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Ideología

Los extremos ya tienen más de 65 años

Hace 20 años los radicales eran una minoría y apenas existían diferencias generacionales. Hoy rozan la mitad de la población y, contra lo que suele suponerse, se concentran sobre todo entre los mayores

Jóvenes y jubilados en una calle de Madrid.
Jóvenes y jubilados en una calle de Madrid.Sergio Enríquez-Nistal
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Puede que a nadie le sorprenda que hace 20 años los menores de 30 mostraran una ideología más extrema que los mayores de 65. Según los datos del CIS, un 13% de los jóvenes se ubicaba en posiciones de extrema izquierda o extrema derecha en la escala ideológica, frente a un 10% entre los mayores.

Quizá tampoco sorprenda que el extremismo ideológico se haya disparado con el paso del tiempo. Lo que sí resulta llamativo es cómo lo ha hecho en cada grupo de edad. Entre los jóvenes, el porcentaje se ha duplicado -del 13% al 27%-. Entre los mayores, en cambio, se ha multiplicado por más de cuatro, pasando del 10% al 44%.

Hace 20 años los radicales eran una minoría y apenas existían diferencias generacionales. Hoy rozan la mitad de la población y, contra lo que suele suponerse, se concentran sobre todo entre los mayores.

El cambio ha sido aún más abrupto entre las mujeres. Entre los mayores de 65 años, el extremismo ideológico se ha multiplicado por cuatro en las dos últimas décadas entre los hombres -del 11% al 42%- y por más de cinco entre las mujeres -del 9% al 46%-.

Los datos desmontan la idea extendida de que la mayor exposición a entornos digitales y redes sociales, junto con las sucesivas crisis económicas, habría radicalizado principalmente a los jóvenes. Ocurre, más bien, lo contrario: son los mayores -con menor exposición digital y, en términos agregados, con una situación económica hoy más estable que la de los jóvenes- quienes más se han desplazado hacia los extremos.

Lo fascinante es que se trata de un fenómeno global. La evidencia más sólida en esta dirección procede de un estudio sobre EEUU publicado en 2017 en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences. Sus autores concluyen que la polarización ha aumentado más entre los grupos demográficos menos expuestos a internet y a las redes sociales. El incremento es mayor entre los mayores de 65 años que entre los adultos de 18 a 39, y el uso de internet explica solo una pequeña fracción del aumento reciente de la polarización. Si queremos entender la radicalización contemporánea, quizá tengamos que mirar menos al algoritmo y más a la sobremesa familiar. Tal vez la clave no esté en el primo youtuber, sino en las conversaciones -cada vez más tajantes- de los mayores.

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