Ocho décadas después de la capitulación nazi, el orden político, económico y moral que cimentó la reconstrucción de Europa sobre los valores del humanismo liberal aniquilados por el Holocausto se tambalea, herido de gravedad por quien fuera su principal artífice. La deserción de EEUU de la alianza occidental, que centra hoy nuestro extenso especial El mundo que nació de la victoria contra el nazismo, es la puntilla a una progresiva involución impulsada por autocracias que buscan impugnar el viejo orden basado en reglas. Y con él, la arquitectura institucional y jurídica de un multilateralismo que cristalizó en organizaciones basadas en la cooperación y el diálogo como la ONU y la UE, el proyecto político de soberanía compartida más exitoso de la historia. Logros que hoy se ven amenazados por el neozarismo de Putin, el imperialismo chino y la quiebra del vínculo transatlántico, desplazado por una política exterior que Trump entiende en términos puramente transaccionales.
En ese contexto de nuevas amenazas, militares y comerciales, y de alianzas rotas, Europa necesita refundarse sobre pilares autónomos que la permitan defender su modo de vida fundamentado en la dignidad y la libertad del individuo. Para ello es crucial un rearme que garantice la disuasión y el refuerzo de lazos con unos socios occidentales sobre los que poder construir un atlantismo renovado.
