En 1961, los tebeos de superhéroes languidecían. Los chicos que los compraban en la década de los 40 habían crecido y, o bien habían dejado de leerlos, o bien preferían otro tipo de cómics. Los héroes disfrazados habían pasado de moda, y su futuro no se presentaba muy halagüeño. Pero en noviembre de ese año, dos veteranos del negocio insuflaron nueva vida al género con un cómic cuyo eco iba a resonar hasta hoy mismo: Stan Lee, escritor, y Jack Kirby, dibujante, presentaron al mundo el primer número de Los 4 Fantásticos. Sobre esa piedra edificaron su iglesia, el Universo Marvel, posteriormente poblado por Spiderman, Thor, el Capitán América, Iron Man y todo un elenco inagotable de personajes con superpoderesy (aquí radicaba su originalidad) debilidades muy humanas que los convertían en seres vulnerables. En el caso de Los 4 Fantásticos, el ejemplo paradigmático era La cosa: el miembro más fuerte del grupo, pero a costa de haberse convertido en un monstruo de piel rocosa que ya no podría volver a ser humano.
Los 4 Fantásticos fueron singulares desde el primer momento: eran una familia compuesta por un científico brillante, su prometida, su cuñado y su mejor amigo; carecían de identidad secreta (uno de los rasgos recurrentes de los superhéroes hasta entonces); y, aunque salvaban al mundo cuando era menester, principalmente era un equipo de aventureros entregados a la exploración científica. Su condición de pioneros les hizo merecedores del cariño de los lectores, y muchas de sus aventuras se convirtieron en palabra sagrada para los fans de los superhéroes. A ellos recurre ahora Marvel Studios con la intención de volver a recuperar la confianza de sus espectadores, decepcionados tras los recientes fiascos de la productora. Parece que la autodenominada Casa de las ideas se quedó sin ellas tras el exitoso ciclo fílmico que culminó con Avengers: Endgame, que encabeza el ranking de películas más taquilleras de la historia con la monstruosa cifra de 2.789 millones de dólares.
El problema radica en que apostar por Los 4 Fantásticos en el cine no suele salir del todo bien. Pese a que la nueva producción tiene al omnipresente Pedro Pascal como estrella y el enemigo a batir en el filme será ni más ni menos que Galactus, una deidad comeplanetas que deja al Thanos de Endgame a la altura del betún, los precedentes cinematográficos pueden hacer mella en el recuerdo de los espectadores, y su coincidencia en las salas con el nuevo Supermande James Gunn supone otro importante hándicap. La maldición de Los 4 Fantásticos en el cine comenzó con su primera adaptación rodada en 1994, producida por Roger Corman, que se enorgullecía de haber realizado un filme con un presupuesto "no mucho más alto que el de una barra de pan". La película fue tal desastre que ni se estrenó, y se convirtió en una especie de mito que circuló de tapadillo por internet.
Años después, los derechos de los personajes fueron adquiridos por la 20th Century Fox, que produjo en 2004 una nueva versión que, esta vez sí, hizo una taquilla estimable y llegó a tener una segunda parte en 2007, Los 4 fantásticos y Silver Surfer. Pese a su éxito de público, la crítica las pulverizó, y una serie de desavenencias entre Fox y Marvel (que luchaba por recuperar sus propiedades) cerró la posibilidad de completar una trilogía. El desencuentro fue tal que, meses antes del estreno de la nueva encarnación cinematográfica de los personajes en 2015, la editorial decidió cancelar la serie de cómics tras 54 años de publicación ininterrumpida. Así las cosas, el director Josh Trank firmó una película que alteraba buena parte del imaginario de los personajes, una jugada arriesgada que terminó por relegar al grupo al ostracismo tras cosechar críticas de todo pelaje.
Finalmente, Marvel ha recuperado los derechos para su universo cinematográfico, así que, 10 años después, Los 4 Fantásticos vuelven a casa para intentar salvar los muebles de la compañía: una misión casi más complicada que derrotar a Galactus.

