- Errante en la Sombra Colegio pijo-proger
Por lo que sé, el agua de la potabilizadora llevaba mucha cal en esa época y, por su culpa, el lavavajillas quedó fuera de circulación en un año y para la eternidad. Era bueno, alemán. Las goteras se abrían cada invierno y parecían cuadros de nuestro paisano Manolo Millares. Los toldos de la terraza se desgarraban en cada temporal y sus postes se oxidaban, no como un Millares sino como un Tàpies, perdona la broma pedante.
El suelo del estar era una moqueta violeta («color uva») que envejecía fatal. En realidad, fue siempre una malísima decisión, peor aún cuando la niña de la casa empezó con el asma. «Haría falta un ejército de sirvientes para mantener un piso así», decía mi madre. «Es un piso de ricos y no es el caso, por si no nos damos cuenta». El edificio tenía piscina pero hubo un momento en el que la comunidad se envileció y la convivencia en el solárium fue un problema. También el barrio, una antigua zona de vida bohemia, empezó a ser hostil. Vender el piso fue un secreto alivio para todos, aunque fuera por un precio que entonces parecía bajo y hoy suena ridículo. Bueno: en esa casa hubo libros y cuadros y una familia intentó salir adelante. Míranos con dulzura, por favor.

Collage de diciembre con frases sueltas de whatsapp

Dora Bruder, Blanca Orella
El domigo, una amiga me envió el vídeo de una inmobiliaria que vende el piso de mis padres, irreconocible en todo menos en las vistas y en la moldura geométrica del techo. «Los mataría» fue la frase que me salió al ver el clip, y que me perdone la vendedora porque sé que ella está en lo mismo que todos, en salir adelante. Pero me puso malo ese precio sobreimpresionado bien grande y su dicción amigable y un poco pija, solo un poco. Creo que en inglés llaman a esa forma de hablar «acento del Valle de San Fernando». Respecto al piso, ¿qué decir? Que alguien ha invertido mucho en corregir los viejos errores y que la tecnología ha mejorado, claro, de modo que habitarlo debe de ser más fácil que en 1993. Pero todo es vulgar y zafio, como si mi casa sostuviera la representación de una vida y no una vida. ¿«Mi casa» he escrito? Los comentarios al vídeo son irónicos y eso me alegra y apena a la vez.
Hace seis años ya reconocí el piso en un anuncio de Idealista. Había un plano en el anuncio. 1) El paso que llevaba de la cocina al salón había sido cegado para crear un cuarto de plancha. Y 2) lo que fue el estudio aparecía como un boudoir, un cuarto de vanidades. Mejor no ponerme moralista. Leí una idea de Santiago de Molina, el autor de Hojas de reclamaciones (ediciones Asimétricas): la verdadera obra de una vida es una casa. Puede que el descontento del mundo actual sea ese: la vida sustituida por su representación.

