosz Uznaski (en Axiom-4). Estas misiones han sido financiadas por sus respectivos gobiernos.

"Yo creo que el Gobierno de España sí está interesado en que yo vaya al espacio, porque quieren que volemos tanto Pablo Álvarez como yo", admite García. "Él tendrá una misión de larga duración de la ESA que no se ha asignado aún, y en mi caso, mi única posibilidad sería con una de esas misiones privadas, pero no es tan sencillo y no hay nada firmado", explica. Tal y como expone, tiene que haber una de las Private Astronaut Mission (PAM) que concede la NASA, que son oportunidades para una misión a la ISS, de unos 15 días: "Cuando se anuncie la siguiente PAM, podría llevársela Axiom u otro proveedor. Y después tiene que haber un acuerdo entre ese proveedor, la ESA, a la que yo pertenezco, y el Ministerio de Ciencia a través de la Agencia Espacial Española".

Ella está impaciente y se está preparando para ello, pese al riesgo, que considera que va asociado a este trabajo: "Los que hemos decidido subirnos al carro y empezar a entrenar, lo hacemos de manera voluntaria y convencidos de que vale la pena", asegura.