PAPEL
Premio Internacional de Periodismo de EL MUNDO

Matar al periodista no matará la historia; si un periodista cae, 50 se levantarán

Discurso íntegro de Laurent Richard, reconocido en la categoría 'Libertad de prensa' tras la fundación del consorcio internacional Forbidden Stories

El periodista francés, durante la lectura de su discurso.
El periodista francés, durante la lectura de su discurso.ELENA IRIBAS
Actualizado

Majestad, señoras y señores.

Antes que nada, quisiera dar sinceramente las gracias al jurado y a EL MUNDO por este premio y por su firme compromiso con la libertad de prensa.

Acepto este premio en nombre de todos nuestros socios, más de 100 organizaciones de noticias de todo el mundo que se han unido a Forbidden Stories en los últimos ocho años.

Hoy pienso primero en aquellos que ya no están aquí, porque intentaron informar al mundo.

Jamal Khashoggi.

Daphne Caruana Galizia.

Viktoria Rochyna.

Hamza al Dahdou... y tantos otros.

En los últimos dos años, más de 200 periodistas han sido asesinados en Gaza. Y en todo el mundo, más de 800 periodistas han sido asesinados en la última década. En el 90% de estos asesinatos, los asesinos nunca han sido llevados ante la justicia.

Lo que estamos presenciando hoy es profundamente preocupante. Estamos presenciando una normalización del asesinato de periodistas. Esta normalización comienza con una cosa: la impunidad. Impunidad en Gaza, por supuesto. Pero no solo eso. Con el paso de los años, la impunidad se ha convertido en la norma.

Observen lo que sucedió tras el asesinato de Jamal Kashoggi, quien fue desmembrado en el consulado saudí en Turquía. Informes de Inteligencia de EEUU desclasificados identificaron formalmente al príncipe Mohamed bin Salman como el autor intelectual [de la operación]. ¿Y qué pasó con él? Nada. Cuando los crímenes contra periodistas no tienen consecuencias, se convierten en una señal. Y cuando esta señal se ve reforzada por discursos que catalogan a los periodistas como "enemigos del pueblo", los ataques contra periodistas se vuelven más fáciles de justificar.

Esta ceremonia tiene lugar exactamente 11 años y un día después del ataque terrorista contra Charlie Hebdo. Los periodistas de Charlie Hebdo eran mis vecinos, los vecinos de la productora para la que trabajaba. Ese día, llegué al edificio menos de dos minutos después de que los terroristas se hubieran ido.

Ese día de 2015 cambió mi vida.

Después de aquello, y tras años de informar por todo el mundo, empecé a preguntarme qué podía hacer como periodista. Y empecé a pensar y soñar con crear una organización cuya misión fuera continuar el trabajo de los periodistas asesinados o encarcelados. Así nos aseguraríamos de que la gente tenga acceso a la información. Nos aseguraríamos de amplificar la misma historia que otros querían silenciar. Y nos aseguraríamos de que los enemigos de la libertad de prensa entiendan una cosa: matar al periodista no matará la historia. Si un periodista cae, 50 se levantarán.

Para saber más

Hoy en día, el periodismo está siendo atacado en dos frentes. Los periodistas son asesinados en el mundo físico. Y en la vida digital, los hechos se ven ahogados por un torrente de mentiras. Lo sabemos con precisión: la información falsa se propaga hasta seis veces más rápido que los hechos.

La desinformación no es casualidad. Es una industria. Y contra esa industria, solo puede funcionar una respuesta colectiva.

A los periodistas se les suele retratar como reporteros solitarios. Pero si queremos cumplir nuestra misión, necesitamos estar unidos. No somos enemigos del pueblo. De hecho, trabajamos para el pueblo. De hecho, trabajamos para todos los que estamos aquí, y para que la democracia pueda existir.

Porque sin periodistas, no hay información. Y sin información, no hay democracia.

Gracias.