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Entrevista Chimpún

María Patiño: "Me he operado de todo y no me avergüenzo. Si me dicen un piropo, pido que me lo repitan"

Se vino abajo con el fin de 'Sálvame', pero ha resurgido personal y profesionalmente como ya hizo cuando sufrió bulimia. "Fui muy puritana y ya no, ahora voy a disfrutar", avisa

María Patiño en el plató de 'Ni que fuéramos Shhh".
María Patiño en el plató de 'Ni que fuéramos Shhh".Ángel Navarrete
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María Patiño (Ferrol, 1971) sale a la terraza del estudio donde graba 'Ni que fuéramos Shhh', enciende un cigarro, observa el paisaje y suelta: "¡Qué bonito lo veo todo, coño!". Normal. Su reinvención de 'Sálvame', acompañada de otros desheredados de Telecinco como Belén Esteban, Chelo García-Cortés o Kiko Matamoros, está logrando unas audiencias magníficas en Ten; va de invitada a 'La Revuelta' (disparando los datos) y ha relanzado una carrera que parecía en peligro.

¿Cuánto estás disfrutando esta venganza?
El ego está bien alimentarlo, pero del ego no se come. Tengo momentos de subidón, pero rápidamente me bajo porque tengo que sacar adelante un programa. En cuanto a la venganza... Las empresas te pueden despedir, pero nadie puede decidir convertirte en invisible, que es lo que quiso hacer Telecinco conmigo. Esta victoria creo que es muy simbólica, es como cuando estás en el colegio y te dicen que no sirves para cantar aunque sea tu sueño o te echan de una empresa después de 50 años porque te consideran acabada. Los programas se terminan y no pasa nada, contra lo que me rebelé al cerrar Sálvame fue contra que yo no pudiera vivir, existir ni ser nombrada. Pues mira, aquí estoy y me llamo María Patiño.
¿Por qué crees que te quiso sepultar Mediaset?
No lo sé. Me dijo mi psicóloga que cuando no se encuentran explicaciones es mejor no buscarlas porque, si no, entras en un bucle. Entiendo que me lo preguntes, pero para mí ese final en Telecinco queda ya atrás, porque lo pasé muy mal y luché terapéuticamente para salir de ese hoyo. Necesitaba quitarme cualquier ansia de venganza porque eso me iba a pudrir por dentro. Tengo mis momentos de rabia y, probablemente, he tenido actitudes y pensamientos de los que no me puedo sentir orgullosa, pero ahora me siento tan... No sé ni cómo te puedo explicar, tío, hasta me emociono. Mira que llevo años en la tele y este es un proyecto pequeño, pero es la primera vez que tengo el timón de mi vida, que me siento segura, que siento que fluyo. Estaba decidida a luchar para que nadie decidiese mi futuro y creo que lo he logrado
¿Influyó la política en el cierre de Sálvame', aquello que dijo Jorge Javier de "un programa de rojos y maricones"?
Yo me descojono con esto porque me meten en grupos sin tener ni puñetera idea de lo que pienso. Nunca me he significado políticamente, pero está claro que influyó. Todo funciona así ahora. Ves 'El Hormiguero' y eres de un lado, pones a Broncano y eres del otro. A veces me da miedo cambiar de cadena por si me están vigilando. Las líneas editoriales existen y las asumo, pero me provoca rabia que muchos compañeros de profesión crean que dominan el discurso cuando en realidad están siendo dominados. Cuando veo a ciertos periodistas convertidos en predicadores de determinadas ideologías, pienso: "¿No te estás dando cuenta de que quien de verdad manda está sentando en su despacho y le da igual lo que estés diciendo?".
Hay otros compañeros que se significan políticamente sin problemas en Mediaset. ¿Hubo un doble rasero?
Hay determinados periodistas a los que, quizás por lo que proyectan al espectador o por sus contactos, se les permite más decir lo que piensan a nivel político. Ana Rosa Quintana, por ejemplo. No lo sé. A mí me joroba porque me he criado con un padre militar conservador y una madre completamente de izquierdas y esa pluralidad me dio entrenamiento. La gente no tiene ni idea de lo que yo he vivido en mi casa. Veía cosas que me gustaban de un lado y del otro, me las apropiaba y hacía mi revoltijo, pero se nos ha juzgado, como todo ahora, como que estábamos de un lado en una batalla. El final de 'Sálvame' lo entendí, pero no entendí que me borraran de la hemeroteca de una cadena. Esta mañana en 'Espejo Público' hablaban de Bárbara Rey y salían imágenes mías de '¿Dónde estás corazón?', pero en Telecinco, no existo.
Tú ya andabas a vueltas con Bárbara Rey antes de que estuviera de moda.
Nos peleamos mucho y me amenazó: "¿Quieres que hable yo de tu vida?". Mediaset tiene gracias a nosotros una hemeroteca cojonuda de 8.000 entrevistas de Bárbara, de su hijo Ángel que vino al 'Deluxe', de su hija Sofía ni te cuento... Pero cuando ponen un corte me borran, parece que Bárbara era una señora que estaba ahí sola sentada sin nadie preguntando. Eso me provocó mucho dolor y ahí me hundí bastante. Lo pasé fatal y a raíz de ese disgusto laboral levanté la alfombra y aparecieron muchos más traumas. Trabajaba en una dinámica muy heavy: te levantas, ducha, gimnasio, trabajo y cuando te quieres dar cuenta tienes un hijo de 24 años y una pareja a la que sólo ves los domingos. Tenía abandonada a mi familia y a mis amigos. Ahora he recuperado mi vida y no la voy a volver a perder.
¿Por primera vez eres la que manda?
Sí, aunque tampoco me quiero poner muy chula no vaya a ser que me dé una leche, porque en este trabajo nunca se sabe. No quiero volver a verme como me he visto porque, al final, yo no voy a heredar nada de esto. Nunca he tenido esa ambición y con una copa de vino, una tapa de queso y ver el mar estoy satisfecha. No quiero nada más.
¿Has sufrido clasismo por tu trabajo?
He sido bastante privilegiada laboralmente y me he sentido cuidada y mimada casi siempre. Si ha existido ese clasismo, que sé que se da con los programas de corazón, yo particularmente no lo he sufrido... o no me he enterado. He tenido un punto de ingenuidad que me ha servido muchísimo en la vida. Dentro del show hay temas sociales y nunca he tenido complejos en ese sentido. Estudié en un colegio subvencionado, pero vivía en una buena zona en Sevilla y tenía compañeras de muchísimo nivel económico a las que yo no podía seguir y nunca fui envidiosa. Si alguien me ha mirado con desdén, yo no me he dado cuenta.
¿Tan ingenua has sido?
Más bien demasiado humilde. Como me educaron en esta historia de que para sentirte merecedora de algo tiene que pasar mucho tiempo, demostrarlo una y otra vez y lograrlo a base de constancia y disciplina, tenía un mal enfoque de la humildad. Me pasaba y acababa haciéndome de menos. No quiero proyectar que ahora me he venido arriba, pero antes sentía que tenía que pedir permiso para todo, que era la sustituta de la sustituta, cada vez que hacía algo me decía a mí misma que tal vez lo había hecho mal, jamás que tal vez lo había hecho bien. Estaba castigándome y autocriticándome constantemente por esa personalidad dañina hacia mí misma. Lo he ido moderando con los años, pero me ha hecho sufrir mucho, sobre todo cuando era adolescente. De niña, mi ilusión era ser la estrella de la cabalgata de Reyes, ir vestida como una princesa y saludar como una reina, pero ni siquiera me he permitido esa licencia (risas).
¿Esa inseguridad te ha afectado también en cuanto al físico, especialmente en un mundo como la televisión?
Sí, eso lo he vivido mal, pero no por culpa de la tele. Me habría pasado igual si me pones a trabajar en una farmacia. Tuve problemas de alimentación cuando era niña y a partir de ahí lo he arrastrado siempre. Tenía bulimia que, más allá de que quieras tener siete kilos más o siete kilos menos, es un castigo a ti misma porque no te quieres. También tuve que ir durante muchos años a terapia por esto hasta que lo superé, me costó muchísimo porque es una adicción. Mi psiquiatra me decía que primero me curase el cerebro y, una vez que lo hiciera, ya me adornaría todo lo demás. Y eso hice.
¿Te refieres a operaciones estéticas?
Sí. Me he operado de casi todo: nariz, pecho, muslos... Como juego a parecer una tía muy superficial, siempre hago la misma broma: "Como tenga tiempo libre, cuidado, que a ver qué me hago". En estos meses que estuve parada, me hice un lifting. Y no me avergüenzo. Me hace sentir mejor, aunque también me encanta hacer deporte y como bien. A raíz de la bulimia, mi manera de tener una alimentación normal es evitar las cosas que me hacen tener miedo a recaer: no tomo pizzas, hamburguesas, frituras ni salsas. Pero me opero porque tengo ya 53 años y si alguien me dice "qué guapa estás", me encanta y me voy contenta a casa.
No consideras invasivo el piropo.
No, no, no, no. Que me digan todo lo que quieran siempre que no sea de manera grosera y primitiva. Todo lo demás, lo recibo encantada. Es más, últimamente, si me sueltan un piropo pido que me lo repitan (risas). Hombre, claro que sí, porque de niña pensaba que una mujer de 50 años tenía una visión de la vida donde ya no había sexo, ni apetencias ni querer gustar ni nada. Y no. Yo soy consciente de la edad que tengo, pero me sigue encantando todo eso. Es más, los años me han venido bien porque estoy mucho más relajada, me permito más licencias y disfruto más de la vida. Tengo muchas ganas de muchas cosas.
La periodista posa para la entrevista.
La periodista posa para la entrevista.Ángel Navarrete

¿Te arrepientes de lo que no has hecho? ¿Eras demasiado puritana?
Lo era mucho. Pienso a menudo: "Pero qué tonta fuiste, ¿por qué no has disfrutado más?". Tendría que haberme soltado la melena y haber disfrutado de la juventud a todos los niveles, no sólo el sexual, que también. He sido una tía que se ha encerrado mucho en sí misma. Soy muy solitaria, muy autocrítica... Y me he perdido cosas.
Vamos que si te pasa ahora aquello que contaste de Andy García, que quiso acostarse contigo y lo rechazaste, va para delante.
Ahora no porque tengo pareja, pero si llego a estar soltera ni lo dudes. Le hubiera dicho a la amiga que me acompañó a su habitación: "¿Puedes cerrar la puerta al salir, por favor?". Y a disfrutar. El problema lo tendría él con su mujer, no yo. Todavía tengo mis límites y los tendré toda la vida, pero tendría que haber sido mucho menos reprimida.
Quien parece haber rehecho su relación con Mediaset es Jorge Javier Vázquez.
Me alegro por él porque es mi colega, mi amigo. Me llamó la mañana después de que fuéramos Belén Esteban y yo a Broncano para decirme que si Pablo Motos fuera listo, nos estaría llamando ya para ir. Es un amigo con el que he discutido, me he dejado de hablar y a veces no le entiendo, pero a él le pasa lo mismo conmigo. Tenemos un carácter muy parecido, somos ambos muy radicales, y por eso tenemos el pacto de no discutir. Siempre hay un momento en que uno de los dos se echa para atrás porque si no, a tomar por saco.
Belén Esteban se ha convertido en tu pareja de hecho.
Es una niña grande a la que conocí estando embarazada de Jesulín mientras yo la perseguía con la alcachofa. Me caía fatal. Es muy marimandona, pero tiene un punto tierno y honesto que al final es lo que ha atrapado a la gente, a mí la primera.
¿Influyó, como se dijo, Ana Rosa Quintana en el cierre de 'Sálvame'?
Ana Rosa fue mi mamá televisiva y, siendo yo muy joven, me cuidó cuando viví una etapa personal difícil. Eso nunca lo olvidaré. Me subió a su coche y me llevó una persona que ella conocía para que me ayudase.
¿Un psicólogo?
No, una señora que hacía reiki. A mí me soltaron como un toro en un plató, venía de mi barrio de Reina Mercedes, cogí el AVE y me metieron con Ana Rosa Quintana. Todo eso me quedaba como muy grande y ella me ayudó mucho. Ahora, en parte, me joroba que se haya llevado tantos palos como la diana visible de Mediaset cuando probablemente la decisión final con 'Sálvame' no la tomó ella, lo que pasa es que a un directivo no le pone cara la señora que ve la tele. Está claro que Ana Rosa tiene poder ahí dentro, pero se supone que hay un consejero delegado que manda. Se supone.
¿Con Terelu Campos sí estás dolida?
Es una persona con la que he tenido una relación muy intermitente, nunca ha sido mi gran amiga, pero he sido su confidente y cómplice cuando lo ha necesitado. Sí, me ha decepcionado por su falta de apoyo personal en todo esto, que es algo tan sencillo como llamarme ahora que 'Ni que fuéramos' va bien y decirme: "Enhorabuena, besos".
¿Has aprendido mucho de la gente en todo este proceso?
Ostras, sí, porque como estaba metida en mi burbuja de situaciones jodidas personales, en lo profesional me sentía muy cuidada y resulta que no era cierto. Recuerdo una escena que me marcó durante la recta final de 'Sálvame'. Estábamos en el bar de enfrente de la tele, pasaron unos compañeros de otro programa y noté que, al vernos, se alejaron, que no nos saludaban como siempre habían hecho, que ahora les parecíamos tóxicos. Esa cobardía, más que indignación, me provoca bastante pena porque son periodistas y un periodista, entre otras cosas, tiene que tener arrojo, personalidad y determinación. Entiendo que no entren a besarnos en la boca, pero de ahí a que el teléfono deje de sonar o que se alejen tres metros para no venir a saludar...
¿Sufriste mobbing en esos últimos meses en Telecinco?
Como Jorge Javier se fue antes, tenía que hacer mi trabajo más el suyo y no me daba tiempo ni a la queja ni al análisis. Probablemente eso me ayudó y me permitió dar las buenas noches con una cierta buena cara, pero sí que hubo una cierta humillación. Eso, a nivel de imagen, es lo peor que puede hacer una empresa, pero, mira, de aquello vino esto y estoy feliz, aunque no me fío.
¿Por qué?
Soy realista y quiero llegar al 5% de share para poder tener más recursos y que todos trabajemos menos ahogados. No sólo es una cuestión de vanidad, es que nos está costando un huevo, pero es verdad que he perdido muchos miedos. Con perspectiva, creo que si me hubiese quedado en Mediaset, antes o después habría trabajado, pero no habría crecido. En realidad, de lo que no me fío es de mí misma.
¿Y eso?
Porque soy muy emocional y no descarto que un día, de repente, pete. Por eso le he pedido a mis jefes librar un viernes al mes, que tampoco es mucho, porque quiero dedicarme a mí misma y no volver a hacer lo que he hecho durante muchos años. Tenía obsesión y adicción con el trabajo y la que se iba puteada a casa era yo. Pero, bueno, ¿para qué mirar atrás?
¿Y qué ves delante?
Recoger un premio, que tengo preparado el discurso desde los nueve años y no ha habido forma. A lo mejor lo tengo que modernizar un poco, pero colocaba a las muñecas mirándome, me subía a la cama y les agradecía el reconocimiento. Ya va tocando hacerlo de verdad.