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El último escaño

Pedro, sé fuerte, continúa como presidente

Sánchez y López
Sánchez y LópezFoto: Chema MoyaEFE
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Desde el momento en que Pedro Sánchez empezó a negociar con el nacionalismo la moción de censura a Mariano Rajoy firmó una póliza de apuñalamiento aplazado. Una garantía de que podría gobernar durante un periodo más o menos largo hasta que Junts, ERC, Bildu y el PNV decidieran que ya no les servía ni como tonto útil. Pues bien, el momento de la puñalada todavía no ha llegado, porque los nacionalistas consideran que tener a un presidente acorralado por la corrupción les resulta aún muy rentable. Pero está cerca.

Después de reunirse con él en La Moncloa, Gabriel Rufián expresó crudamente la posición del nacionalismo: hay que aprovechar todo lo que el socialista dure en el poder. En consecuencia, van a permitir que Sánchez siga como presidente una temporada más, siempre y cuando no aparezcan en la surtida audioteca de Koldo pruebas que lo incriminen directamente en el entramado de corrupción o que demuestren que, además de putas y mordidas a gogó, hubo de nuevo financiación ilegal del PSOE.

En esta ocasión, y sin que sirva de precedente, Núñez Feijóo debería imitar la estrategia adoptada por el nacionalismo y dejar que Sánchez continúe acumulando descrédito e ignominia. No debe pedir su dimisión, ni elecciones anticipadas, ni una moción de censura. Simplemente, dejar que Sánchez deambule como un boxeador zumbado por el cuadrilátero, aferrado al cargo por su delirio cesarista, mientras las investigaciones judiciales van perfilando poco a poco la magnitud del latrocinio de Estado y hundiendo al PSOE.

La continuidad de Sánchez en la Presidencia -incluso que repita como candidato- es la principal garantía de que el sanchismo desaparezca por la sentina de la historia y de que el PSOE llegue a su final o entre una catarsis purificadora. Imprescindible tras haber demostrado un patrón de corrupción sistémica -Filesa, GAL, Invercaria, los ERE de Andalucía, Berni y Cerdanes-, pero sobre todo por el acto de corrupción moral que supone su síntesis con el nacionalismo vasco y catalán.

Algunos socialistas sagaces se han percatado del riesgo existencial que supone para el PSOE la continuidad de Sánchez y, para salvar al partido y su alianza con los nacionalistas, esbozan un plan de escape: que Sánchez dé un paso al lado, deje un presidente interino y permita que el PSOE concurra a las elecciones con otro candidato «ajeno» a la corrupción galopante. Justo lo que Feijóo debe evitar, y la razón por la que ha de enviar hoy mismo un mensaje de ánimo a nuestro presidente: «Pedro, sé fuerte».