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Nunca en doma

Luego os extrañáis de que voten a Vox

Mi hipótesis es que gente como María, que enarbola con jactancia sus grandes causas morales y exhorta a divulgarlas, empuja a muchos a abrazar el discurso de la ultraderecha, que propone restablecer lo que ellos entienden como sentido común

El líder de Vox, Santiago Abascal.
El líder de Vox, Santiago Abascal.Javier LizónEFE
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Recibo un mensaje directo de una desconocida: «Hola Jacobo, soy María, tengo 62 años, soy feminista, vegana y activista antiespecista». Después me pide que apoye al Santuario Vegan de Madrid, que alberga a 300 animales desvalidos, y para ello me conmina a difundir la labor de este lugar en mi Instagram y sufragarla con una donación.

Le respondo que, de hacer lo que me pide, podría dañar la credibilidad de su campaña, pues me he pronunciado varias veces como taurino, omnívoro y cazador, y mis artículos dan cuenta de mis pecados. Hago foto de pantalla al chat y se lo mando a un amigo, que no puede evitar el morbo de bucear en la web del santuario vegan, y extrae de allí una foto que me envía inmediatamente: es un inmenso cerdo de aspecto moribundo tirado en el suelo, que recibe el sentido abrazo de una mujer que se funde sobre su panza con una expresión compasiva digna de un Van der Weyden. Le llamo entonces pero no pudimos siquiera hablar, presos de un malévolo ataque de risa.

Con ánimo de propagar el chascarrillo, le mando a una amiga captura del diálogo con la activista y la foto de la delirante Pietà porcina. No lo encuentra tan hilarante y se limita a señalar que María claramente no entiende el concepto de target.

Contesto con una frase que últimamente uso mucho: luego se extrañan de que los chavales se hagan de Vox. Mi amiga me para los pies y me advierte de que ese tipo de observaciones pertenecen a la misma lógica que responsabiliza al feminismo o al activismo queer del auge en las adhesiones a la ultraderecha. Se abre el melón del GRAN TEMA que nos atraviesa.

Mi hipótesis -no contrastada con estudio alguno- es que personas como María, que llama a la puerta de extraños y se presenta enarbolando con jactancia sus grandes causas morales, exhortándoles a divulgarlas y sufragarlas, o como los monitores infantiles del campamento-comuna de Bernedo, o como la actriz Julia de Castro que recientemente propuso la abolición de la familia tradicional, empujan a muchos a abrazar el discurso de la ultraderecha, que propone restablecer lo que ellos entienden como sentido común mediante medidas combativas que incluyen la derogación de leyes que protegen a las mujeres del maltrato, la prohibición a las transexuales de ir al baño de mujeres o la imposición de un silencio en las aulas sobre la posibilidad de ser homosexual -no sea que se contagien los niños sanos.

La tesis de mi amiga es que un chaval no sale del armario como ultra tras escuchar la retórica punitiva de la más boba de los wokes, sino que lo hace porque tiene latente una pulsión machista, homófoba o xenófoba y encuentra por fin la vía para legitimarla en el discurso público de Vox, presentándola como reacción cabal a un discurso que le asusta.

Mi amiga sostiene su argumento con una prueba sencilla pero clara: tú mismo lees a esta tal María o escuchas una invectiva de Pam, y no se te ocurre combatir su simpleza haciéndote de Vox, puedes discutir perfectamente sin necesidad de desplazarte a la ultraderecha para encontrar argumentos.

Touché.