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El último escaño

Lo que une a Sánchez y Netanyahu

Lo que une a Sánchez y Netanyahu
Foto: AFP
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Tengo pocas dudas de que la simpatía y preocupación de Sánchez por el pueblo palestino es igual a la que siente por sus ministros aduladores, «maltratadores» y «pájaras». Ninguna. Sin embargo, el presidente olió en la guerra de Gaza la oportunidad de potenciar un perfil internacional que le permitiera alejarse de los casos de corrupción que le acechan, con la vana esperanza de exhibir musculatura de estadista europeo.

Su esperpéntico viaje a Israel para presentarse como mediador, el día en que los terroristas de Hamas soltaban a los primeros rehenes, fue un absoluto fracaso. Nadie le hizo ni caso. Pero Sánchez ha insistido en mantener sus ataques a Israel porque cree que le ayuda en el intento de absorber todo el espacio electoral que está a la izquierda del PSOE, caracterizado por una enfermiza obsesión antiisraelí.

Sánchez ha optado esta semana por bajar a la altura de Belarra y asumir ese discurso, definiendo a Israel como «Estado genocida». Podría haber criticado duramente -y con razón- la última ofensiva en Gaza, que está afectando a miles de civiles inocentes, como han hecho otros líderes europeos: señalando la irresponsabilidad de Netanyahu. Pero prefirió sumarse a la turba y utilizar el término «genocida» por la carga simbólica y emocional que supone para el pueblo que sufrió el Holocausto.

Con la intencionada utilización del concepto de genocidio -que jamás emplea para referirse a la Rusia de Putin-, y el hecho de adoptar el léxico de una izquierda que trivializa el Holocausto, Sánchez incurre en una banalización del antisemitismo que termina por legitimarlo y delata un uso cínico de la causa palestina. No hay en él una convicción moral o ideológica, simplemente cree que instrumentalizar este conflicto le favorece en España.

Paradójicamente, el antisemitismo del Gobierno español y la izquierda radical europea acaba sirviendo de coartada a Netanyahu para mantener la guerra en Gaza. Después del salvaje ataque de Hamas el 7-O, Israel tenía la legitimidad moral y política de responder militarmente y con dureza a los agresores islamistas. Objetivo que prácticamente cumplió al liquidar a gran parte de la cúpula de Hamas y debilitar la infraestructura militar de Hezbolá.

No obstante, la ofensiva hoy en Gaza sólo se motiva por el interés de Netanyahu de alargar la contienda para mantenerse en el poder y esquivar la acción de la justicia. Un comportamiento que lo empareja con Sánchez, de quien no es tan distinto. Ambos utilizan el sufrimiento de israelíes y palestinos en beneficio propio.