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Fuera de línea

Si Arabia Saudí estuviera en Eurovisión o el doble rasero en el listón de TVE y el sanchismo con Israel

Todo fue un órdago para cumplir con la obediencia debida a Moncloa del que ya no ha habido forma de escapar

Yuval Raphael, la última representante de Israel en Eurovisión.
Yuval Raphael, la última representante de Israel en Eurovisión.AP
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Ojalá la UER hubiera sido valiente y actuado con principios mínimamente éticos y a esta hora Israel estuviera fuera de la próxima edición del Festival de Eurovisión. No hay espacio suficiente para copiar esta frase cien veces a modo de castigo escolar y que quede suficientemente claro el punto de partida de quien esto firma. Israel se ha convertido en un Estado de impunidad que perpetra atrocidades insufribles y no puede ser tratado como si nada en la escena internacional.

Dicho eso, no se blanquea al país hebreo ni se es cómplice de genocidio por estar en desacuerdo con la decisión tomada por RTVE de retirarse del concurso. Sobran las razones a tenor de lo ocurrido en los últimos días. El aislamiento en el que queda España dentro del continente poco puede ayudar a nuestra imagen. Difícilmente se puede sostener que estar o no dentro del certamen supone apoyar los derechos humanos o lo contrario sin inferir entonces que a casi una cuarentena de democracias europeas les importan un bledo, dado que todas ellas -desde Francia, Reino Unido, Suecia, Dinamarca, Alemania a Italia o Grecia- van a seguir participando en Eurovisión. Si los españoles nos hemos quedado solos sosteniendo la antorcha de la dignidad, mal vamos. Y, además, porque el listón de la integridad cabrá convenir en que es poco menos que una pantomima si respecto a lo que nos ocupa, que es la relación que vamos a tener con Israel, prácticamente todo empieza y acaba con el Festival, y en los demás asuntos económicos, culturales, deportivos, etecé -no digamos ya respecto a la compraventa de armamento- vamos a esconder la cabeza como el famoso animal.

Algo de justicia poética a la inversa tuvo que sólo unas horas después de que RTVE anunciara su marcha eurovisiva, la misma cadena retransmitiera el sorteo del Mundial de fútbol en el que a España le tocó medirse como rival a Arabia Saudí. Como es sabido, un país donde los derechos humanos se respetan con mimo y escrúpulo. No se escuchan muchas críticas, y desde luego ninguna petición de Pedro Sánchez o el ministro Urtasun, para que nuestra Selección deje de competir en un evento que blanquea dictaduras tan atroces como la de Riad. Hasta ahí podíamos llegar, si se trata de fútbol. Tanto da que se haya disparado el número de ejecuciones masivas, torturas, desapariciones forzadas, restricciones severas de la libertad de expresión, o la represión de los derechos de las mujeres y la discriminación de las personas LGBTI+, sin contar con las ejecuciones extrajudiciales de migrantes en la frontera con Yemen, tal como denuncian HRW y tantas otras ONG.

Suponemos que a esto José Pablo López diría que, bueno, ya, pero que es que Israel también incumple las reglas de Eurovisión y consigue adulterarlo. Debe de ser que, por seguir un poco con Arabia Saudí, la Petromonarquía no adultera nada relacionado con las competiciones deportivas en el mundo cuando gasta miles de millones de dólares en centenares de eventos para blanquear su imagen, hace como mínimo sospechosas trampas con la nacionalización de deportistas mediante la chequera a fin de fortalecer sus selecciones y, como denuncian algunos países democráticos como Japón, consigue que la máxima autoridad del fútbol de Asia se porte siempre especialmente bien con Riad o con Doha, que son los que ponen la pasta como si no hubiera un mañana en patrocinios y otras cosas.

Y si devolvemos el foco a Israel, será interesante ver si en TVE se van a negro cuando, por ejemplo, llegue la ceremonia de inauguración del Mundial y veamos cómo Trump, no nos cabe duda, sienta cerquita en el palco a Netanyahu o Herzog, probablemente con el Rey Felipe VI o el mismo Sánchez entre los invitados. Ahí no tendremos tantos escrúpulos, claro.

La lista de acontecimientos que España sigue compartiendo con Israel como si nada es interminable. Por seguir en lo deportivo, y sin ánimo de exhaustividad, nuestros equipos continúan compitiendo con los del Estado hebreo en la Euroliga de baloncesto ante enfervorecidas aficiones que olvidan el "genocidio". La misma RTVE parece que tiene los derechos para la emisión del Mundial de Baloncesto, en el que por supuesto compite Israel. Y, en menos que canta un gallo, nuestra televisión pública, esa que ha puesto el listón tan alto y que considera que ante los derechos humanos y la dignidad lo demás no tiene cabida, va a emitir horas y horas de programación con los Juegos Olímpicos de Invierno, en los que también participa Israel.

Hay ejemplos de doble rasero hasta el infinito. En lo cultural, España, a través de la Academia de Cine, no ha renunciado a presentar su candidatura a Mejor Película Internacional en los Oscar, a pesar de que lo mismo hace la Academia israelí -por cierto, con una elección que ha disparado la tensión de Netanyahu y sus ministros ultras-. O se acaba de celebrar la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México), en la que naturalmente nuestros editores y autores de renombre han compartido espacio con los israelíes sin que nadie reclamara el boicot.

No, España no rompe lazos de todo tipo y con todas las consecuencias con Israel. España se autoexcluye del Festival de Eurovisión porque fue el gesto de extraordinario eco simbólico y mediático exigido por Moncloa en una estrategia interesada que no oculta ni el tacticismo ni el doble rasero. Muchos eurofans españoles, probablemente la mayoría, defienden con buena fe y admirables criterios morales que concursar junto a Israel en el actual contexto provoca sarpullidos. Pero no reconocer que no somos sino tontos útiles y que lo de la retirada del Festival es un mero trampantojo, es hacernos trampas en el solitario. Desde la firma de la paz impuesta por Trump, la parte socialista del Gobierno no ha vuelto a pronunciar la palabra genocidio. Y ya poco se oirá en parte alguna aquí en España, toda vez que parece que de ello sólo se habla cuando el tema es Eurovisión. De modo que el próximo mayo los palestinos ya ni tendrán el altavoz que suponía que los países más críticos con Israel estuvieran presentes en el Festival y durante semanas se mirara a la situación en Gaza y Cisjordania. Hay quien aplaude a RTVE por su coraje y su apuesta por el lado bueno de la Historia. Quizá todo fue un órdago para cumplir con la obediencia debida a Moncloa del que ya no ha habido forma de escapar, aunque de ahora en adelante las vergüenzas vayan a airearse en demasía.