COLUMNISTAS
A simple vista

En el nombre del padre, del hijo y etc.

Mucho me temo que la inmensa mayoría de todos esos que se rasgan las vestiduras trumpistas por que la reina no se persigne sean esos mismos que pasan de un tal Jesús que pedía acoger a los que no tenían hogar ni papeles

Los Reyes, en el funeral por las víctimas de Adamuz.
Los Reyes, en el funeral por las víctimas de Adamuz.
Actualizado
Audio generado con IA

Si hay algo que molesta a mis amigos católicos practicantes es toda esa gente que mancilla su religión como si fuera un escenario de cartón piedra, todos esos que usan puntualmente un altar como si fuera un photocall, todos esos que se meten en la boca una oblea de pan ácimo hecha con harina de trigo -lo que mis buenos amigos llaman el cuerpo sagrado de Cristo- como si se tratata de una galleta campurriana, todos los que, en definitiva, hacen uso de una iglesia cualquiera cuando les conviene como si fuese un plató sobre el que, después, pueden sobreponer imágenes de un montaje patético.

Y si los novios (que no saben ni quién fue San Pedro) quieren casarse por la iglesia solo porque queda muy bonito el color blanco del vestido de ella con la piedra románica detrás, pues vale.

Y si la niña tiene que hacer la primera comunión tan solo para no dar que hablar en el colegio, pues adelante.

Y si el niño debe ponerse un traje y juntar las palmas de las manos para la foto por el mismo motivo, pues mira tú qué bien.

Para luego, barrido ya el confeti de la fiesta sacramental, hacer todos una bomba de humo y no aparecer jamás. Ellos (esos impostores que se arriman a un altar como quien se hace un selfi con un futbolista) se van como si nada y mis amigos católicos se quedan como si todo.

Hay una despiadada jibarización hacia la religión del otro en ese tipo de simulaciones. Hay una banalización canalla hacia la fe ajena. Hay un menosprecio evidente.

Persignarse debiera ser algo que tuviera sentido para todo el que lo hace. Lo mismo que comulgar. Lo mismo -imagino- que rezar una oración, no como un papagayo, sino como alguien que tiene esperanza.

Porque el hecho de que lo haga un ateo como quien esto escribe, además de una impostura ridícula, sería una imperdonable falta de respeto para el que cree.

(...)

Lo pensé nada más ver ciertas reacciones tras el funeral de Estado por las (ya) 46 víctimas de Adamuz. Letizia Ortiz decidió no hacer la señal de la cruz y un grupete de drugos salió con sus antorchas en redes sociales para tratar de quemar a la hereje.

Y qué bien que hizo la Reina. Y cómo me representa esa forma de no hacer algo por convencionalismo o por el qué dirán. Sino precisamente por el respeto debido a una religión (en la que puedes creer o no creer), pero que es la de nuestras santas madres.

Mis amigos católicos practicantes agradecen cosas así: que no haga nada cada vez que les acompaño en alguna iglesia (casi siempre en un funeral ya, mierda). Les basta con ver mi cercanía, mi silencio y mi respeto. Qué feo estaría que yo hiciera una pantomima con lo que para ellos es pura verdad.

Mucho me temo que la inmensa mayoría de todos esos que se rasgan las vestiduras trumpistas por que la Reina no se persigne sean esos mismos que pasan de un tal Jesús que pedía acoger a los que no tenían hogar ni papeles, a las putas más señaladas, a los menores menos acompañados.