No tuvieron que pasar muchos años desde la muerte de Franco para que aparecieran los primeros nostálgicos del franquismo, un grupo reducido que reivindicaba los valores del Movimiento ante la fulgurante revolución social y política que se estaba viviendo en España. En las primeras elecciones democráticas, Fuerza Nueva y las dos Falanges no llegaron ni al 1% de los votos, y la Alianza Popular de Manuel Fraga, en la que encontraron cobijo muchos ex ministros del régimen anterior, apenas alcanzó el 8%. La nostalgia es añoranza por un tiempo pasado y el hecho de que surgieran esos pocos nostálgicos tan pronto era una buena noticia para la inmensa mayoría que anhelaba acelerar el trayecto de la dictadura a la democracia. Demasiado rápido para un Ejército guardián de las esencias cuya frustración desembocaría en el 23-F. El golpe definitivo para el franquismo fue, paradójicamente, el fracaso del golpe de Estado, derrotado por una joven democracia con poco más de tres años de vida.
Aquel trepidante proceso histórico llamado Transición está siendo cuestionado durante los últimos años. Hay quien se empeña en convertir su celebrado espíritu, el Espíritu de la Transición, en un fantasma al que mueven entre luces y sombras. 50 años es, efectivamente, mucho tiempo pasado. Pero fue un pasado feliz que genera una necesaria nostalgia frente al que ahora vivimos. Fue un movimiento sinigual de recuperación de libertades en la era moderna .
No creo que haya tenido un gran impacto, ni que vaya a remover conciencias, pero es pertinente la reciente campaña gubernamental que proclama que La democracia es tu poder. En ella se repasa todo lo que ahora se puede hacer y que antes estaba prohibido en aquella España oscura y aislada de Europa. La lista es interminable. Es triste que haya que recordar que hoy se puede opinar de todo, que ahora se puede ser de derechas, de izquierdas o de nada, o que te puedes casar y divorciarte de quien quieras. Es triste también que casi un 30% de los que no habían nacido en 1975 crea que aquella etapa política fue mala o muy mala para España, según el Panel de Sigma Dos publicada el pasado sábado en este periódico. O que, según la encuesta difundida por el diario El País, la cuarta parte de esos jóvenes y no tan jóvenes consideren que, a veces, un régimen autoritario es preferible a una democracia.
Tanto miedo tuvimos de remover el franquismo que no explicamos bien a nuestros hijos y nietos el meritorio proceso de quitárnoslo de encima. Todo lo que ganamos, y ganaron, con ello. Y cuando desde el Gobierno han resucitado a Franco, como explicaba en una tribuna Andrés Trapiello, lo han hecho pera revivir bandos, para utilizar la historia en lugar de enseñarla, como tanta falta hace. Dejemos que nos invada la nostalgia de la Transición, pero que no nos arrastre hasta la melancolía. Mantengamos vivo su espíritu.


Comentarios